Blade Runner 2049 (2017)

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

«Este nuevo Blade Runner es absolutamente fiel al espíritu de la primera película, con una estética que pertenece al film noir. Sigue siendo una historia existencial de detectives que evoluciona dentro de esa estética de film noir generando una atmósfera muy fuerte, con una iluminación impresionista (…)”.

Denis Villeneuve

Introducción

Información complementaria al ciclo Cineastas del siglo XXI (V): Denis Villeneuve. Ciclo que el Cineclub universitario / Aula de cine, del Área de Cine y Audiovisual de La Madraza, nos ofrece durante el mes de noviembre, más una sesión especial la primera semana de diciembre, todos los martes y viernes, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario. Las películas se proyectarán en versión original, con subtítulos en español, y la entrada a las mismas es libre hasta completar aforo. Si bien, en esta sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

Una cuestionable reinterpretación

Los artífices de BLADE RUNNER 2049 han apostado por una reinterpretación, tan deferente para con Blade Runner, de la que esta película es continuación, como empeñada en dejar claro el rejuvenecimiento y espectacularización del film original, de cara a nuevos públicos sumidos en inquietudes sociales y paradigmas audiovisuales en apariencia más complejos que los de hace cuarenta años. El resultado es decepcionante. Ridley Scott se veía a sí mismo como un “ilustrador de mundos”, ello ha fructificado en una labor de atmósferas, propias de un artista romántico, capaz de reestructurar nuestra mirada, y de transfigurar composiciones escenográficas en vislumbres de un posible mañana y, al mismo tiempo, en santuarios de ecos remotos. Denis Villeneuve, por el contrario, es un pintor de sensibilidad rabiosamente contemporánea. A la hora de narrar cómo, treinta años después de lo plasmado en Blade Runner, otro policía encargado de liquidar replicantes, K (Ryan Gosling), se ve inmerso en una trama criminal que le hará replantearse su existencia hasta entonces y que amenaza con desequilibrar el orden establecido en la relación entre los seres humanos y las creaciones artificiales a su servicio, Villeneuve ha vuelto a recurrir a los oficios del director de fotografía Roger Deakins y el montador Joe Walker, que ya le ayudaron a conformar una de sus mejores películas hasta la fecha, Sicario (2015); y lo cierto es que, como aquella, BLADE RUNNER 2049 es, sobre todo, un ejercicio inmersivo abrumador, que no tiene nada de atmosférico, de evocador o imaginativo, sino de reconocimiento de un terreno que, tanto personajes como espectadores, creían familiar, pero que se despliega por sorpresa ante los ojos de unos y otros con el vértigo que suscita la falta de sustratos firmes. En el cine de Denis Villeneuve, y BLADE RUNNER 2049 no es una excepción, lo que cuenta es el espacio, y su gestación a través de la luz: la topografía, las arquitecturas, los interiores, en que los personajes se descubren situados. Las criaturas de ficción, y el relato que creen protagonizar, son sometidos a un proceso traumático de extrañamiento que da al traste con ideales, creencias, actitudes; con una concepción del uno mismo y el sentido de sus vicisitudes que no había sobrepasado la categoría de herencia recibida, y que es sometida a acoso y derribo en virtud de una desterritorialización que afecta tanto al lugar antropológico como al cultural. Como puede apreciarse, características idóneas para filmar una secuela, una relectura, de Blade Runner, que violentase nuestras expectativas; que nos hablase menos de los treinta años pasados entre una fábula y otra, que de los acaecidos en un sistema determinado de producción cinematográfica, en el cine de gran presupuesto, en nuestro mundo. Al fin y al cabo, los protagonistas de Blade Runner eran seres humanos con miedo a ser artificiales, y seres artificiales ansiosos por ser humanos; mientras que los de BLADE RUNNER 2049 son seres humanos que se saben residuos de una civilización extinta, y seres artificiales que aprenden a legitimar sus recuerdos falsos y a mudar su condición de línea de productos en la de especie con alma.

Hay, sin embargo, un desajuste grave entre la apuesta formal de Villeneuve, y lo que se fuerza a contar: una historia plomiza y derivativa, de tintes como es habitual hoy por hoy familiares / domésticos, con subtramas insustanciales -el vínculo entre K y su amante virtual, Joi (Ana de Armas)-, en la que los descubrimientos y los discursos filosóficos se ponen en boca de personajes enredados en conversaciones sentenciosas, que deja flecos sueltos de cara quizá a otra entrega, en la que las motivaciones del pérfido magnate Niander Wallace (Jared Leto) y los replicantes a la fuga suenan algo absurdas, y en la que se palpa la tensión entre la renuncia a la nostalgia y el regocijo en ella, inclusive la recreación digital de algún replicante aparecido en Blade Runner. La disonancia entre el qué y el cómo hace que la película se perciba tan bienintencionada como hueca, y que muchos planos no resulten otra cosa que estampas vistosas y estancas, a lo que contribuye la fotografía monocorde de Roger Deakins: una escena en gris, la siguiente en verde, otra a continuación en azul, en anaranjado…

Cierre

Resulta aventurado tachar BLADE RUNNER 2049 de fiasco absoluto, dado el esfuerzo humano y material dispuesto en pantalla. Pero, al mismo tiempo, hay mucho de irritante en lo que nunca deja de percibirse como una réplica elefantiásica destinada a simular un producto que sea comparable estética y argumentalmente al primero, lo que no se consigue. Peor aún, en sus momentos más desafortunados, aquellos que unen la gravedad impostada y el encuadre idóneo para el apropiacionismo del usuario de internet, BLADE RUNNER 2049 se asemeja a una copia barata de Blade Runner que hubiese sido producida en los manieristas y kitsch años noventa. El aspecto más inspirado acaba por ser, curiosamente, Harrison Ford, de nuevo en la piel del blade runner Rick Deckard. Ford, emblema de la nostalgia necrofílica reinante en el cine y la televisión presentes, no solo se molesta en actuar. Además, hace de Deckard alguien refractario al sucedáneo adulterado de lo que fue antaño, convencido de que hay que sacrificar la propia comodidad y aceptar que “amar algo significa, en ocasiones, comprometerse a ignorarlo”.

Fuente: Cuaderno del ciclo Cineastas del siglo XXI (V): Denis Villeneuve.