Sicario (2015)

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

Introducción

Información complementaria al ciclo Cineastas del siglo XXI (V): Denis Villeneuve. Ciclo que el Cineclub universitario / Aula de cine, del Área de Cine y Audiovisual de La Madraza, nos ofrece durante el mes de noviembre, más una sesión especial la primera semana de diciembre, todos los martes y viernes, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario. Las películas se proyectarán en versión original, con subtítulos en español, y la entrada a las mismas es libre hasta completar aforo. Si bien, en esta sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

Clara muestra del imaginario en torno a México

En los últimos años, la militarización en México de la guerra contra el narcotráfico, la involución sociopolítica en Estados Unidos, y el sensacionalismo creciente que impregna la esfera pública, han confluido para hacer que la industria del entretenimiento interprete la región descrita en términos de infierno sobre la tierra literal pero, sobre todo, moral. A este respecto puede que SICARIO sea la producción centrada en ese imaginario más ambiciosa, de más vasto alcance, desde Traffic (Steven Soderbergh, 2000).

SICARIO nos ofrece una banda sonora, que nos remite al latido acelerado de un corazón humano. Los primeros planos nos muestran que ese corazón es el de la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt), miembro de un equipo de intervención táctica que trata de resolver un secuestro en un domicilio de Arizona. El lugar se revelará contenedor de docenas de cuerpos humanos emparedados, víctimas de las pugnas a un lado y otro de la frontera entre mafias de la droga. Kate, con la que el espectador es conminado a identificarse en virtud de su miedo, su nobleza de espíritu, su desconocimiento de la lógica que rige tanto el narcotráfico como la lucha contra el fenómeno que llevan a cabo las autoridades estadounidenses, es fichada por estas para que ayude a que paguen sus crímenes “los verdaderos responsables” de atrocidades como la que abre la película. Con Kate como guía desorientada, incapaz de explicarse y explicarnos a lo largo del metraje a qué aspiran exactamente con sus actividades las múltiples agencias de alto rango que coordina el operativo de la CIA Matt Graver (Josh Brolin), ni qué papel se pretende que desempeñe ella en las mismas, SICARIO se erige en viaje a un -de nuevo- corazón de las tinieblas, marcado por tres etapas de progresiva implicación anímica: la visión aérea, foránea, mientras Kate le toma el pulso a México y al alcance de la implicación en su suelo de Estados Unidos; la terrestre, merced a la intrusión en Ciudad Juárez de un convoy armado del que forman parte Kate, Matt y el inquietante mercenario Alejandro Gillick (Benicio del Toro), cuyo objetivo es hacerse con un miembro detenido del cártel del escurridizo Fausto Alarcón (Julio Cedilla); y la subterránea, cuando las fuerzas lideradas por Matt asaltan un túnel empleado para el transporte de drogas a través de la frontera, y por fin se nos descubre el sentido de la misión en la que Kate se había embarcado.

Como puede apreciarse, SICARIO no tiene un hilo narrativo preciso. Y, cuando simula tenerlo, es para frustrar las expectativas de Kate y, por extensión, del público. Lo único que importa, como en el mejor cine contemporáneo, es su complexión audiovisual, de un apabullante poder inmersivo. El despliegue en pantalla de personal, tecnología y armamento estadounidenses, el desprecio por la legalidad con que los gestionan Matt y los suyos, y su contraposición -en ocasiones irónica- con la realidad primaria de vida y muerte que palpita en las calles y los desiertos de México, se prestan a una lectura política evidente sobre el intervencionismo norteamericano en el exterior y, más en concreto, la Guerra contra el Terror: la película se abre con una definición de la palabra “sicario” que, antes de su acepción actual, atañía a una facción radical del movimiento político-nacionalista judaico que en el siglo I se enfrentó a la dominación romana; y se cierra con el título “Sicario” superpuesto al erial donde un niño mexicano, huérfano por la corrupción y la violencia, crecerá y pedirá explicaciones.

Cierre: Proceso de extrañamiento

En el cine de Denis Villeneuve, los personajes y el relato que imaginan protagonizar son sometidos a un proceso traumático de extrañamiento que da al traste con ideales, dogmas, actitudes; con una concepción del uno mismo y el sentido de sus vicisitudes que no sobrepasa la categoría de herencia recibida, y que es sometida a acoso y derribo en virtud de una desterritorialización que afecta tanto al lugar antropológico como al cultural. Kate no es una excepción. La última escena de SICARIO en la que aparece la agente del FBI supone la destrucción absoluta de lo que creía su identidad y una de las requisitorias más incómodas del cine reciente en torno a nuestra posición moral como espectadores. De la película, y de lo contemporáneo.

Fuente: Cuaderno del ciclo Cineastas del siglo XXI (V): Denis Villeneuve.