ASESINATO EN TWIN PEAKS v.o.s.e 94′

Twin Peaks – Tv pilot, EE.UU., 1990

23 enero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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23 enero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

“(…) Me gusta la sensación de descubrir. Creo que es una de las cosas buenas de una historia por entregas: que puedes adentrarte en ella y profundizar cada vez más. Empiezas a sentir el misterio y comienzan a ocurrir cosas. (…) La popularidad de los seriales en televisión va y viene. No sé muy bien por qué la cadena permitió que se rodara el piloto de TWIN PEAKS. Pero solo por el hecho de que permitan que algo se convierta en piloto no significa que vayan a rodar la serie. Esa clase de cosas las envían a un sitio, creo que está en Filadelfia. Y allí tienen gente que las ve y las puntúa. No se sabe cómo, TWIN PEAKS obtuvo una buena puntuación, y la noche del estreno consiguió una cuota de pantalla altísima. Tuvimos mucha suerte. (…) Estábamos montando el piloto y habíamos concluido el trabajo del día. Había varios coches en el aparcamiento. Apoyé las manos en el techo de uno de ellos y lo noté muy caliente, aunque no quemaba; era un calor agradable. Estaba apoyado así y, ¡zas!, apareció la Habitación Roja. Y el fondo, y luego parte del diálogo. De modo que tuve una idea, se me ocurrieron unos fragmentos y me enamoré de ellos (…).”                                                                 

David Lynch

(…) TWIN PEAKS, como concepto y en su desarrollo, es, principalmente, una versión corregida y aumentada de lo que Lynch experimentó en Terciopelo azul. (…) Aquí el viaje hacia el lado oscuro es el cadáver de Laura Palmer: es el conductor del misterio y la puerta que abre un universo oscuro, bizarro, absurdo y surrealista ocultado tras una pátina de bucólico aburrimiento (…).

“Las ideas surgen del modo más extraño en cuanto prestas atención. Y a veces en el plató de rodaje ocurren cosas que te incitan a soñar (…). La idea te dice que construyas la Habitación Roja. De manera que reflexionas. ‘Un momento’ -dices-, ‘las paredes son rojas pero no sólidas.’ Luego piensas un poco más. ‘Son cortinas. Y no son opacas, sino traslúcidas.’ A continuación, pones las cortinas. ‘Pero el suelo… necesita algo’, y regresas a la idea y allí había algo en el suelo: todo estaba en la idea. Así que haces lo del suelo. Y comienzas a recordar mejor la idea. Pruebas algunas cosas y te equivocas, pero las arreglas, añades otras cosas y al final el conjunto produce la misma sensación que la idea original (…).”                                                                    

David Lynch

(…) Posiblemente, por lo poco habitual de los antecedentes creativos de Lynch, garantes, apriorísticamente, de la atipicidad del producto, TWIN PEAKS ya tenía ganado, de entrada, bastantes enteros para una acogida nada indiferente. Si a ello le agregamos el alto nivel artístico del telefilm -dentro del medio en el que se inscribe-, a años luz de cualquier serie o estrenos TV de curso legal, la polémica y su calificación de “acontecimiento” estaba en marcha. No obstante, que nadie se llame a engaño ante el sibilino imperativo programático de la expectativa creada. TWIN PEAKS, telefilm de lujo en suma, por su plasmación y resultados estéticos, así como por el recatamiento y mesura de sus rasgos diegéticos, concilia sus virtudes y errores -insuficiencias- yuxtaponiendo ambas en difícil armonía. Los valores que otorgan carta de nobleza a la cinta, son los mismos que la limitan, la desequilibran, para, al final, proporcionarle un ambivalente aire insatisfactorio. Si, por un lado, dinamita los mohosos, pueriles, y aburguesados, patrones televisivos, con un trabajo transgresor, a caballo entre el thriller y el whodunit, capaz de inquietar al telespectador menos dormido y conformista, en relación con la obra del autor de Dune, se muestra en exceso cauteloso, previsible, amanerado (…). TWIN PEAKS opta por una complaciente autoafirmación. Es probable que el móvil subyacente tras él sea consensuar la fama de “perverso”, que goza su autor. En otras palabras, dar al público lo que espera de él, convirtiendo su proyecto artístico en un formulario guiño.

(…) Lynch pareció utilizar las ventajas del medio televisivo en favor de sus propias necesidades narrativas y psicológicas a la vez que pervertía con la excusa de una involuntaria innovación los esquemas existentes hasta ese momento en el formato del serial para la pequeña pantalla. No es extraño que Lynch aprovechara en cierta forma las bases de una obra clave del género como es la novela “Peyton Place” (…)

(…) Lumberton y Twin Peaks son ciudades dominadas por el negocio maderero, las escenas que se desarrollan en locales nocturnos como “Slow Club” en Terciopelo azul, el “Road House” en TWIN PEAKS tienen una misión de cliffhanger intimo con composiciones musicales tan personales como el de la canción “Blue Velvet” de Bobby Vinton (interpretado por Isabella Rosellini) o las composiciones de Julee Cruise, respectivamente.

(…) Lynch deconstruye en TWIN PEAKS de manera definitiva su obsesión por la imagen de lo femenino que impregna gran parte de su filmografía desde Terciopelo azul hasta Inland Empire: son evidentes las influencias de Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) y Laura (1944), la obra maestra de Otto Preminger. Pero también de  El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950), contada por un personaje que ha fallecido. Así, la(s) historias(s) de TWIN PEAKS pueden estar contadas por la propia Laura Palmer, siendo la serie un proceso de búsqueda de la identidad post mortem en la que la fallecida utiliza como conexión con el mundo la “antena” que representa el personaje del agente Cooper y que culminará con la recomposición de la imagen resucitada, retroactiva y entre dos mundos en Twin Peaks: Fuego, camina conmigo (1992), engañosa precuela donde Lynch encauza el universo de la serie al formato cinematográfico reconociendo él mismo una imposibilidad, renunciando al habitual formato en cinemascope e introduciendo interferencias catódicas en el metraje. 

(…) Desde el comienzo, la serie es un producto eminentemente de autor, no un simple encargo de prestigio donde un director con trayectoria aporta un piloto y poco más, como ocurre en muchas de las series actuales de éxito. Lynch se reservó la dirección de seis episodios (el piloto, 2, 8, 9,14 y 29). 

Y es curioso cómo la significación más íntima y completa de TWIN PEAKS como obra de Lynch pasa no solo por analizar de forma categórica su estilo y derivaciones inusuales en los capítulos de la serie que dirigió, sino en un hecho en cierta manera circunstancial como es la existencia de un montaje independiente del episodio piloto para su comercialización previa en home video en Europa. 

A través de este montaje, explotado en España como ASESINATO EN TWIN PEAKS, y que incorpora una secuencia que ya hace referencia al demonio Bob y a la famosa Habitación Roja, Lynch reduce la historia al absurdo a través de texturas surrealistas, alejándose lo más posible del whodunit típico, sin dar resolución racional al enigma y estando en consonancia total con su filmografía y, en especial, con su peculiar precuela de la saga televisiva, la citada Twin Peaks: Fuego, camina conmigo. En cierta manera, el verdadero significado de la serie se encuentra encriptado en este producto casi olvidado (…). El film, con sus notorias formas visuales de gran belleza y sobriedad opera anímicamente en el espectador, cumpliendo esa primera exigencia conspicua en todo el cine de Lynch, conduciendo su sensibilidad a afecciones estremecedoras, misteriosas, opresivas. Acogiéndose a su cristalino sentido de turbar, sumergiendo los sentimientos en un remolino de maliciosos signos (…). 

(…) Lynch acabó atrapado en un plástico, como el cuerpo de Laura Palmer, con la evolución posterior de la serie, la necesidad de codificar elementos de culto que al comienzo habían surgido de manera espontánea (como las conversaciones del agente Cooper con su grabadora). La prueba de todo ello es que el éxito de la misma se produjo más en un territorio de la superficie, haciendo que el fan de TWIN PEAKS tradujera los elementos bizarre y vanguardistas del producto en clave de notas chocantes, sin profundizar realmente en la propia dimensión artística de la propuesta. Y cuando Lynch cambia el formato seriado de la idea y lo traslada de manera algo artificial a una textura cinematográfica, dejando fuera las citas y el misterio más aparente, el resultado fue el fracaso absoluto de Twin Peaks: Fuego, camina conmigo, quizá porque tras la creación de un concepto pueril y explotado hasta la saciedad como fue “lo lynchiano”, este, saturado y engordado artificialmente (además de mal imitado), acabó devorando a su autor (…).

Texto (extractos):

David Lynch, Catching the big fish, Bodkind, 2006 

(Atrapa el pez dorado, Reservoir Books, 2022)

Antonio José Navarro, “Twin Peaks, lo erróneo”, 

en dossier “David Lynch: la irresistible atracción del abismo”, 

Dirigido, diciembre 1990.

Ángel Sala, “Twin Peaks: Lumberton reloaded”, 

en dossier “David Lynch, mundos extraños”, Dirigido, febrero 2016.

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