Nacid@s tal día como hoy… 17 de junio: Gil Parrondo, Ralph E. Winters, Ken Loach, Russell Simpson y Ralph Bellamy

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

Nuestra entrada de hoy miércoles está protagonizada por el director artístico español GIL PARRONDO, por el montador hollywoodiense RALPH E. WINTERS, por el cineasta británico KEN LOACH y por los actores de reparto norteamericanos RUSSELL SIMPSON y RALPH BELLAMY.

Nacid@s tal día como hoy es una sección en la que, a partir de los natalicios diarios de personalidades del mundo del cine (o del mundo de la cultura que hayan tenido presencia de algún modo en la gran pantalla), hablaremos sobre sus trayectorias profesionales, prestando especial atención a aquellas de sus obras que hayan pasado por la pantalla del CineClub.

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Gil Parrondo (1921-2016)

Excelente y prestigioso director artístico español, GIL PARRONDO nació un día como hoy hace 99 años en Luarca (Asturias). Os remitimos para conocer mejor su vida y obra al documental que desde ayer martes tenéis en la 19ª sesión de CINECLUB/AULA DE CINE LES PRESENTA…, titulado «Gil Parrondo, desde mi ventana».

Ralph E. Winters  (1909-2004)

Dos veces ganador del Óscar -por «Las minas del Rey Salomón» y por «Ben-Hur»-, el montador canadiense RALPH E. WINTERS nació un día como hoy en Toronto hace 111 años.

Además de los dos galardones citados, estuvo nominado en otras cuatro ocasiones: por la notable «Quo Vadis», por la magistral «Siete novias para siete hermanos» (uno de los muchos musicales que editó: «Un día en Nueva York», «Bésame Kate«, «Quiéreme o déjame«, «Alta sociedad«, «El rock de la cárcel«), por la estupenda «La carrera del siglo» (en uno de sus muchos trabajos con Blake Edwards con quien estableció una continua colaboración: «La pantera rosa», «El nuevo caso del inspector Closeau», «¿Qué hiciste en la guerra, papi?», «El guateque», «S.O.B.», «Mis problemas con las mujeres», «Víctor o Victoria»…) y en la simpática «Señor Kotcher«, la única película dirigida por Jack Lemmon.

También editó para Robert Wise («La torre de los ambiciosos», «La ley de la horca»), Billy Wilder («Primera plana», «¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?»), Norman Jewison («El caso de Thomas Crown») o Richard Fleischer («Tres forajidos y un pistolero», «Mr. Majestyk»).

Ken Loach (1936)

Ejemplo del autor europeo contemporáneo con unos planteamientos sociales y políticos bien definidos y reiterados y una manera de visualizarlos prácticamente inalterable desde que iniciara su carrera en los 60, el director británico KEN LOACH cumple hoy 84 años.

A la obra de Loach ya hicimos referencia en nuestra entrada del 12 de mayo al hablar de su habitual director de fotografía, el excelente Barry Ackroyd y a la cual os remitimos. En todo caso es el momento de puntualizar algunos aspectos sobre la obra de este cineasta y su manera de entender el cine.

El continuo discurso político y social del cine de Loach, con el que se puede o no estar de acuerdo, no es el que marca la calidad de sus producciones. Aunque esto parezca innecesario de explicar a estas alturas, pero como se siguen oyendo y leyendo declaraciones en uno u otro sentido, conviene dejarlo claro una vez más: que sus películas sean buenas, no tan buenas o directamente malas, no depende de su ideología sino de cómo se plasma ésta en imágenes.

Ken Loach está lejos, muy lejos, de ser un gran creador de imágenes, un gran contador de historias con imágenes, un gran transmisor de su discurso con imágenes: es un cineasta de contenidos no de formas. Usa el cine, comos otros artistas la literatura u otro medio de expresión, para lanzar un mensaje. Y sus películas valen tanto como lo acertado que haya estado en plasmar sobre la pantalla, en cada uno de sus trabajos, su(s) monotema(s): a saber, reflexionar sobre la vida en Inglaterra, denunciar los problemas del proletariado británico, los defectos del capitalismo en su país o a nivel mundial, proponer posibles soluciones, etc, etc. Y para ello emplea una puesta en escena que, de sencilla, abraza en muchas ocasiones no lo simple sino lo simplista. Basándose en una especie de formato reportaje o docudrama, busca transmitir inmediatez, naturalidad, espontaneidad, falta de artificio cinematográfico, esa sensación de que lo que vemos no es una película, una ficción con actores, sino la vida misma. Es su discurso y es su forma de ponerlo en la pantalla, ambas opciones totalmente lícitas. Y no las varía ya hable de la clase trabajadora de su país, del IRA, de la Guerra Civil española o de los conflictos latinoamericanos.

Pero de igual modo que en el programa político de cualquier partido lo que interesa es el contenido, las propuestas claras y precisas, y no tanto la forma en cómo está redactado, la «literatura», en cine ese proceso es, o entendemos debería ser, el inverso. Y así, sin minusvalorar el sobre qué hablas y el qué cuentas, lo que realmente debe pesar para valorar un film es cómo pones/has puesto en imágenes aquello de lo que hablas, aquello que cuentas.

Y por tanto es eso y solo eso, lo que hace buenas, incluso muy buenas, a «Riff-Raff«, «Mi nombre es Joe«, «La cuadrilla» o «El viento que agita la cebada«, y completamente insatisfactorias, fallidas y, por momentos patéticas, «Ladybird, Ladybird«, «La canción de Carla«, «Pan y rosas» o «Tierra y libertad«, quizás uno de los ejemplos más palmarios del estilo Loach: desconozco si su acercamiento a los diversos movimientos de izquierdas participantes en la Guerra Civil Española está bien o mal documentado, si se toma más o menos libertades; desconozco si una asamblea popular se desarrollaba como él la muestra o si manipuladoramente vuelca sus simpatías a favor de unos y en contra de otros; desconozco si los asaltos con tropas a los pueblos son como nos los enseña… lo que si se puede decir es que, cinematográficamente hablando y salvo esta última y brillante secuencia citada, la película es mala, un completo despropósito en cuanto a puesta en escena, en cuanto a contar con imágenes, y que el summum de ello es precisamente la citada escena de la asamblea: una escena que se rodó sin guión, con los actores (algunos no profesionales) improvisando a partir de las pautas dadas a sus personajes. No entramos a valorar lo interesante o no, lo acertado o no, de tal «propuesta de rodaje», ni lo interesante de lo que dicen o de las posturas mostradas: es cómo está filmado (y montado) lo que hace aguas y resta, precisamente, interés a lo que se dice y se debate; es un problema de «puesta en escena».

Éste es ni más ni menos el quid de la cuestión y recordemos al respecto sin ir más lejos -de hecho aparece en nuestra siguiente entrada de hoy-, en ese difícil arte de combinar la fuerza del discurso, del mensaje, con la fuerza, con la plástica, de las imágenes, la magistral «Las uvas de la ira» de John Ford.

Fragmentos de RIFF-RAFF.

Fragmentos de MI NOMBRE ES JOE.

Fragmento de TIERRA Y LIBERTAD.

Russell Simpson (1877-1959)

Fue el inmortal padre de «Tom Joad» (Henry Fonda) en la obra maestra fordiana a partir de la novela de Steinbeck. Fue el anciano que, con su pipa, su garrafa de whisky y su rifle en las rodillas, esperaba pacientemente la llegada de los invasores japoneses a su casa en Filipinas durante la 2ª Guerra Mundial, sin un ápice de fanfarronería y sí colmado de dignidad y resolución, en la excelente «No eran imprescindibles» junto a Robert Montgomery… (en las dos por cierto, ambos personajes aparecen, en algún momento, acompañados por la famosa canción «Red River Valley», convertida en la canción «Valle del Jarama» durante la Guerra Civil Española).

Sólido, inolvidable, carismático actor de reparto norteamericano, miembro fijo de la troupe fordiana de actores, RUSSELL SIMPSON nació un día como hoy hace 143 años en Danville (California).

Con una carrera que se inicia en 1914 y con casi 250 películas a sus espaldas, Simpson trabajó con Ford además en las magníficas «Corazones indomables» y «Caravana de paz«, la brillante «La ruta del tabaco«o las magistrales «Pasión de los fuertes» y «El sol siempre brilla en Kentucky«, despidiéndose del cine también con Ford: la extraordinaria «Misión de audaces«, junto a William Holden y John Wayne.

Pero además lo podemos encontrar con Griffith en la correcta «Abraham Lincoln», con Wellman en la soberbia «Más allá del Missouri«, con Renoir en la notable «Aguas pantanosas«, con Donen en «Siete novias para siete hermanos», con Dmytryk en la estupenda «Lanza rota«, con Wyler en la magnífica «La gran prueba«, o con Mann en la espléndida «Cazador de forajidos«.

Fragmento de LAS UVAS DE LA IRA.

Fragmento de NO ERAN IMPRESCINDIBLES.

Fragmento de PASIÓN DE LOS FUERTES. (Simpson desde el púlpito).

Ralph Bellamy (1904-1991)

Nacido en Chicago (Illinois) un día como hoy hace 116 años, RALPH BELLAMY estuvo nominado al Óscar como actor de reparto por su trabajo en la magistral comedia «La pícara puritana«, y recibió uno de Honor por toda su carrera en 1987.

De maneras distinguidas y elegantes, Bellamy fue un secundario de lujo en films clásicos como «Candidata a millonaria«, «Amanda«, «Luna nueva«, entre otros muchos; habitual en las series de televisión desde los años 50, y fugaz pero contundente presencia en films tan conocidos como las magistrales «Los profesionales» (es «Grant» el millonario que contrata a los protagonistas) y «La semilla del diablo» (es el siniestro «doctor Sapirstein»), la brillante «Entre pillos anda el juego» o «Pretty woman», su última película.

Fragmento de LUNA NUEVA.

Trailer de LOS PROFESIONALES.

Fragmentos de LA SEMILLA DEL DIABLO.

Fragmento de ENTRE PILLOS ANDA EL JUEGO.

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