EL MAQUINISTA DE LA GENERAL

The General, Buster Keaton y Clyde Bruckman, EE.UU., 1926 [80’]

13 octubre 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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13 octubre 2026 | 21:00 h
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“Es un film que no se podría imitar hoy, [1965] ni por tres millones y medio de dólares (…). Llegué a conducir tan bien la locomotora que la podría haber detenido sobre una moneda”.                                                                                   Buster Keaton

(…) No deja de sorprender y admirar la extraordinaria fuerza que albergaron las mejores muestras del periodo silente. Obras que aparecen sedimentadas en su perfección, procedentes de esos últimos años de dicho contexto, y que manifestarán las mejores obras de figuras tan extraordinarias y dispares como Lang, Chaplin, Sjöstrom, Dovjenko, Eisenstein, Murnau… Por supuesto, dentro de ese ramillete de figuras de primera magnitud hay que incluir la del estadounidense Buster Keaton. (…) EL MAQUINISTA DE LA GENERAL es una de las más geniales comedias de la Historia del Cine, y la más famosa de Keaton, que produce, protagoniza y codirige junto a Clyde Bruckman. Es también la que presenta los gags más depurados y elaborados del inolvidable “Pamplinas” (…) Como era habitual en todas sus películas, Keaton no utilizó dobles ni especialistas en las escenas peligrosas, como tampoco maquetas o trucos ópticos, llegando a aprender a conducir locomotoras.  La película se encuadra en ese halo romántico del Sur que tantas veces ha mostrado en cine americano sobre la Guerra de Secesión (…).

(…) En su autobiografía, Buster Keaton insiste en presentarse a sí mismo no como un artista, sino como un mero cómico que buscaba entretener a su público, un punto de vista que curiosamente es diametralmente opuesto al de Charles Chaplin, mucho más consciente y preocupado por la dimensión artística de su obra. Pero alguien que no fuera más que un “cómico” no habría dirigido algunas de las mejores películas de la Historia del Cine, como es el caso de EL MAQUINISTA DE LA GENERAL, una obra que demuestra que por mucho que Keaton se viera a sí mismo como un artista de vodevil que se había trasladado al cine, en realidad era uno de los mejores directores de su época. Producida en su mayor momento de popularidad, el film era con diferencia el proyecto más ambicioso en que se embarcó Keaton. El punto de partida era un libro titulado “The Great Locomotive Chase”, escrito por William Pittenger, el maquinista que participó en los hechos: narraba un hecho real sucedido durante la Guerra de Secesión, con soldados del bando confederado. A Keaton, un fanático de los trenes, le encantó la premisa y decidió adaptarla al cine con algunos pequeños cambios. El más importante de todos fue intercambiar los bandos de los personajes, ya que creía que el público no aceptaría como los malos de la película al bando sureño. Además redujo los dos protagonistas a uno y le añadió a la película el personaje de la chica así como un conflicto inicial antes de que se desarrolle el secuestro. Keaton hizo tal esfuerzo por capturar la ambientación y el espíritu de la Guerra de Secesión que Orson Welles, un gran admirador del film, lo comparó con las célebres fotografías de Mathew Brady que documentaron esta guerra civil. En su afán de verosimilitud, Keaton intentó utilizar en la película la locomotora auténtica que protagonizó este suceso y que estaba conservada como reliquia, pero se le negó el permiso cuando sus propietarios supieron que se iba a usar para algo tan “burdo” como una comedia. (…) Hay que tener en cuenta que no solo harían falta numerosos trenes, además de recrear una escena de batalla con todos los extras que eso supone, sino que además se hacía necesaria tener construida una segunda vía de tren en paralelo a aquella en la cual pensaba rodar las escenas: una era para el tren que saldría en la película y otra era para un segundo desde el cual las cámaras podían filmar a Keaton. Este aprendió a conducir la falsa “General” tan bien como para detenerla sobre una moneda, a correr por los techos de sus vagones, a alimentarla frenéticamente con más madera y a hacer girar sus oxidados engranajes, sin consentir que nadie le doblara en las escenas de peligro. Los cámaras tenían orden de rodar hasta que él gritara corten…o muriera.  Así filmaron una de las escenas más bellas (y arriesgadas) de la Historia del Cine: esa en la que el maquinista, injustamente rechazado por su amada, no se da cuenta de que el tren arranca con él sentado sobre una biela. Es alguien absorto en la persona más importante de su vida. Por eso resulta gracioso. Y por eso también funciona la escena. Cuando la biela empieza a moverse, le hace subir y bajar, pero él no se da cuenta, porque solo piensa en Annabelle. Esta secuencia define a su personaje como un hombre que se toma a sí mismo en serio, y ese es el tono que mantendrá a lo largo de toda la película. No nos reímos de Keaton, sino que nos identificamos con él. (…) La escena más costosa de todas fue aquella en la que una de las locomotoras –la “Texas”- atraviesa un puente en llamas que acaba derrumbándose bajo su peso. Fue el plano más caro de toda la era muda (42.000 dólares): los restos del tren estuvieron durante 20 años esparcidos por un río de Oregón hasta que alguien recogió la chatarra para emplearla en la II Guerra Mundial. (…) EL MAQUINISTA DE LA GENERAL es una película absolutamente extraordinaria en todos los sentidos que se basa en la clásica premisa keatoniana: el inadaptado cuya única forma de hacerse valer es demostrar su dominio de una situación compleja que escapa a su control.  La estructura de la película por otro lado es redonda, basándose en dos persecuciones en las que cambian los perseguidores. (…) El film fue un sonoro fracaso de taquilla en su momento. Los costes de producción se habían disparado hasta los 750.000 dólares haciendo que fuera bastante difícil recuperarlos. Eso además llevó a que muchos críticos acogieran la película de forma suspicaz, como un proyecto egocéntrico y caro por parte de un cómico que de repente se había tomado a sí mismo “demasiado en serio”. ¿Qué hacía Keaton filmando una película situada en la Guerra de Secesión? La impresión general en la época era que a la película le faltaban risas y que no acababa de encajar la ambientación de época con la comedia. Keaton había hecho una recreación tan cuidada y realista de esos años que el público de la época no estaba preparado para asimilarla en el contexto de una comedia. Un detalle que se le reprochó mucho es que hubiera hecho un film humorístico en que murieran personajes. (…) Todo ello llevó a que efectivamente la película fuera en su momento un fracaso de taquilla. A causa de ello, Keaton nunca volvió a tener plena libertad en sus próximas obras. De modo que la que ha acabado siendo la obra más mítica de su carrera fue también la que propició su caída en desgracia, lo cual no impidió que el propio Buster siempre siguiera considerándola su mejor película. Durante décadas el film cayó en el más absoluto olvido hasta que fue rescatado en los años 50 en paralelo al redescubrimiento de Keaton como gran cineasta (…).

Texto (extractos):

Roger Ebert, “El Maquinista de la General”, rogerebert.com, 31/05/1997 

“El Maquinista de la General”, eltestamentodeldoctorcaligari.com, 13/06/2018

Josefa Paredes, “El Maquinista de la General”, miradasdecine.es, 10/2011

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