Considerado como uno de los films precursores del realismo poético francés y del neorrealismo italiano, MÉNILMONTANT, segundo trabajo del músico letón y director emigrado a Francia, Dimitri Kirsanoff (nacido como Markus David Sussmanovitch Kaplan), es uno de los films-emblema del cine de vanguardia francés de los años 20. Prescinde de intertítulos y narra toda la historia mediante imágenes -dos hermanas que se quedan huérfanas por el cruel asesinato de sus padres (muy bien contado, con un rápido y elíptico montaje), que no tienen más remedio que mudarse a París a trabajar en una fábrica, malviviendo-. El film mezcla estilos (un realismo casi documental vs. un onirismo propio del relato en primera persona) y dispositivos técnicos (sobreimposiciones, desenfoques y otros trucos ópticos, montaje ultrarrápido de inspiración soviética, un uso reiterado del primer plano expresivo, una dialéctica entre continuidad y discontinuidad) muy diversos. El resultado es un “poema” cinematográfico de gran formalismo pero bastante heterodoxo respecto a otros films de vanguardia, pues es una especie de poema dedicado al rostro de la actriz Nadia Sibirskaïa. Y es que el rol de Sibirskaïa dentro de la obra de su mentor va mucho más del de una simple actriz. Kirsanoff construye las nueve películas que hicieron juntos, siempre a partir de ella, de su rostro y sus posibilidades dramáticas. Más allá de su puesta en escena, MÉNILMONTANT es ante todo, como La pasión de Juana de Arco (Dreyer, 1928), un film dedicado por completo a la belleza de un rostro (…).
Texto (extractos):
Hans Richter, “Avant-Garde”, Film Culture, enero 1955
Santiago Rubín de Celis, “Ménilmontant”, miradasdecine.es