(…) Tras la apertura de mercados que tiene lugar en Alemania al finalizar la Primera Guerra Mundial, la aplicación del plan Dawes, en 1924, para facilitar el pago de las indemnizaciones de guerra, provoca la revalorización del marco alemán (con la consiguiente bajada de las exportaciones) y el incremento significativo de la entrada de productos y de películas extranjeras. Para paliar la crisis industrial que provoca en el cine alemán esta caída del mercado interno y externo y con la intención de introducirse en Estados Unidos, la UFA acomete a partir de esa fecha una política de realización de grandes producciones, que dará como primer fruto Los nibelungos (1924), de Fritz Lang, y, a renglón seguido, FAUSTO, cuya realización se encomienda a un cineasta de reconocido prestigio como Friedrich W. Murnau. Serán 2 años de preparación, 2 millones de marcos-oro (de los que se recuperó apenas la mitad) y 9 meses de rodaje para lo que debía ser un monumento a la cultura alemana. Murnau utiliza para esta adaptación de la leyenda de Fausto materiales muy heterogéneos. La historia inmortal del dr. Fausto, el gran alquimista que, cediendo a la tentación de Mefistófeles a cambio de conocimientos, amor y eterna juventud, vende su alma, llevando a la perdición a la virginal Margarita, hasta que, finalmente, a través de su aparentemente inútil pero heroica muerte, consigue burlar la eterna condenación, demostrando a Dios y al Diablo la superioridad del amor por encima de todo, se convertirá en la más cara superproducción de la cinematografía alemana. Murnau muestra la desesperada lucha de Fausto contra la peste triunfante; la invocación a Mefistófeles en medio de un cruce de caminos, entre espectaculares efectos especiales; visiones del pasado y del futuro; los Jinetes del Apocalipsis; la imagen impresionante de Satanás envolviendo la ciudad con su manto de oscuridad, que inspirará el episodio “Una noche en el Monte Pelado” de Fantasía (1940). Fiestas populares y aristocráticas, el fasto eclesiástico medieval, duelos a espada y la ascensión a los cielos de los amantes sacrificados en la hoguera… Movimientos de masas y de cámara como nunca se habían visto antes, trucos y efectos visuales tan espectaculares como innovadores…el film de Murnau resulta especialmente remarcable a la hora de apostar en algunas de sus secuencias, en lo que muy pronto se delimitaría como cine “de lo maravilloso” -ese deslumbrante y sombrío viaje aéreo de Fausto y Mefistófeles, hasta llegar a esa boda real-. No podemos olvidar la importancia que esta magnífica película, adquiere en la configuración de las formas del cine fantástico, especialmente -aunque no solo-, en la configuración del tratamiento de la figura del Diablo en el cine. (…) La pasión pictórica del director que soñara con ser artista y fuera amante del pintor Walter Spies se desata, convirtiendo la película en catálogo visual del arte fantástico y místico europeo. Del Renacimiento al Barroco, pasando sobre todo por la Escuela Holandesa, de Durero, Breughel y Baldung Grien a los alquimistas de Teniers, Ryckaert III, Cornelis Bega o Mattheus van Helmont, hasta llegar a las clásicas ilustraciones de August von Kreling para el poema de Goethe, los grabados de Gustave Doré o los sobrenaturales paisajes de románticos como Friedrich y simbolistas como Arnold Boecklin. FAUSTO fue un fracaso de taquilla y crítica en Alemania, donde el espíritu trágico, la atmósfera mística, su denuncia de la ambición, el poder y la vanidad humanas, su retrato de unas masas populares y de una aristocracia e Iglesia que permanecen ajenas al dolor… no cumplía las expectativas que el nuevo cine épico nacional alemán prometía a sus espectadores. No había héroes mitológicos ni dragones que vencer, ni mensajes belicistas o nacionalistas que vender (…).
Texto (extractos):
Juan Carlos Vizcaíno Martínez, “Fausto”, Dirigido, octubre 2020
Antonio Santamarina, “Fausto”, Dirigido, diciembre 2004
Jesús Palacios, “Pasiones faústicas”, Dirigido, enero 2025
Luciano Berriatua, Los proverbios chinos de F.W.Murnau, Filmoteca Española, 1990