CARRETERA PERDIDA (Lost highway, EE.UU., 1996) [134 min.]

17 febrero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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17 febrero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

(…) La última noche de rodaje de Twin Peaks: Fuego, camina conmigo me vino una idea acerca de un matrimonio y una cinta de vídeo. Ya era una película, con un argumento que me pareció escalofriante. Entonces leí la novela de Barry Gifford “Gente nocturna”, en la que dos personajes hablan de recorrer una carretera perdida. Después de leer las palabras “carretera perdida”, algo pasó dentro de mí. Hablé con Barry y le comenté lo mucho que me gustaban ambas palabras y que podríamos escribir algo sobre ello. Le expliqué mi idea del matrimonio y la cinta de vídeo y le gustó. Así es como se unieron la idea y el título. (…) Descubrimos un término fantástico que se emplea en psicología: “fuga psicogénica”, referido al modo en que la mente se engaña a sí misma para escapar del horror. Eso es de lo que, en cierto modo, trata CARRETERA PERDIDA (…).

(…) La obra de David Lynch ha logrado transformar la naturaleza narrativo / representativa del arte cinematográfico en una experiencia, donde el relato y sus principales protagonistas buscan desesperadamente alterar lo “real”. Por lo que cabe entender CARRETERA PERDIDA como una película deliberadamente numinosa: una vivencia no-racional, hipersubjetiva, capaz de actuar en nuestras vivencias como espectadores a niveles mucho más sutiles y profundos de lo que sería posible alcanzar con una experiencia fílmica normalizada. ¿Por qué? Pues porque CARRETERA PERDIDA nos obliga a participar activamente en su visualización (puesta en escena / puesta en cuadro) con el fin de dotarla de sentido. Con sus escenas extrañas, personajes misteriosos, situaciones surreales / grotescas. (…) CARRETERA PERDIDA, por emplear la descripción que hace Maya Deren de su Meshes of the afternoon“exterioriza un estado interior hasta el punto de que se confunde con el estado exterior”. (…) Tras una larga ausencia de cuatro años, David Lynch vuelve por donde solía. CARRETERA PERDIDA es un thriller decididamente turbador que satisfará a sus admiradores de antaño. Lynch vuelve a dejarse llevar por la lógica de pesadilla que rige su cine: ello le da a la película cierta dificultad de acceso de cara a los espectadores. (…) 

(…) La película supone un tercer momento de arranque en su carrera tras realizar su pequeña travesía del desierto (…). Lynch lo ha acometido con un sentimiento de liberación similar al que sentía cuando rodó Terciopelo azul después de Dune. (…) Ha vuelto al ruedo sin ningún sentido de la precaución, tras su último batacazo: cuatro (o seis) años de ausencia de la pantalla grande y la pérdida del valor de cambio de su nombre (que avalaba, de cara al público, una cuota de “experimentalismo” hasta cierto punto) no han hecho que Lynch se plantee una película asequible o que reconforte las expectativas del espectador, aunque éstas incluyan la aceptación de “atmósferas turbias”. Al contrario, es una obra relativamente exigente y hasta radical en el contrato que establece con el espectador. (…) El motivo por el que sus películas resultan ser “importantes”, es por su falta de ideas. Siempre hay mucho que ver en una película de Lynch. Pero nunca pasa nada. El juego está en el público que siempre está presto a dar a conocer sus propias interpretaciones, lo que no estaría mal si Lynch estuviera interesado en ello. Pero no lo está. A partir de cierto momento, el film parece una versión alargada de The Twilight Zone, más que un thriller psicosexual al estilo de VértigoCARRETERA PERDIDA toma prestada de la película de Hitchcock su gran historia de amor, pero se olvida de ella. Como Hitchcock, Lynch es un fetichista, pero su fetichismo poco tiene que ver con las relaciones humanas. En CARRETERA PERDIDA no existe un motivo para exponer ese fetichismo, más allá de una emoción intrascendente. (…) Con influencias de Kafka y Lewis Carroll, y algún otro punto de referencia sea El mago de Oz (…), Lynch quiere que encontremos las resonancias de los nexos misteriosos de las historias que explica: un sueño metamorfoseado en otro. Pero la metamorfosis parece más una colisión. La osadía del film es toda conceptual. Su significado permanece en la mente de Lynch, lo que nos da tiempo para darnos cuenta de cuán convencional se convierte la película, más allá de su ironía y de cuánto se repite el director. (…) CARRETERA PERDIDA es visualmente maravillosa, pero emocionalmente vacía: existe tan solo por la reacción que provocan sus momentos más provocativos. A pesar de que el film presente misterios suficientes como para que tomen forma en algo que tenga sentido, no existe ninguna intención en ofrecer soluciones. No se responden preguntas, no se solventan acertijos y trata temas de lógica tradicional como si vinieran de otro mundo. De hecho, CARRETERA PERDIDA gira en torno al tema de mundos paralelos, de gente que alterna lugares y formas y se duplican a sí mismo en universos distintos de forma que nada pueda ser explicado o discutido (…). 

(…) Es una película muy lynchiana (de forma “natural”, no de la forma forzada en que lo era Corazón salvaje), que revela a un cineasta fiel a sí mismo más que obligado a hacer de sí mismo… justamente cuando el nombre de Lynch ha perdido valor como marca registrada, o se ha olvidado lo que significó. (…) Incidentalmente, es la opera prima de Lynch, Cabeza borradora, a la que más se parece CARRETERA PERDIDA de entre todas sus películas: como aquélla, sucede en el interior de la cabeza de su protagonista, y en ningún momento acude al mundo exterior para explicar o resolver los fallos de “lógica” en el relato. Narrar la historia de un criminal de múltiple personalidad es una novedad relativa. Trasladar el concepto de esquizofrenia a la misma estructura del argumento es una empresa más estimulante. Como lo es hacer una película que es, en sus palabras, “una cinta de Moebius”: el final nos remite de manera imposible al principio. (…) Para Lynch, Fred Madison podrá escapar de la cárcel, de la ley (de lo “real”), pero le será imposible escapar de sus propios demonios, por lo que la felicidad de Peterpronto se verá sofocada por los mismos espantos de los que intentaba huir Fred. (…) El Hombre Misterioso es el “demonio” de los celos, de la ira que, bajo los nombres de “supremo desdén” y “legítima indignación”, espolea dentro de Fred un loco deseo de justicia y su satisfacción. (…) El primer tercio de la película -casi muda, sumida en la oscuridad, confinada en gran parte en habitaciones casi desguarnecidas y pasillos que no llevan a ninguna parte- es un ejercicio de apatía. Los teléfonos suenan y nadie los coge; los personajes hablan en un tono desganado y monocorde; la banda sonora alterna silencios asfixiantes con el zumbido ambiente típicamente lynchiano que parece salido de la antesala del infierno. La película da la impresión de que va a romperse en cualquier momento por el malestar que provoca, por el peso de un matrimonio agotado… o quizá por la presión de un mundo que está a punto de eclosionar. Casi todas las últimas películas de Lynch combinan (al menos) dos realidades, y sus momentos más angustiosos se producen con la incipiente conciencia -por parte a la vez del personaje y del espectador- de que un mundo está dando paso al otro (…).

(…) El historiador P. Adams Sitney llamó a estas películas, que intentan captar y a veces provocar una experiencia que está más allá del pensamiento consciente y de la razón cotidiana, trance films (“películas de trance”). El término puede aplicarse a muchas obras características de la vanguardia – de Kenneth Anger, Stan Brakhage y otros- , pero más difícil es encontrar una película “de trance” que tenga la forma de un largometraje comercial como es CARRETERA PERDIDATerciopelo azul suele considerarse una película característica de los años ochenta, que refleja la angustia posmoderna y el frágil optimismo de los años de Reagan. No es menos cierto que Twin Peaks y CARRETERA PERDIDA son representativas de los años noventa, productos ejemplares de los Estados Unidos premilenarios. El periodo de la “nube negra” de Lynch coincidió con la década de Timothy McVeigh y del Unabomber, de las sectas de los davidianos y de la Puerta del Cielo, de los juicios televisados de O.J.Simpson y de los hermanos Menéndez. La cultura de la confesión y la acelerada era de la información, crearon un poderoso caldo de cultivo para la aparición de ideas apocalípticas. El miedo al final de siglo trajo consigo una eclosión de nuevos paradigmas de trauma y memoria, de nuevas maneras de entender nuestras realidades quebradizas e identidades divididas. La historiadora Elaine Showatler acuñó el término hystories para definir los relatos que apuntalan las “epidemias de histeria” de finales del siglo XX, que, en su opinión, van desde el síndrome de fatiga crónica al rapto alienígena. (…) Con esta película empieza el radical expresionismo de la última etapa de Lynch. Si hay un tema que domina la segunda parte de su filmografía, es el poder que tiene el pensamiento de dar forma al mundo (…).

Texto (extractos):

David LynchCatching the big fish, Bodkind, 2006 

(Atrapa el pez dorado, Reservoir Books, 2022)

Dennis LimDavid Lynch, el hombre de otro lugar, Alpha Decay, 2017

Antonio Weinrichter, “Carretera perdida: cabezas cambiadas”, rev. Dirigido, marzo 1997

Antonio José Navarro, “Carretera perdida: abismo dual”, rev. Dirigido, marzo 2016

Owen Gleiberman, “Carretera perdida”, rev. Entertainment weekly, citada en rev. Dirigido, febrero 1997

Manohla Dargis, “Carretera perdida”, rev. L.A. Weekly, citada en rev. Dirigido, febrero 1997

Kenneth Turan, “Carretera perdida, rev. Los Ángeles Times, citada en rev. Dirigido, febrero 1997

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