(…) SHUTTER ISLAND se inspira en la estupenda novela homónima de Dennis Lehane. La película sigue fielmente la trama del libro, reproduciendo incluso algunos de sus diálogos; el estilo de la novela se presta, dado que es muy “cinematográfica”. En el film queda más claro desde el principio del relato el trastorno mental que sufre su protagonista, el agente federal Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio). Aunque en la novela también se insiste desde sus primeras páginas en que Teddy está muy afectado por terribles recuerdos del pasado -sobre todo, lo relativo a su esposa Dolores-, Scorsese tarda poco en visualizar las traumáticas rememoraciones, pesadillas y momentos oníricos que torturan a Teddy. Incluso añade una secuencia fragmentada, solo apuntada en el libro, en la cual vemos que su tormento se remonta a sus años de servicio militar durante la II Guerra Mundial, y en concreto, a su entrada con su pelotón en el campo de exterminio de Dachau (es de justicia destacar el extraordinario travelling lateral con el que el director visualiza el crudo momento en el que Teddy y sus hombres acribillaron a los soldados alemanes que habían capturado). Scorsese mitiga el efecto sorpresa del final de la novela porque ya lo ha anticipado. Prefiere, a cambio, potenciar lo que la tenebrosa aventura de Teddy en la isla de Shutter tiene de experiencia sensorial para el protagonista, y de paso, experimentar él mismo con las formas del cine de terror gótico. (…) Desde una perspectiva gótica hay, por así decirlo, de todo. Un paisaje remoto, esa isla azotada por un huracán. Un decorado lleno de habitaciones secretas donde no se puede entrar y de puertas cerradas que no se deben abrir. Un cementerio y un panteón. Elevados acantilados que se precipitan sobre un mar revuelto. Un faro solitario y aislado por la marea donde, dicen, se llevan a cabo experimentos secretos… Pero si todo esto es atractivo en sí mismo considerado, lo mejor reside en la brillantez con la cual Scorsese lo visualiza todo (…) ¿Y qué mejor modo de hacerlo que a partir de convenciones cinematográficas asimismo inexistentes en la así llamada “vida real”? Por ello, convierte la pesadilla de Teddy en una sucesión de momentos “de cine”. El protagonista “se ha “montado una película” en su cerebro. Una “película”, y “de terror” por añadidura. El film se cierra, con respecto al libro de Lehane, con una nota más ambigua. Una resolución que evoca -algo reconocido por el propio Scorsese- el no menos ambiguo final en el manicomio del clásico expresionista El gabinete del Dr. Caligari (…).
Texto (extractos):
Tomás Fernández Valentí, “Shutter island: la isla del terror”, rev. Dirigido, marzo 2017.