Director y Guion.- Edgar Neville. Fotografía.- Heinrich Gärtner -más conocido como Enrique Guerner- (1:37:1 – Cinefotocolor). Montaje.- Mercedes Alonso y Sara Ontañón. Música.- Antonio Soler, Enrique Granados, Federico Chueca, Isaac Albéniz y flamenco popular. Productor.- Cesáreo González y Edgar Neville. Producción.- Suevia Films – Edgar Neville Producciones. Con Antonio el bailarín, Pilar López y su ballet español, Roberto Ximénez, Alejandro Vega, Manolo Vargas, Alberto Lorca, Elvira Real, Dorita Ruiz, Rosario Escudero, Pacita Tomás, Juanita Acevedo, Mely Jardiner, Merceditas Broo, Juana Loreto, Manuel Romero, Roque de Jerez, Lola de Triana, Bernarda y Fernanda de Utrera, Carmen Ruiz, Niño de Almadén, Aurelio de Cádiz, Antonio Mairena, El Pili, Niño de la Cantera, Manzanilla,Fernando Rey (narrador), Conchita Montes (La tapada de Vejer), María Luz Galicia, Juan Belmonte, Carlos Méndez Rufián. Estreno.- (España) diciembre 1952 / (Francia) mayo 1953 / (EE.UU.) mayo 1954.
Versión en español con subtítulos en inglés
Premio Especial. Festival de Cannes
Película nº 26 de la filmografía de Edgar Neville (de 30 películas)
Destacable obra folclórica, que se sitúa a caballo entre el documental y la ficción. Se trata de recorrido completo por todos los palos del cante grande y del cante chico andaluz así como de su influencia en el resto de España.
(…) Las noches del 13 y 14 de junio de 1922 se celebró el certamen denominado “I Concurso de Cante Jondo” en Granada durante la festividad del Corpus Christi. Como parte de los actos celebrados, Federico García Lorca ideó y pronunció el discurso “El cante jondo. Primitivo cante andaluz”. Ese “cante jondo”, decía en su texto, había que buscarlo en “las primeras manifestaciones del canto”, asociadas a los “primitivos sistemas musicales de la India”; de ahí su misterio y origen milenarios. La convocatoria resultó un auténtico éxito -allí por ejemplo se dio a conocer Manolo Caracol- y a ella acudieron prestigiosos nombres provenientes de las distintas disciplinas culturales del país. Entre ellos se encontraba el escritor y cineasta Edgar Neville, quien por sus méritos podría enclavarse dentro de la llamada “Generación del 27” pero que por su contenido humorístico y sainetesco o por su apoyo al bando vencedor tras la Guerra Civil, acabó adscribiéndose a la denominada por José López Rubio como “La otra Generación del 27”. Neville fue amigo tanto de Manuel de Falla como de Lorca y coincidió en esa pasión que ambos sentían por ese “duende” presente en el arte flamenco andaluz, compuesto por música, canto y baile. Una creación que surgía de dentro del intérprete y a la que éste iba dando forma durante su puesta en escena.
De Neville son conocidos sus distintos textos en torno al arte flamenco, reunidos en el libro “Flamenco y cante jondo” (1963). No obstante, el mejor homenaje que brindó a esta faceta tan característica de nuestra cultura fue sin duda el largometraje documental DUENDE Y MISTERIO DEL FLAMENCO (1952). Ya en el propio título podemos advertir los ecos de ese Concurso de Cante Jondo, el modo en que dicha época dejó honda huella en el cineasta, así como la presencia de Lorca —de quien incluirá unos versos en una parte del film-. Producida por Cesáreo González —creador de Suevia Films, productora que sucedió en importancia a Cifesa—, se trata de una auténtica rareza dentro de la producción de Neville, principalmente constituida por títulos de ficción. Podría denominarse como documental etnográfico o película musical de no ficción. Así, esta película destaca en su filmografía por esta naturaleza, así como por la forma de enfocar el tema y acercarlo al espectador, a caballo entre la divulgación, la plástica y la originalidad. Filmada bajo el sistema Cinefotocolor de Barcelona, dicha técnica imprime una policromía única a sus fotogramas (…).
(…) Para construir su arquitectura, Neville se valió de una paleta bien heterogénea: por un lado, el empleo de intérpretes y músicas variadas con las que abarcar los diferentes palos flamencos a estudiar; en este sentido, destaca una banda sonora que oscila entre compositores célebres del s. XX como Isaac Albeniz, Enrique Granados —discípulos también de Pedrell y recopiladores por tanto del folclore musical español—, Federico Chueca, o del s. XVIII como el padre Soler, así como ahonda en temas pertenecientes al flamenco popular. Por otro lado, contó con la colaboración de artistas prestigiosos como Pilar López —hermana de “La Argentinita”— y su Ballet Español, Antonio Ruiz “el Bailarín” o el cantaor Antonio Mairena, así como otros más populares —y por ello quizá todavía más auténticos— como las hermanas cantaoras Fernanda y Bernarda Jiménez, la bailaora María Luz o el cantaor gaditano Aurelio. También participan en el film el matador Juan Belmonte, Conchita Montes -mujer de Neville y actriz protagonista en la mayoría de sus films- en un papel no acreditado. Todo ello aderezado con miniaturas escénicas o sketches con los que acompañar los diferentes momentos musicales. Los escenarios serán a su vez escenográficos y naturales. Estos últimos supondrán un auténtico testimonio cultural e histórico, pudiendo contemplar el espectador de fondo paisajes como los de Córdoba, el Sacromonte de Granada, La Alhambra, Sevilla, Málaga, Cádiz o Algeciras, tal y como estaban en la época. Las partes rodadas en interiores se realizarán en los Estudios Sevilla Films, S.A., donde también se registrará el sonido de la película. Los decorados serán obra del insigne escenógrafo Sigfrido Burmann quien, como Enrique Guerner —el también célebre operador— procederá de Alemania. En lo referente a los fondos musicales, José María Franco será el director de orquesta para los números sinfónicos mientras que Ángel Curras y Julián Perera se encargarán de las interpretaciones al piano.
La forma escogida por Neville para aglutinar los distintos elementos mencionados es la voz del narrador. Ésta procederá del inconfundible actor Fernando Rey —tampoco acreditada en los títulos iniciales, al igual que la de Montes. (…) Tras los títulos, la voz de Rey se encarga de introducir el origen del flamenco y, con ello, el espíritu del film. Los textos, que formarán parte del guion, son autoría del propio Neville: “Una raza de gente que tiene para expresar sus alegrías y sus tristezas un cante: el cante flamenco. Una generación de formidables cantaores que surgen a mitad del s. XIX sientan las bases clásicas del cante y que son lo que hoy se llama “Cante Grande”: la ‘Siguiriya’, la ‘Caña’, el ‘Polo’, la ‘Soleá’ y los cantes sin guitarra. De este grupo de estilos van surgiendo luego la ‘Liviana’, la ‘Serrana’, los ‘Cantes de Levante’, los ‘Tientos’, las ‘Peteneras’. En fin, todo eso que se llama ‘Cante Flamenco’ o ‘Cante Chico’. Al mismo tiempo, por la vieja Andalucía desde Sevilla a Cádiz, van surgiendo estilos alegres que además se bailan. Las ‘Bulerías’, los ‘Tanguillos’, los ‘Zapateados’ y las ‘Alegrías’, que en Madrid se llaman ‘Caracoles’. Después, un remolino de ‘Fandangos’ corre por el sur: desde Alonso a Málaga, en donde se le llama ‘Verdiales’. Aquí recogemos lo más importante del ‘Cante Grande’ y del ‘Cante Chico’”.
(…) Teniendo como fondo el impresionante escenario de La Alhambra de Granada, se bailan las “soleares”. Aparecen dos guardias de época que custodian a un detenido que bien podría ser un trasunto de Antoñito el Camborio lorquiano del “Romancero gitano” -eso sí, mucho menos elegante-. Los tres observan a la bailaora ataviada de su traje flamenco de tonos rojos, blancos y negros. Al compás de una guitarra danza sobre un tablao improvisado ante la antigua y esplendorosa alcazaba nazarí. En un momento final cómico y casi sainetesco, tan propio del cineasta, observamos al trío de espectadores sentados en la hierba ovacionando a la intérprete (…). Empleado un giro rápido de cámara cambiamos de escenario, llevándonos otra vez a La Alhambra. La voz del narrador dice: “Y surge grave la ‘Media Granadina’. Los gitanos viven en el Sacromonte y durante el estío dejan a sus niños desnudos como hacen sus abuelos, los indonesios”. Mientras la guitarra inicia el cante, un nuevo plano nos ofrece una escena donde dos hombres corren por el Sacromonte, seguidos de una mujer con una pandereta. En un nuevo plano una mujer sale de una de las humildes casas portando a un bebé en brazos. En un tercer plano descriptivo hombres y mujeres bajan corriendo por entre los hogares excavados en el monte y los cactus. En un cuarto plano observamos que todos desembocan en un impresionante cortejo fúnebre. Sobre el féretro que algunos portan encabezando el ritual, luce una guitarra rota por el mástil, tal vez dando a entender que quien ha fallecido era guitarrista. En respetuoso silencio pasan ante el público de vecinos teniendo de fondo la fortaleza árabe. Tienen estas imágenes y otras que veremos más adelante, reminiscencias de las filmaciones previas y experimentales del cineasta de vanguardia José Val del Omar. Principalmente nos recuerdan a las de sus películas Vibración de Granada (1935) y Aguaespejo granadino (1955), rodadas también en este enclave y contando como sus protagonistas a la población humilde de la zona (…).
(…) Considerada la mejor cinta sobre flamenco de la historia, DUENDE Y MISTERIO DEL FLAMENCO fue candidata a la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes en el año 1953 –donde acabaría ganando un Premio Especial-. Desde entonces, ha sido admirada en todo el mundo y actualmente despierta el mismo interés y curiosidad por parte de entendidos en la materia, cinéfilos y público popular (…).
Texto (extractos):
Javier Mateo Hidalgo, “Un testimonio único audiovisual del flamenco para la posteridad:
“Duende y misterio del flamenco” de Edgar Neville (1952)
AA.VV., Edgar Neville en el cine, Filmoteca de España, 1977
AA.VV., Edgar Neville, la luz en la mirada, 1999