SENDEROS DE GLORIA (1957)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

“El film no tiene mensaje. Lo que me ha interesado aquí son las posibilidades en la evolución psicológica de los personajes. No es, en ningún caso, un film pro ni en contra del ejército. A lo más, es un alegato contra la guerra, que puede colocar a los hombres en tales situaciones de conciencia”.

Stanley Kubrick

Senderos de gloria muchas veces ha sido calificado como film con mensaje, y es cierto que su tema antimilitarista es expresado con pasión. Cuando uno lo ve, comprende que hay pocos héroes en una guerra.Pero es en primer lugarun drama humano, donde cada personaje es tratado con sutileza y nos provoca emoción”.

William Friedkin

“…nada apela a la conciencia humana como lo hace Senderos de gloria”.

Hollis Alpert

Presentación

El martes, 13 de febrero de 2018, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, el Cineclub Universitario / Aula de Cine  continúa el ciclo Maestros del Cine Moderno (VI): Stanley Kubrick (1ª Parte), con la proyección de la película “Senderos de gloria (1957)“. En versión original con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo.

Senderos de gloria: Un alegato antibelicista

En Senderos de gloria  Stanley Kubrick elevó la pretensión humanista de su cine a través de un alegato antibelicista que conservaba cierta negrura de sus films precedentes. Adaptando la novela de Humphrey Cobb, “Paths of glory” (1935), que ya había leído en su juventud, con la colaboración en la primera fase de guión del novelista Jim Thompson y, sobre todo, con la escritura de Calder Willingham, Senderos de gloria viene a señalar al enemigo en casa: La maquinaria de poder militar que la guerra genera, que aniquila no ya al contrincante, sino la identidad y la humanidad de los propios soldados al servicio, o al capricho, de los mandos solos preocupados por el mantenimiento de su propio status y de unas reglas que derivan en el absurdo.

Ambientada en la Primera Guerra Mundial, en la Francia de 1916 tratando de resistir a la invasión alemana, Senderos de gloria se articula en dos partes y un epílogo: La orden y la toma de una colina comandada por el coronel Dax (Kirk Douglas) y el juicio a tres soldados a los que los altos mandos pretenden ejecutar como escarmiento ante el fracaso de la misión a causa de lo que consideran una actitud de cobardía. Ya lo dicen unos diálogos afilados en los que los autores despliegan un sarcasmo helador. Los soldados, además, son despojados de su identidad: No serán ejecutados por sus acciones directas, sino como representantes escogidos casi al azar, como simple proporción numérica de toda la compañía.

Cierre: La guerra desde el drama intimista

Para Kubrick, la guerra no es un estado físico que debe narrarse desde la épica, sino que es un estado psíquico y emocional que debe narrarse desde el drama intimista. Con Senderos de gloria Kubrick desplaza el género antibélico hacia el territorio de la injusticia, con lo que los temas como la desilusión, la pérdida de los valores o la destrucción de los ideales, se mantienen en un segundo término al igual que la guerra en sí misma. Así, las trincheras pasan a ser un mero decorado, puesto que lo que merece ser contado es la perversidad del sistema que decide ejecutar a hombres porque no han matado lo suficiente. Todo ello a través del pálpito interior del protagonista, el coronel Dax (Kirk Douglas), cuya nobleza y humanidad no tienen cabida en ese mundo cruel y hostil.

“los senderos de la gloria no son los del heroísmo. Kubrick rehusa mostrarnos superhombres, presenta personajes reales profundamente marcados por esta tragedia absurda que es la guerra. En este film, el destino trágico es expresado por el foso que separa los que viven de la guerra y los que la viven; es la orden proveniente de arriba la que conduce a la muerte a los que ignoran todos los móviles humanos que los determinan, la vanidad o el despecho de un general en busca de un nuevo galón. El rostro de la guerra no es el de la exaltación o de la muerte gloriosa en el pliegue de una bandera, es la del horror físico delante de una carnicería inútil. Pero también es por encima de todo una estructura social de la guerra descrita de forma precisa. La guerra obedece a un mecanismo de su propia organización. Los que hacen la guerra tienen para sí mismos la tenacidad de ciertos prejuicios, de ciertas tradiciones o de fórmulas preconcebidas. La disciplina hace la fuerza principal de losejércitos, condiciona la justicia, justifica la despersonalización del soldado. Y es una fuerza inquietante cuando se encuentra en manos de ‘maniquíes sádicos’ (extracto del guión) para los cuales una medalla o un galón cuenta más que la vida de un hombre, para los cuales la estrategia es al mismo tiempo un arte y un oficio que permite disponer, en tiempo de guerra, de un apreciable ‘material humano’. Atacando a los generales Broulard y Mireau, Stanley Kubrick la emprende sobre todo con los símbolos de la autoridad militar represora. Los dos personajes de los generales no actúan sin una cierta rigidez, pero jamás se les encuentra un aire caricaturesco. La precisión del rasgo, el gusto por el detalle aportan a estos personajes una gran autenticidad. Su explotación del patriotismo los clasifica entre los canallas galoneados que, en todo ejército, sea o no francés, se sirven de este sentimiento con fines personales. Por tanto, resulta absurdo pensar que este film ataque a Francia porque es imposible identificar con Francia a los generales Mireau y Broulard. Existe en nuestro país un prejuicio tenaz que ve como los oficialessuperiores simbolizan nuestra patria. Pero en 1940 el mariscal Pétain no era Francia, en 1914 los oficiales que cometieron los crímenes de Souvain o de Vingré representaban el deshonor de Francia. Entonces, ¿por qué no tenemos el derecho de saberlo? Y como escribió Albert Ravé en la escuela libertina: ‘Cuando se busca esconder las infancias de ciertos jefes, cuando cuarenta años después no se osa hablar de ciertos acontecimientos, escándalos verídicos, cuando no se tiene el coraje de afrontar la verdad, alguien puede preguntarse hacia qué abismos nos llevan’.”

Patrick Gaulier

Fuente: Cuaderno del Cineclub Universitario / Aula de Cine.

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