Nervios (1919)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

Introducción

Introducción a una de las películas, Nervios (1919), que integran el ciclo No necesitaban palabras, tenían rostros (joyas del cine mudo XII): Weimar, la república del doctor Caligari (1919-2019), que el Cineclub universitario / Aula de cine de La Madraza, en colaboración con el  Goethe Institut nos ofrece este mes de octubre de 2019, todos los martes y viernes, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario. Dichas películas serán proyectadas con intertítulos en español y la entrada a las mismas será libre hasta completar aforo. Si bien, en esta sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

Un argumento excitante

El argumento de NERVIOS es excitante. En el prólogo aparece un hombre neurótico que está estrangulando a su mujer; a continuación, se da cuenta de que al pajarillo que tienen en casa le falta agua en el bebedero de la jaula y la repone con sumo cuidado. La trama arranca de forma frenética. Mientras se oye a la masa rugir (podría ser una referencia a la guerra civil que siguió a la derrota del Káiser), María, que parece neurasténica, se lamenta de que el mundo se desmorone en la víspera de su boda. Un joven se lanza a la calle y asalta a los peatones con un hacha; acaban empujándolo a una pared y asestándole un tiro. Una vez presentado este entorno caótico, la obra desarrolla el conflicto entre el hermano de María, Roloff, un poderoso empresario que abre una fábrica en la ciudad, y Johannes, el carismático predicador de la comunidad que vive con su hermana ciega (es él el que aparece en el prólogo estrangulando a su mujer y supuestamente desde entonces ha visto la luz). María se encapricha con Johannes y cancela la boda; Roloff cree que esta decisión se debe a que Johannes la ha violado. Así las cosas, la policía detiene a Johannes y, mientras su hermana ciega vaga desesperada en medio de la masa de gente enfurecida, María, presionada por su madre, confirma que Roloff estaba en lo cierto. Johannes es juzgado y declarado culpable. Entretanto María cambia de opinión y le dice a Roloff que Johannes es inocente, pero él se niega a creerlo: ¿acaso no ha visto cómo Johannes la acosaba? Cuando empieza a estrangular a María, se da cuenta que está alucinando. Johannes queda en libertad y María abandona el seno familiar y parte a una misión para transmitir sus doctrinas por todo el mundo. Al borde de la locura, Roloff busca la ayuda de un “especialista de los nervios” y visita a Johannes para pedirle perdón. Los dos hombres entablan amistad, pero las morbosas fantasías de Roloff vuelven y se convierten en una amenaza: confiesa a Johannes que siente un impulso incontrolable de matar a su mujer Elizabeth. Roloff pide a Johannes que le dé veneno; este, tras muchas dudas, accede. Al igual que ocurre en Opio, muchos personajes se sienten culpables: a parte de Johannes que asiste a Roloff en el suicidio, Elizabeth también, pues está enamorada de Johannes como lo estuvo María. El deseo de todos los personajes se bloquea. En un arrebato suicida, Elizabeth prende fuego a la mansión Roloff y, aunque Johannes la rescata, su hermana ciega muere junto con su perro fiel. Después de un periodo de recogimiento en un convento, Elizabeth estrena una nueva vida al lado de Johannes.

Un torrente de artimañas y cambios inesperados

Las meras sinopsis de los argumentos no pueden transmitir la impresión delirante que genera este torrente de artimañas y cambios inesperados. Opio y NERVIOS aportan una mezcla de imaginería del siglo XIX y de principios del XX: un interés romántico por los estados extremos (suicidio, visiones causadas por estupefacientes, locura), clichés de pintura académica y efectos conservadores sobre motivos vanguardistas. Opio retoma la fantasía orientalista y la iconografía de la ficción sensacionalista, mientras que NERVIOS se sitúa en el Expresionismo vulgarizado. Las maquinarias gigantes de Roloff, el empresario industrial, contrastan con la ingente muchedumbre para la que Johannes dice hablar; y la enfermedad de Roloff es a la vez un miedo monstruoso a la traición sexual de una mujer; primero respecto a su hermana y luego respecto a su esposa, y un síntoma de la sociedad moderna: “en mis propios nervios reconozco los nervios del mundo”. Sin embargo, como en Metrópolis de Lang, los temas psicológicos del teatro expresionista se disuelven en el trasfondo a medida que los personajes desarrollan sus destinos melodramáticos a través de malentendidos, culpabilidades ocultas, notas de suicido escondidas y sacrificios heroicos de enamorados.

Cierre

Reinert, director de NERVIOS, fuerza una norma hasta su límite para realzar su poder expresivo, pero acaba aboliendo la razón de ser de la misma. En lugar de ser un espacio integral como el que diseñan con serenidad los maestros de la década de 1910, la profundidad se convierte en un vacío desde el cual se alzan figuras espectrales, que se congelan o se deslizan con suavidad hasta desaparecer de nuevo. Esta obra, al igual que las de Hollywood, se basa en caras y manos agrandadas. Si bien, estas manos se retuercen de desesperación y estas caras monumentales nos evocan horribles pesadillas.

Fuente:  Cuaderno del ciclo No necesitaban palabras, tenían rostros (joyas del cine mudo XII): Weimar, la república del doctor Caligari (1919-2019).