Apache (1954)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

“Hecht y Lancaster querían rodar Apache con muy poco dinero. Sabían que yo, en dieciséis días, había dirigido una película para la Metro, The Big Leaguer, y que en mi siguiente film, World for ransom, ¡sólo había empleado once días! Así que me propusieron que hiciera APACHE en treinta y cinco días. No es que tuvieran la impresión de que yo fuera un gran director, pero era un joven inteligente y buen conocedor de los problemas técnicos y de producción  (…). Me ofrecieron el mínimo sindical, pero acepté porque era una buena ocasión que no había que desperdiciar”.

Robert Aldrich

Introducción

Información complementaria al ciclo «Maestros del cine moderno (VII): Robert Aldrich (1ª parte: los años 50)«. Ciclo que el Área de Cine y Audiovisual (Cineclub universitario / Aula de cine) de La Madraza nos ofrece durante el mes de Marzo de 2020. Dicho ciclo tendrá lugar todos los martes y viernes, a las 21:00 horas, en el Espacio V Centenario (Sala Máxima). Entrada libre hasta completar aforo. En esta sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

La base literaria de Apache (1954): “Bronco Apache” de Paul I. Wellman

Robert Aldrich siempre tuvo  interés por hacerse con los derechos de la novela “Bronco Apache” de Paul I. Wellman, algo que se comprende perfectamente si atendemos a las inquietudes discursivas del realizador. El relato de Wellman, un escritor con cierta reputación que ya había firmado los guiones de algunas películas inspiradas en sus propios libros (como Cheyenne de Raoul Walsh o Murallas humanas de John M. Stahl), presentaba como telón de fondo el conflicto de identidad de un héroe abocado a la auto destrucción por su propia necesidad de autoafirmarse, ante sí mismo, y ante los suyos. Un personaje, el de Massai, más antiheroico que heroico si nos atenemos a su valor ejemplarizante, pero obligado a mantenerse firme en su propio código de valores a riesgo de perder algo más que su propia vida. De esta tensión entre exaltación de la propia individualidad e inmolación, en un contexto donde no existe alternativa y la salvaguarda de la dignidad del protagonista pasa por su deserción del corpus social, partirán las mejores y más complejas películas de Aldrich y por lo tanto parece lógico que el cineasta se mostrara predispuesto a adaptar al cine un texto, como el de Paul I. Wellman, que le permitía hablar de todos estos temas bajo el pretexto de hacer un simple western.

¿Road Movie o Western?

APACHE es un largometraje que podría quedar adscrito al género de las road movies antes que al western en su vertiente más clásica, pues, efectivamente, como ocurre en los grandes títulos de aquel género, lo que aquí se nos narra es la historia de un doble itinerario. Por un lado está el viaje físico que emprende Massai, el protagonista, en su huida del destino que le aguarda bajo la tutela de quienes han sometido a su pueblo y que ahora pretenden integrarlos en el modelo social y cultural por ellos preestablecido procurando a los vencidos un digno retiro en una reserva de la Florida. Pero paralelamente a este itinerario marcado por las reglas de una cacería donde la caballería norteamericana despliega todo su arsenal y Massai toda su astucia de guerrero, acontece el viaje interior que se desarrolla en el ánimo del rebelde y que le llevará a conocer en primera persona el amor más puro aliado de Nalinle. Una relación que le redimirá, en buena medida, del odio generalizado que siente, no sólo hacia el hombre blanco sino, también, hacia los de su propia raza después de haber asistido a la claudicación de sus compañeros de armas, resignados ante el futuro que sus captores han diseñado para ellos y huérfanos de referencias, como se hallan, tras la rendición de su gran jefe Gerónimo. Aunque este western se inspira en una novela de Wellman, el personaje de Massai existió realmente. Su destino, sin embargo, difiere de lo que se nos muestra en la película (aunque también difiere del libro). Sí que es cierto que el verdadero Massai se casó con una india, vivió poco tiempo con ella. Después de dejar a su mujer, Massai se volatilizó. Nadie encontró rastro de él y se ignora todo sobre la vida que llevó después, así como sobre su muerte. Todavía hoy existe un misterio.

El contexto histórico de la acción

Más allá de estas coincidencias entre la novela de Wellman, el caso real que la inspiró y la película de Aldrich, en APACHE, el contexto histórico en el que se desarrolla la acción posee un peso específico. La rendición de Gerónimo ha permanecido en los anales como el acontecimiento que marcó de facto el nacimiento de los Estados Unidos tal y como los conocemos en la actualidad. Después de que los colonos se enfrentaran entre sí en una cruenta Guerra Civil donde la victoria nordista terminó por imponer un modelo de sociedad civil, basada en preceptos liberales e interclasistas, el siguiente paso fue atraer hacia ese nuevo orden establecido a todos los habitantes de la nación, negociando o si era preciso por la fuerza, como pasó con varios pueblos indígenas, destacando entre ellos los apaches por la feroz resistencia que opusieron al hombre blanco en sus planes de expansión territorial hacia el oeste. De este modo APACHE alcanza ecos de gran tragedia americana desde el momento en que vincula “el nacimiento de una nación” a la desaparición de toda una cultura fundamentada en un código de valores ancestrales que fue sobreviviendo, de generación en generación, a lo largo de los siglos.

Enfrentamiento de Identidades

Ya comentamos que la estructura interna del presente largometraje le asemejaba más a lo que años más tarde fue el subgénero de las road movies antes que al western, un tipo de cine con el que únicamente comparte sus referencias a un determinado momento histórico y la explotación de ciertos escenarios, por lo demás, usados de una manera bastante diferente a lo que era común dentro de los estándares del cine del oeste. Las grandes praderas, las amplias extensiones de territorio virgen y la poética de un horizonte inabarcable que tanto inspiraron a otros cineastas de cara a ofrecer un retrato lírico e idílico del medio natural en sus westerns, son elementos que Aldrich tuvo a bien utilizar con intenciones opuestas. Ese paisaje abierto, infinito, símbolo de pureza, resulta, en la evocación que el director hace del mismo, un espacio con evidentes connotaciones claustrofóbicas: por mucho que avance en su huida Massai está sentenciado y él lo sabe. Por tanto, si bien se trata de una película que se sirve de los cánones de representación típicos del western en tanto género cinematográfico, en APACHE hay una clara voluntad de superar esas referencias apelando para ello a una inflexión claramente modernizadora en la explotación de los resortes sobre los que se fundamenta el modelo preestablecido y no solo en la forma sino también, y sobre todo, en el fondo del relato.

A Robert Aldrich no le interesa incidir en la maldad intrínseca del rostro pálido en sus esfuerzos por someter otras culturas y ganarlas para la causa. Tampoco le interesa cargar de razones a Massai en su romanticismo subversivo, pues en su ánimo rebelde no está el luchar contra injusticia alguna sino el mantener la vigencia de su propia ley, sin entrar a cuestionar si ésta se ajusta a derecho o, por el contrario, se trata de un código moral irracional. Desde este punto de vista no se puede decir que APACHE sea una película sobre la cuestión racial y sí sobre el conflicto tribal. En el pulso que mantienen en la distancia Massai y Al Sieber, su perseguidor, siempre atento el uno a los movimientos del otro, lo que prevalece finalmente es un enfrentamiento de identidades culturales, de códigos de conducta, de valores. Cuando el código de uno entra en colisión con el de “los otros”, entonces, ambos protagonistas consagran su itinerario de búsqueda a lograr la prevalencia de su orgullo de estirpe por encima de cualquier otra consideración, aun si la reivindicación suprema de sus valores identitarios ha de generar, forzosamente, el exterminio del otro y en cierta manera el suyo propio, ya que estos personajes funcionan por oposición: la medida de lo que son y de lo que representan y, en última instancia, la legitimación de sus acciones, se encuentran vinculadas a la grandeza de sus oponentes.

Cierre: Un final deshonesto

Esa suerte de happy end que cierra y, en cierto modo, desnaturaliza la película fue una imposición de la United Artists, distribuidora del film. El personaje de Massai carece de valores que despierten la empatía del espectador hacia su persona, más allá del hecho de ser el protagonista de la cinta y justificar su conducta en un cierto sentimiento de desagravio ante la violencia con la que el hombre blanco ha sometido a su pueblo. Pero con independencia de ese protagonismo, no puede decirse que Massai sea un dechado de virtudes, dado el modo en que trata a sus semejantes. No obstante, para Aldrich, estos rasgos de orgullo y mezquindad en su personaje principal no rebajaban el componente heroico que se desprende de su lucha en pos de la autodeterminación existencial, si acaso lo que hacen es poner de manifiesto las dificultades inherentes al combate íntimo librado por Massai y darle una dimensión realista. Pero los dueños del negocio cinematográfico, alentados por la reacción desfavorable del público cuando a éste se le hace dudar de la naturaleza positiva del personaje protagonista, nunca han visto con buenos ojos ofrecer a la audiencia un discurso que pudiera interpretarse de manera equívoca. De ahí que desde la United Artists impusieran a los responsables del film la redención final del personaje en aras de difundir un mensaje de esperanza que, a pesar de su ambigüedad, por cuanto no resuelve ninguno de los conflictos planteados en la película, procura una tranquilidad momentánea en la conciencia del espectador. Robert Aldrich siempre lo consideró deshonesto.

Fuente: Cuaderno del ciclo.