Sepan ustedes que tuve el gusto y el gasto de colarme en la segunda edición del programa de residencias de creación Los Tientos. Una, criada y crecida en el Sacromonte y, de pronto, casi turista en mi propia ciudad, acomodada en el Carmen de la Victoria, mesa puesta y a tó confort. Mi estudio, a tres calles —Casa de Porras—, lleno de sol y suelo amable, con el tiempo hecho a medida y amistades nuevas jugando con el mismo rigor atravesao.
Ahí se hincó la semilla de lo que hoy es Maja y Bastarda: mucho baile, humor, tonteoría, osadía y libertad. La he paseado por Málaga, Barcelona, Valencia, Mallorca, Córdoba, Madrid, Bruselas, Milán, Bremen… afinando su descaro hasta traerla de vuelta a Granada, a casa.
Y resulta que un amigo, Jordi Carmona, profesor de Estética en la UGR, se dejó tentar por el chow y escribió sobre él. Ese es el texto que ahora me dispongo a compartirles.
ROJO LAILA
El scenopoeetes dentirostris, pájaro de los bosques lluviosos de Australia, hace caer del árbol las hojas que corta cada mañana, las gira para que su cara interna más pálida contraste con la tierra, se construye de este modo un escenario como un ready-made y se pone a cantar justo encima, en una liana o una ramita, con un canto complejo compuesto de sus propias notas y de las de los otros pájaros que imita en los intervalos, mientras saca la base amarilla de las plumas debajo del pico: es un artista completo, decían Deleuze y Guattari. Pues esa avecilla es a la vez técnica, escenógrafa, artista conceptual, pintora, cantante, bailarina, actriz — un poco como Laila Tafur, en Maja y Bastarda. Es todo eso y también es lo que hace posible todo eso. Tanto la avecilla australiana (de los bosques lluviosos) en su ritual de cortejo como la artista granaína (del Sacromonte) en su show sicalíptico son cuerpos deseantes antes que ninguna otra cosa. Cuerpos deseantes que están lo más lejos posible del arte por el arte — y también lo más cerca posible del arte por el arte. Artista completo no solo es quien hace muchas cosas, sino quien no separa la práctica artística del deseo de un cuerpo y de sus necesidades. No solo artista completo sino arte completo, arte materialista si es que se puede hablar así, arte que no deja de ser popular y pobre por muy erudito y rico que se vuelva, arte que brota de la vida y no se separa de ella: chorro de arte / fina lluvia de arte / salto de deseo. Así, en el baile de Laila, lo osceno siempre está en escena. Vemos a Laila entera y vemos su arte y siempre vemos ambas cosas a la vez. La vida y su goce, que es su estilización. El silencio y la música. Un cuerpo y la historia. La danza y su intrahistoria: una intradanza.
Un cuerpo que danza, un cuerpo en movimiento, pero que también se transforma, que no solo viaja en el espacio sino también en el tiempo, no solo en la realidad sino también en la ficción. Ch-ch-ch-ch-changes… Cuerpo monstruoso y cuerpo-monstruo, cuerpo incierto capaz de atravesar múltiples identidades, que nunca es del todo “una mujer”, que nunca es del todo “un hombre”, sino siempre “un monstruo”, es decir, un ser intrínsecamente sorprendente, del que no sabemos qué esperar, como dice Lucrecia Martel (por eso se entiende que, desde este punto de vista, solo los monstruos resulten interesantes para el arte). Cuerpo-monstruo-que-se-muestra. Que se pinta aquí y allá de rojo vivo, que tiende irremediablemente a un rojo peculiar. Que parte del desnudo y del silencio y luego va probándose diferentes prendas o instrumentos o aderezos. Probándose a ver qué tal en diferentes ambientes. Vistiéndose con capas sonoras, capas plásticas, que en ocasiones remiten a historias muy concretas, a veces entremezclan las historias, y en otros momentos dan ocasión a una percepción más enigmática, pues se elevan a una situación óptico-sonora pura, o logran la Imagen (como la danza de la mujer sin cabeza). La prenda hace que la historia en cuestión, o el montaje de historias heterogéneas (puede ser el cante andaluz y los espirituales afroamericanos) o incluso el puro momento imaginal se incorpore en la danza de Laila. Y ella también es tomada, poseída por la entidad artística (vida estilizada) desde su cuerpo mismo en movimiento.
Maja y Bastarda es un carnaval minimalista de incorporaciones, de posesiones, de arrebatos. El baile solo puede venirle a uno. Laila se viste y se desviste. Laila se va probando cositas, baila con ellas, dialoga con su cuerpo con la música principalmente y los mínimos elementos escénicos. Es como en un cabaré, uno de esos cabarés sicalípticos de los que se cuentan tantas leyendas. Viendo bailar a Laila estamos en el auditorio y en el café cantante a la vez. Es danza contemporánea y es un vodevil. Una escena un poco bastardizada, un bastardismo ciertamente estilizado… ¡Ah! Raquel Meller, Isadora Duncan, Nijinsky, la Chunga, Sarah Bernhardt, Carmen Tórtola Valencia… “Quiero algo grande, que no se haya hecho nunca: una cosa… ¡sicalíptica!” Una de las etimologías posibles de sicalipsis es masaje de vulva. Las sicalípticas son entonces las masajeadoras de vulvas. Pues eso. La pieza de danza contemporánea tan rocambolesca de Laila, en cualquier caso, también es un show de music hall o un teatro de variedades lleno de entremeses, sainetes y astracanadas. Suri panta la suri panta, macatruqui de somatén + sun fáribun, sun fáriben, maca trúpiten sangarinén = ¡¡¿¿flamenco??!!
Flamenco, flamen-co, fla-men-co… Y no solo el cante, el toque o el baile, sino más fundamentalmente la perspectiva, la forma de vida, la actitud. Laila eh asín. Guapa, maja, libre: Fla-men-ca. Eléc-tri-ca. Sicalíp-ti-ca.
Su arte es al mismo tiempo un ritual de cortejo y de sanación.
Todo mentira……………………………….Y todo verdad.
“Whitney, c’est moi.”
¿Qué más cabe decir?
Hay que ver a Laila bailar.
Maja y bastarda / real y surreal / divina y oscena / nocturna y diurna / solemne y
divertida / solita e insólita / pero también un cuerpecito vivo como tú / Laila Tafur.
Los Tientos es un programa de formación y creación artística donde el flamenco es el eje motor y articulador en relación a otras artes. Los Tientos es un proyecto que adopta la forma de residencia de creación donde creadores de distintos ámbitos y procedencias participarán de la construcción de un espacio de experimentación, indagación y tentación transdisciplinar. Los Tientos es una oportunidad para tentar, acariciar, palpar, probar, reconocer, examinar, provocar… Los Tientos es una iniciativa que surge con el objetivo de favorecer la generación de sinergias entre creadores de distintas disciplinas en las que los lenguajes del flamenco pudieran proponer experimentaciones singulares y excéntricas.
El programa Los Tientos ha sido ideado por la Universidad de Granada, a través de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea, con la colaboración del Instituto Cervantes, la Fundación Federico García Lorca y el Consorcio Centro Federico García Lorca, la Diputación de Granada, la Escuela de Arte José Val del Omar de Granada-Fundación Robles Pozo, la Residencia Universitaria Corrala de Santiago y la Residencia Universitaria Carmen de la Victoria.
Maja y Bastarda, Teatro Alhambra, Granada. Viernes, 13 / marzo / 2026, 20:00 hrs