(…) Tras su inmersión en la diferente realidad de Oriente en Saint Jack, que parecía una respuesta, a su manera, a quienes tanto le “pedían” que se distanciara del mundo del cine, Bogdanovich siente la necesidad de volver a acercarse a él, permaneciendo todavía en la contemporaneidad. Y lo hace recurriendo al formato de una comedia romántica ambientada en un aparente presente, con una estructura coral que recuerda la de Por fin, el gran amor. Desde la unidad espacio-temporal de una ciudad (Nueva York) y de una figura geométrica cerrada (el círculo), se plantea la misma pregunta que el título anterior: “¿qué significa enamorarse?” Como para hacer más aceptable este retorno, le parece necesario asegurarse de que la película, como ya había hecho en Nickelodeon, refleje la realidad hasta llegar a lo autobiográfico. Bogdanovich subraya: “El argumento y el guion son originales. Y el personaje que interpreta John Ritter (Charles Rutledge) está basado en gran parte en mí, al igual que el personaje de Ben Gazzara (John Russo) está basado en Ben pero también en mí. (…) Los cuatro protagonistas masculinos trabajan juntos en una pequeña agencia de detectives y su principal actividad consiste en seguir a mujeres casadas y hacer informes a sus maridos. La película se ocupa de sus vidas, la laboral, mientras siguen a un par de mujeres, y la personal, que se va revelando en el curso de su trabajo. (…) Las relaciones que presenta la película son más complicadas en un sentido y mucho menos en otro. Son relaciones divertidas, un poco locas, con mujeres muy diferentes. Todos los personajes femeninos son maravillosos. (…) TODOS RIERON es una excelente comedia, jubilosa, enamoradiza, muy libre, en la que de una manera desembarazada, Bogdanovich explora y describe el entrecruzamiento amoroso de varias parejas en el escenario tan especial y subyugante de Nueva York. El cineasta corre un riesgo enorme al construir el guion -coescrito con el actor Blaine Nowak, que interpreta en la película a un desinhibido detective de largo cabello rizado- sobre una leve trama -ahí está su impenitente admiración por Lubitsch-, una historia muy coral en la que los itinerarios sentimentales de sus personajes cruzan el borgesiano jardín de los senderos que se bifurcan. Su admirado Hawks lo había intentado, sin éxito, en ¡Peligro, línea 7000!, pero Peter lo logra de manera sutil, trabajando en un ritmo relajado que nunca tensiona pero que jamás se estanca. (…) Un tiovivo cuya única consideración es manifestar, al límite del “situacionismo”, las relaciones que unen a hombres y mujeres (una suerte de “partida a cuatro” doble entre las dos parejas jóvenes y las dos mayores). Se siguen y persiguen, se encuentran y abandonan mutuamente, en una circularidad prolongada. (…) Una alegre jornada de primavera en la que todos hablan, ríen y aman (“Todos se ríen porque están enamorados”, dice la letra de la canción, que entona Frank Sinatra). (…) Una vez más, es una película rodada en la calle y escenarios exteriores, en plein air, con la frenética actividad visual y sonora a que nos han acostumbrado los autores de la Nouvelle Vague y del New American Cinema. (…) La secuencia inicial, con el juego de miradas y expresiones entre Russo y Deborah, sin que medie una sola palabra, es un auténtico ejercicio de estilo que sitúa a Bogdanovich entre los realizadores que se han planteado (y resuelto) la cuestión de cómo aplicar, en la época del sonoro, las reglas, efectos y emociones del cine mudo. (…) Durante el rodaje, Bogdanovich y Dorothy Stratten, ex playmate de Playboy, a la que había dado un personaje en la película, se enamoran y pensaban casarse una vez que ella lograse el divorcio de su marido, un peligroso mafioso de tercer orden. No pudieron hacerlo porque el exmarido, al conocer esos planes, la asesinó brutalmente y luego se suicidó. El infierno se desató para Bogdanovich, que no superó el suceso. La productora, absurdamente asustada por lo que creía que era publicidad negativa de la película, la estrenó de tapadillo, y Peter, convencido de sus bondades, se la recompró y la reestrenó en un intento ya inútil para que la gente viera y apreciara la película (…). “Para tener éxito hay que enmascarar los elementos personales tras algo impersonal” decía el director. Y tras la aparente impersonalidad de una comedia que cuenta improbables historias de investigaciones matrimoniales y amores caprichosos y momentáneos, Bogdanovich pone en escena “el nuevo amor”, “su nuevo amor”… ese que no pudo ser (…).
Texto (extractos):
Vittorio Giacci, Peter Bogdanovich,
45º festival de cine de San Sebastián & Filmoteca Vasca, 1997.
Eduardo Torres-Dulce