(…) Se ha comentado ampliamente la influencia que La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964) tuvo sobre obras televisivas de Narciso Ibáñez Serrador como Mañana puede ser verdad (1964-1965) o Historias para no dormir (1966-1982), pero no tanto sobre el influjo que pudo haber tenido sobre el planteamiento narrativo de una película tan particular y brillante como LA HORA INCÓGNITA. (…) Esa extrañeza que produce recorrer un espacio cotidiano, que nos resulta familiar, pero totalmente vacío: a ello responde el momento en que el personaje de José Luis Ozores, recién levantado de una borrachera, entra en un bar donde no hay ni un alma, pero en el que las máquinas siguen en pleno funcionamiento. No obstante, cabe señalar que, para paliar el riesgo que está asumiendo, el director no renuncia del todo al género en el que se siente más cómodo, la comedia. (…) Eso sí, desde el momento en que todos sus personajes se cruzan en la iglesia en la que oficia el personaje de Fernando Rey, ese blanco y negro que traía al recuerdo a las comedias berlanguianas de principios de los 50 se aproxima, de nuevo, a los postulados de Serling, hasta desembocar en un clímax que, a pesar de las resonancias religiosas que antes apuntadas, resulta particularmente duro. Sobre todo, por la sequedad con la que deja al espectador desamparado, sin esperanza alguna a la que agarrarse (…).
Texto (extractos):
Tonio L. Alarcón, “La hora incógnita: que vienen los misiles”, en dossier “Pánico nuclear”,
rev. Dirigido, julio-agosto, 2024