Este encuentro nace en un momento especialmente significativo para la Universidad de Granada. Este año comenzamos la celebración del V Centenario de su fundación, que se extenderá entre 2026 y 2031. Desde La Madraza hemos querido aprovechar esta efeméride no solo para mirar hacia atrás, sino también para preguntarnos qué universidad somos y, sobre todo, qué universidad queremos ser.
Esa pregunta nos ha llevado inevitablemente a reflexionar sobre el papel cultural de la universidad y sobre lo que tradicionalmente hemos llamado «extensión universitaria». Y enseguida comprobamos algo que está en el origen mismo de este encuentro: sabemos relativamente poco acerca de cómo se está articulando hoy la extensión cultural en las universidades públicas españolas.
Existen, por supuesto, trabajos pioneros que nos sirven de referencia, como el informe sobre extensión crítica elaborado por Hegoa o los estudios del Observatorio Atalaya. Pero, a diferencia de lo que sucede en ámbitos como la investigación, la docencia o la transferencia, quienes trabajamos en cultura universitaria carecemos de espacios estables en los que compartir nuestras líneas de trabajo, nuestros modelos de gestión, nuestros problemas y nuestros retos.
A esta ausencia de espacios comunes se suma una enorme diversidad institucional. En cada universidad, la cultura y la extensión se organizan de manera distinta: como secretariado, como dirección, dentro de un vicerrectorado; vinculadas en ocasiones a deportes, a sostenibilidad, a participación o a otros ámbitos. Y tampoco entendemos siempre lo mismo por «extensión»: puede abarcar desde la programación cultural hasta los cursos de verano, la formación complementaria, la divulgación o las relaciones con el territorio.
Esta diversidad es, por supuesto, una riqueza. Pero pensamos que también merece ser analizada. Porque detrás de esa disparidad de nombres y estructuras puede haber una disparidad de funciones, de reconocimiento institucional y, finalmente, de capacidad de impacto.
Y aquí aparece una cuestión que para nosotras es fundamental: cómo evitar que la cultura universitaria se diluya entre múltiples actividades y competencias hasta perder de vista uno de sus mayores potenciales, que es convertir a la universidad en un agente cultural fundamental de su territorio. Esto resulta especialmente importante en aquellas ciudades que se definen, precisamente, como ciudades universitarias.
Nuestra intención con esta jornada no es, por tanto, presentar modelos cerrados ni llegar necesariamente a conclusiones definitivas. Queremos, antes que nada, reconocernos, escucharnos y poner en común experiencias. Y, a partir de ahí, explorar la posibilidad de generar una red estable de extensión y cultura de las universidades públicas españolas: un espacio que nos permita mantener el diálogo, compartir recursos, detectar problemas comunes y pensar conjuntamente cuál puede ser el papel cultural de la universidad pública contemporánea.
Para ello hemos planteado dos foros de conversación en los que participarán personas procedentes tanto del ámbito universitario como del ecosistema cultural, invitadas por La Madraza y por el Ministerio de Cultura. Después de cada uno de ellos abriremos el debate al público, porque nos interesa especialmente que esta conversación no se limite a quienes están inicialmente en la mesa.
El encuentro contará además con una relatoría, que recogerá las principales ideas, preguntas y propuestas surgidas durante las sesiones. Queremos que lo que ocurra el 9 de noviembre no termine cuando finalice esta jornada, sino que pueda servir como punto de partida para continuar trabajando juntos.
Ese es, en definitiva, el propósito de este encuentro: empezar a construir un espacio común desde el que preguntarnos qué significa hoy hacer cultura desde la universidad pública, qué responsabilidades tenemos con nuestros territorios y qué podemos hacer mejor si comenzamos a pensarlo colectivamente.