EL PIRATA NEGRO

The black pirate, Albert Parker y Douglas Fairbanks, EE.UU, 1926 [95’]

16 octubre 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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16 octubre 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

(…) EL PIRATA NEGRO atesora el mérito nada desdeñable de tender un puente entre la mitología popular en torno a la piratería y el cine. Así pues, en el film de Albert Parker & Douglas Fairbanks disfrutamos físicamente de la presencia del capitán filibustero cuyos modales caballerescos ocultan un tormentoso secreto; del corsario de aspecto perverso, ataviado con una raída levita oscura y un pañuelo atado a la cabeza; del bucanero con el torso al descubierto, tostado por el sol, y armado hasta los dientes con pistolas y machetes… También asistimos atónitos al violento abordaje de un bergantín; presenciamos el estremecedor “paseo por la plancha”, antes de ser lanzada a las oscuras aguas oceánicas, de una de las víctimas de los piratas; verificamos el pánico que despierta entre las pacíficas naves de carga el avistamiento del estandarte negro con una calavera y dos tibias cruzadas; vibramos con el duelo final a espada entre el villano y el héroe… En definitiva, podemos percibir en todas y cada una de sus imágenes el genio literario de Lord Byron, Robert Louis Stevenson, Emilio Salgari o Rafael Sabatini (…). En EL PIRATA NEGRO la acción predomina sobre cualquier forma de retórica –su casi perfecta construcción visual hace que el film tenga muy pocos intertítulos-, sin vacilaciones narrativas, sin desórdenes estilísticos ni fragmentaciones dramáticas, sin tiempos muertos ni movimientos rápidos, expresándose el sentir de los personajes, el pensamiento de los autores del relato, a través de la acción, pues la vida es acción (…).

(…) EL PIRATA NEGRO es una de las películas más conocidas sobre las que se apoya la fama de Douglas Fairbanks (1883-1939) en su doble vertiente de actor y de acróbata. Visto hoy, lo que más sorprende del film, en su principio, es la crueldad de algunos detalles poco frecuente en el cine de aventuras de la época, aunque, eso sí, estén expresados fuera de campo (…). La película está repleta de detalles de puesta en escena, de planificación, que elevan el tono sórdido e hiperrealista de la historia según un argumento de “Elton Thomas” -seudónimo del propio Douglas Fairbanks-, neutralizando de este modo parte de los elementos folletinescos que la articulan. Desde el primer momento está claro que en EL PIRATA NEGRO no se idealiza la figura del pirata, sino que se llama la atención sobre su crueldad. En este sentido, el inicio está más cerca de los sombríos El pirata Barbanegra o El capitán Kidd que de El capitán Blood. (…) El film atesora el mérito nada desdeñable de tender un puente entre la mitología popular en torno a la piratería y el cine. Así pues disfrutamos físicamente de la presencia del capitán filibustero cuyos modales caballerescos ocultan un tormentoso secreto; del corsario de aspecto perverso, ataviado con una raída levita oscura y un pañuelo atado a la cabeza; del bucanero con el torso al descubierto, tostado por el sol, y armado hasta los dientes con pistolas y machetes… También asistimos atónitos al violento abordaje de un bergantín; presenciamos el estremecedor “paseo por la plancha”, antes de ser lanzada a las oscuras aguas oceánicas, de una de las víctimas de los piratas; verificamos el pánico que despierta entre las pacíficas naves de carga el avistamiento del estandarte negro con una calavera y dos tibias cruzadas; vibramos con el duelo final a espada entre el villano y el héroe… En definitiva, podemos percibir en todas y cada una de sus imágenes el genio literario de Lord Byron –“El Corsario” (1814)-, Robert Louis Stevenson –“La isla del tesoro” (1882)-, Emilio Salgari –“El Corsario Negro” (1898)- o Rafael Sabatini –“El halcón del mar” (1915)-, así como la extraordinaria belleza y talento de pintores como Howard Pyle, N.C. Wyeth o Frank Schoonover. (…) Sin vacilaciones narrativas, sin desórdenes estilísticos ni fragmentaciones dramáticas, sin tiempos muertos ni movimientos rápidos. La acción predomina sobre cualquier forma de retórica -su casi perfecta construcción visual hace que el film tenga muy pocos intertítulos-, expresándose el sentir de los personajes, el pensamiento de los autores del relato, a través de la acción (…). EL PIRATA NEGRO es una reflexión sobre la audacia o, mejor dicho, sobre su lado más demoníaco; (…) el lado más solar, épico y poéticamente aventurero de semejante reflexión lo pone Fairbanks, uno de los actores más populares del cine silente estadounidense. Epítome del héroe novelesco, del aventurero desenvuelto y audaz, fustigador de tiranos y malvados, protector de los débiles y seductor paladín de hermosas damiselas, aquí consigue una de sus más emocionantes interpretaciones cinematográficas, gracias a sus acrobacias y tumultuosas peleas. A partir de ese momento, de Errol Flynn – El halcón del mar (1940)- a Robert Shaw –El corsario escarlata (1976)-, pasando por Burt Lancaster –El temible burlón (1952)-, casi todos los piratas que en el cine han sido se parecerán mucho a Fairbanks (…)

Texto (extractos):

Antonio José Navarro, “El pirata negro”, Dirigido, junio 2006

José Mª Latorre, “El pirata negro”, Dirigido, febrero 1996

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