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07 abril 2025 | 20:30
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

(…) Los títulos de crédito de EL GRAN GATSBY, versión 1974, desfilan sobre encuadres de salones, estancias, fotos y objetos de la casa vacía, espacios y mobiliario inanimados, el recuerdo fantasmal de lo que pasó pero que en el film está por llegar. El decorado tiene siempre un valor especial y Clayton sabe sacarle a veces un buen partido. (…) Hay buenos momentos aislados, sensaciones hermosas que se evaporan como cuando Gatsby comenta que el verano se acaba y dan ganas de cerrar la mano y retenerlo o la primera aparición de Robert Redford, visto a contraluz, a una cierta distancia, convertido en una melancólica y fantasmal silueta (…).

Texto (extractos):
Quim Casas, dossier “Francis Scott Fitzgerald:
films hermosos, films malditos”,
rev. Dirigido, febrero 2009.

(…) Los títulos de crédito de EL GRAN GATSBY, versión 1974, desfilan sobre encuadres de salones, estancias, fotos y objetos de la casa vacía, espacios y mobiliario inanimados, el recuerdo fantasmal de lo que pasó pero que en el film está por llegar. El decorado tiene siempre un valor especial y Clayton sabe sacarle a veces un buen partido. (…) Pero el film nació imbuido de la moda “retro” que asoló el cine norteamericano de los setenta, con lo que, siendo la adaptación del libro clave de Fitzgerald, es también un producto sustentado en una estética espectacular y decorativista, más propia de un filmlet publicitario que de un largometraje argumental (…). La reconstrucción de época parece tener más importancia que la propia historia relatada (…). La fotografía de Douglas Slocombe está contaminada por la invasión estética, antes que ética, de esa moda, con exceso de brillos y de flous, que es la única solución que encontraron los responsables de la película para intentar expresar el fulgor inherente en los relatos de Fitzgerald. (…) Y es que la fidelidad de la película para con la novela es totalmente superficial: respeta su argumento y su letra

-incluso cuando sus diálogos resuItan inadecuados para el cine-, sin enterarse de que “The Great Gatsby” es una novela bastante frágil desde un punto de vista narrativo. (…) Clayton no pudo sobreponerse a la carga del esteticismo y a los vaivenes de una producción que nunca fue estable (…) donde destaca uno de los errores de casting más garrafales que se recuerdan (superior al de Ingrid Boulting en El último magnate): Mia Farrow, como Daisy, más alelada que extraviada, más histriónica que exagerada. (…) Pero, y con todo, hay buenos momentos aislados, sensaciones hermosas que se evaporan como cuando Gatsby comenta que el verano se acaba y dan ganas de cerrar la mano y retenerlo; escenas rodadas con cierta inspiración – las que preceden al asesinato de Gatsby-; intentos de pulsión amorosa que se ciñen a las palabras dichas –Daisy: “Amo hasta la forma en que me amas”- o la primera aparición de Robert Redford, visto a contraluz, a una cierta distancia, convertido en una melancólica y fantasmal silueta que, al ponerse el sol, intenta vislumbrar la luz verde del embarcadero de Daisy, al otro lado de la bahía, soñando con recuperar el pasado (…).

Texto (extractos):

Miguel Marías, “El gran Gatsby”,  rev. Dirigido, noviembre 1974.

Quim Casas, dossier “Francis Scott Fitzgerald:

films hermosos, films malditos”,  rev. Dirigido, febrero 2009.

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