Stroszek (1977)

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

Introducción

Información complementaria al ciclo «Maestros del cine contemporáneo (IX): Werner Herzog (2ª parte)» que el Área de Cine y Audiovisual (Cineclub Universitario / Aula de cine) de La Madraza, en colaboración con el Goethe Institut, nos ofrece durante el mes de Enero de 2020, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, a las 21:00 horas. Las películas que componen este ciclo se proyectarán en versión original con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo. Recordamos que en la sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

El camino hacia Strozsek

Según explicaba Herzog, “Bruno era muy consciente de que El enigma de Gaspar Hauser trataba acerca de cómo la sociedad le había destruido a él, cómo del modo en que la sociedad había matado a Gaspar Hauser. Quizá por eso prefería mantenerse anónimo, y yo aún le llamo el Soldado Desconocido del Cine”. STROZSEK surge de forma aún más directa de la figura de Bruno S., a quien Herzog había prometido convertir en protagonista de un proyecto posterior, Woyzeck, finalmente realizado en 1977. Pero el cineasta se dio cuenta de que Bruno no era capaz de afrontar ese papel. Cuando trató de comunicárselo, percibió tal desazón al otro lado del teléfono, que le prometió que escribiría en una semana otro papel para él. Y le dio como título STROZSEK, lo primero que le vino a la mente que se pareciera a Woyzeck, y nombre de uno de los personajes de su primer largometraje, Signos de vida (1968), pero sin ninguna relación con la nueva historia.

La historia de Bruno Strozsek

En una semana Herzog tenía terminado el guión del film que narra la historia de Bruno Strozsek, con muchos punto en común con la del propio Bruno S. (el apartamento del personaje es el del propio actor, para empezar), un hombre que sale de la cárcel y tiene como únicos amigos a una prostituta (maltratada por dos chulos que atacan también a Bruno) y a un viejo vecino, con los que emprende una huida a Wisconsin con la intención de encontrar una vida mejor. La forma de hablar de Bruno S., en parte consecuencia de sus esfuerzos por modificar el particular dialecto de los suburbios berlineses, y resultado también de su peculiar modo de razonar y expresarse (a menudo hablaba de sí mismo en tercera persona), unen a ambos personajes con similares rasgos en una interpretación engolada y naturalista al mismo tiempo, excéntrica e inocente, dotada de una insólita perspicacia. En el film que el cantante de Joy Division, Ian Curtis, vio antes de suicidarse, la desesperación no tiene cabida; es más, STROZSEK contiene notables rasgos de humor, como el enloquecido asalto de los dos hombres a varios establecimientos. Este Bruno, como Gaspar, se siente incapaz de repeler la violencia o reaccionar al peligro (es tremenda la secuencia en que los dos chulos asaltan el apartamento y vejan a Eva y a Bruno); no comprende tampoco por qué Estados Unidos no se revela para él como la tierra de la oportunidad de hacer dinero que veía como algo natural (aunque Herzog no incide en una lectura global del capitalismo). Dos planos equivalentes, el de Bruno solitario, de espaldas, en medio de una calle anodina y grisácea de Berlín, y el que posteriormente lo muestra observando el campo vacío donde se hallaba la “mobile home” que había comprado junto a sus compañeros de aventuras, reflejan la impotencia de un hombre incapaz de asimilar por qué no puede tener una relación con el mundo tan espontánea y natural como la que logra con la música (otra característica común con Gaspar y con el propio Bruno S.).

Cierre

En la sorprendente secuencia final, la gallina condenada a bailar eternamente en su habitáculo, y la camioneta que Bruno deja girando sobre sí misma (igual que hacían los rebeldes de También los enanos empezaron pequeños), antes de que el protagonista suba al teleférico hacia una montaña inalcanzable, parece recordarnos, sin embargo, la crueldad de una sociedad que no permite salida posible para los inadaptados, difíciles o desamparados. Bruno S., quién además de interpretar sus canciones con el acordeón o el xilófono en las calles, también fue pintor y trabajó como operario de carretillas elevadoras, murió en 2010. Solo volvió al cine con un par de pequeños papeles y como protagonista del cortometraje Vergangen, vergessen, vorüber (Jan Ralske, 1993).

Fuente: Cuaderno del ciclo «Maestros del cine contemporáneo (IX): Werner Herzog (2ª parte)«.