Nosferatu, vampiro de la noche (1979)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

Introducción

Información complementaria al ciclo «Maestros del cine contemporáneo (IX): Werner Herzog (2ª parte)» que el Área de Cine y Audiovisual (Cineclub Universitario / Aula de cine) de La Madraza, en colaboración con el Goethe Institut, nos ofrece durante el mes de Enero de 2020, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, a las 21:00 horas. Las películas que componen este ciclo se proyectarán en versión original con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo. Recordamos que en la sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Os agradecemos vuestra colaboración.

Revisión personalizada de la obra de Murnau y de Stoker

Herzog, en NOSFERATU, VAMPIRO DE LA NOCHE (1978), no ejecuta un remake ni pretende rehacer Nosferatu, el vampiro (F. W. Murnau, 1922). De hecho, es una revisión personalizada de la obra de Murnau, muy atenta a su talante visionario, que recoge su estructura narrativa dual (y simétrica: al viaje de Jonathan Harker a los Cárpatos, a la morada de Drácula, se corresponde el recorrido inverso de éste a la ciudad de Wismar, acompañado de la peste, la invasión de ratas y la instalación del caos), a la que rinde tributo al retomar determinados momentos, situaciones, citas literales (un ejemplo: el plano de Drácula en la cubierta del barco) o por el maquillaje de Drácula / Nosferatu que hace caso omiso de la línea Universal / Hammer, pero tremendamente relacionada, iluminada por las constantes narrativas y plásticas de su filmografía. Herzog efectúa una relectura moderna, espoleando el onirismo y la fantasía, del mito del vampiro, dotándole de una angustia existencial muy peculiar, haciéndole más humano, convirtiéndole en un ser irremediablemente triste, marcado por su sed de amor. Además de otras atractivas aportaciones como el intento de Nosferatu de participar en el amor de la pareja Lucy y Jonathan convirtiéndose en el vértice de un deseado triángulo, o en el final en que el sacrificio de Lucy es baldío para la salvación de Jonathan, que metamorfoseado en vampiro parte a expander la nueva epidemia, como ya ocurría en El baile de los vampiros (Roman Polanski, 1967).

Herzog se aproxima al espíritu y a la letra de la novela de Bram Stoker. Por un lado al incidir en elementos de la obra como el diario de Jonathan Harker, el cuaderno de bitácora del capitán del navío, en el dibujo del profesor Van Helsing, apacible e incrédulo, que rehúsa la creencia en la mitología, en la superstición, pero que acabará acusado (y más o menos detenido) de (re)matar a Drácula. En segundo lugar, en su definición del vampiro como un ser de hechizo voluptuoso, naturaleza maligna, abrazo fatídico y repulsivo, pero que también simboliza un amor que trasciende el tiempo y el espacio; amén de soportar la maldición de la inmortalidad.

Cierre

En el film hay un apasionante trabajo sobre los mitos y su representación, un interesante estudio e interrogación acerca de los mecanismos del lenguaje y la cultura  y una provechosa reevaluación de la iconografía (y la cultura) del romanticismo alemán. Sueños, reclamos musicales, sombras escénicas y sombras narrativas, naturaleza viva; un muerto que busca la manera de perpetuarse en la vida, una pareja amenazada por un muerto que continúa estando vivo, un sacrificio por amor, la luz asociada con la vida, la oscuridad vinculada a la muerte, la atracción del abismo … Diríase que el NOSFERATU… de Herzog contiene un catálogo de figuras del espíritu romántico (literario, musical y pictórico), pero esta vez no se trata de una maniobra divulgadora sino de la inmersión del autor en un mundo que le es particularmente grato.

Fuente: Cuaderno del ciclo «Maestros del cine contemporáneo (IX): Werner Herzog (2ª parte)«.