La casa en la sombra (1951)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

“Me gusta la historia de un hombre cuyo trabajo como miembro de una patrulla de policía consiste en atajar o prevenir la violencia y que lleva, sin embargo, esa misma violencia dentro de si. El hombre concreto del que tomé buena parte del comportamiento y gestos físicos era un miembro de la ‘violence squad’ de Boston, que me autorizó a acompañarle en sus salidas. Era un hombre soltero que se hizo policía para que su hermano fuese a la universidad y pudiera estudiar para sacerdote. Cuando su hermano era ya sacerdote, él se había convertido en un policía que seguiría siéndolo a menos que le expulsaran por ser demasiado violento, y en realidad lo era”.

Nicholas Ray

Introducción

Publicación dedicada a La casa en la sombra (1951), película que, el 23/10/18, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario de la Universidad de Granada (Antigua Facultad de Medicina), continúa el ciclo Cineclub universitario meets Granada Paradiso (II): Mathis/Lupino/Hayworth – Tres creadoras, tres estrellas. Versión original en inglés subtitulada en español. Entrada libre hasta completar aforo.

Otras películas de este ciclo: Ben-Hur (1925).

La América de La casa en la sombra: Dos tonos atmosféricos

La América de la casa en la sombra es diferente, urbana en su primer segmento, aunque extremadamente violenta y deprimente para unos policías que se pasan el día limpiando la suciedad de los demás, y muy tensa pese a ubicarse en su segunda parte en un ambiente rural, aunque no podemos hablar de un thriller rural Jim Wilson, el policía protagonista, encuentra en las montañas la paz que no ha tenido en la ciudad.

Por otra parte, si el primer bloque urbano, un noir oscuro y sombrío, se acoge al realismo sucio, el segundo se inserta mejor en el melodrama/thriller blanco, separados ambos por el viaje de Wilson en coche, cambiando magníficamente el paisaje no solo para contextualizar el espacio, sino también para conferir a la narración de dos tonos atmosféricos.

El nihilismo devastador y suicida del protagonista

El asesinato de un policía los días previos tiene a toda la unidad dando vueltas por la ciudad. Hay algo  crispado y tenebroso en sus patrullas por las calles; un sentido narrativo casi azaroso, errático. Ray filma con precisión los gestos y rituales cotidianos de los agentes antes de empezar a patrullar: Uno, Pete Santos (Anthony Ross), acaba de anudarse la corbata mientras su joven esposa le suplica que se quede; otro, Pop Daly (Charles Kemper), el más veterano, apura el tiempo con su familia viendo la televisión, mientras que el tercero, Wilson, acaba de comer en solitario en un apartamento carente de cualquier seña de identidad: Un lugar de paso ya que el mundo de Wilson se encuentra en el coche, el departamento de policía, la sala de interrogatorios, los bares y las calles. Ningún otro plano mejor para definirlo que aquel en el que la camarera del bar al que acuden regularmente le dice: “sólo faltaría que mi novio pensara que salgo con un policía”. Pop y Pete ríen la ocurrencia, pero Jim Wilson se gira bruscamente y su rostro sudoroso queda enmarcado en un agónico primer plano. Esta secuencia es inmediatamente posterior a la del transeúnte que detienen por equivocación y acaba insultándolos en plena calle. Ray ha tardado bien poco en descentrar, visual y emocionalmente, a su protagonista, quien no es ni el policía emblemático estilo James Stewart o James Cagney, ni el detective escéptico que sabe aprovecharse de su trabajo, ni el inspector de modos contundentes al estilo Harry Callahan. Eso sí, como el personaje interpretado por Clint Eastwood, recibe la repulsa de sus superiores por pasarse de la raya en las detenciones y los interrogatorios, pero su nihilismo devastador y suicida le pertenece sólo a él en la historia del género.

Cierre: El punto de vista de los policías

La casa en la sombra se abre con un plano en movimiento filmado desde el interior de un coche patrulla de la policía, un travelling interior que nos adentra en la noche y en la ciudad al compás de la música más característica de Bernard Herrmann. Este movimiento, el travelling “hacia dentro” con la cámara situada fija en el interior de un coche, define el film. En la casa en la sombra se trata de situarnos en el punto de vista de los policías, ya que todo el relato está ejecutado a partir del carácter de uno de los agentes, el violento y nervioso Jim Wilson (Robert Ryan), y de conocer con ellos el espacio que transitan cada noche.

Fuente: Cuaderno del Cineclub Universitario / Aula de Cine.

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