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INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO (1984)

Área de Cine y Audiovisual

Por La Madraza

Palabra de director y crítica

indiana-jones-and-the-temple-of-doom“Ciertas películas como las de Indiana Jones, deben tener continuaciones, porque cada una de ellas es una pequeña aventura, es como si se tratara de una antología. Lo que me parece mal es que películas como Tiburón tengan continuaciones. Maté intencionadamente al tiburón para que no las hubiera (…) No veo INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO como secuela de En busca del arca perdida. Creo que son dos películas diferentes que se centran en un personaje heroico y romántico que es Indiana Jones. Cada historia trata de este personaje, de sus aventuras en situaciones distintas. Creo incluso que INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO es otro tipo de cine de aventuras. Tiene un equilibrio más cuidado entre el terror y la comedia que la anterior, que era más bien una aventura directa, sin más. Hay cosas que están planteadas para producir un mayor terror que en la primera”.

Steven Spielberg

INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO es el triunfo definitivo (¿puede, Dios mío, acaso haber algo aún más perfecto?) del cine para sentir y no pensar. Cine que desafía las categorías hegelianas de los sentidos que el filósofo llamaba ‘teóricos’ –la vista y el oído-, tratando a ambos como al olfato o al tacto (…) Spielberg obliga a que ambos sistemas de percepción devoren la materia ofrecida con fruición o gula; el torbellino, la cadencia, impiden la reflexión, y el espectador, perdido todo control o censura interior, se dispone a comer con los ojos la película (…) Para mí, INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO es un ejemplo cumbre de esa inundación o derrame sensorial; es, literalmente, una cinta irresistible desde sus primeras imágenes: la asombrosa secuencia del baile del antídoto y el diamante por el suelo del cabaret, de un virtuosismo difícil de superar. El resto del film (…) es una revisitación al tiempo en que el cine no era un conflicto entre humanos sino una sucesión de trucos de prestidigitación. El tiempo en que las figuras de la pantalla no alcanzaban el logos ni casi eran hombres, sino borrosos y desconcertantes destellos de luz. Un luz cegadora y cálida.

Vicente Molina Foix

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Referencias Cinematográficas

   Es 1935 y estamos en un delirante Shanghai reminiscente de viejas aventuras sentimentales de Marlene Dietrich, en un club nocturno que, en homenaje nada disimulado al personaje que en La guerra de las galaxias interpretaba Alec Guinnes, se llama ‘Shanghai Obi-Wan’. De nuevo arranca Spielberg con una escena de pura emoción, diez minutos donde se repasa nostálgicamente el músical clásico del cine norteamericano, con Busby Berkeley de figura epítome, las grandes peleas tabernarias en la mejor tradición Victor McLaglen -con o sin John Ford– y donde la nueva heroína, cantante de cabaret -y con la que pronto Indy iniciará “una batalla de sexos” con constantes referencias a la “screwball comedy” de Gregory La Cava e, incluso, Howard Hawks– desgrana (o destroza, según se mire) un conocido tema de Cole Porter, ‘Anything goes’, cuyo ‘Todo vale’ o ‘Todo puede pasar’ es el espíritu que animará (y dará la razón de ser o las reglas del juego) a todo lo que está por venir.

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Homenaje y reinterpretación

   Ya de entrada, INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO no establece conexiones con el concepto del cine espectáculo habitual en los años 80 (directamente vinculado con el público juvenil) sino que, por el contrario, toma muy en serio sus influencias cinematográficas, aplicándolas incluso a la puesta en escena (el frustrado encuentro amoroso entre Indiana y Willie en la habitación de ésta última, es una muy inteligente utilización del clásico “juego de las puertas a lo Lubitsch”). Esto, en esencia, hace que el film fluctúe entre el consciente homenaje y la reinterpretación del período, sin dejar claro, jamás, en cuál de éstos flancos acaba asentándose con mayor comodidad.

Peculiaridades de INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO

indiana-jones-temple-of-doom    El elemento que acaba otorgándole a éste film toda su personalidad es el ritmo imparable, la sucesión de acontecimientos que, por momentos, escenifican un nuevo concepto del “más difícil todavía”, haciendo de la hipérbole y lo imposible una razón de ser y un estilo propio. A la película se le pueden achacar diversas soluciones argumentales excesivamente manidas, pero no su tratamiento fílmico, su integración dentro de un todo que alcanza (literalmente) velocidades de vértigo a lo largo de sus casi dos horas de duración. No cabe la menor duda (y menos en éstos días que corren) que Steven Spielberg es uno de los más grandes narradores del cine contemporáneo, pero ello queda más que patente cuando se observa el nivel logrado a la hora de implicar al espectador en una trama que se sirve, casi exclusivamente, de estereotipos. Una implicación que no se basa en los aspectos sentimentales sino en el tratamiento de la emoción cinematográfica, de la conexión directa con un cúmulo de sensaciones que nos retrotraen, directamente, a estados primigenios y esenciales de nuestro ser y que únicamente un talento como el de Spielberg puede extraer a la luz mediante la empatía directa con unas imágenes en movimiento. El frenético, extraordinario bloque de la persecución de las vagonetas por los túneles y el momento en que Indiana Jones corta las cuerdas que unen el quebradizo puente son, sin duda, secuencias que producen efectos muy intensos en el espectador.

indiana-jones-and-the-temple-of-doom    En INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO, Lucas & Spielberg marcaron una cierta distancia respecto al concepto serial de su antecesora, y se inspiraron más bien en el cine de aventuras exóticas de la época dorada de Hollywood: su aproximación a la cultura india, inspirada por Gunga Din (id.; George Stevens, 1939), uno de los films favoritos del director. De ahí parte también otro detalle que marca el estilo visual de la secuela: que, en su gran mayoría, está rodada en estudio -ante la negativa del gobierno chino a rodar escenas en la Gran Muralla-, aunque la naturalista iluminación del director de fotografía Douglas Slocombe lleve a pensar lo contrario, pues a Spielberg le gustaba “la idea de volver al anticuado ‘sistema de estudio’, a la metodología del artesano en el cine del mismo modo que en los años 30, con paneles pintados y todo eso; filmas el fondo en el campo, pero gran parte de los detalles se añaden en el laboratorio”. Lo que marca el estilo ligeramente falso, hipercoreografiado, de las grandes set pieces del largometraje, sobre todo la secuencia inicial, ésta sí, puro Bond, y la huida en la vagoneta, auténtica maravilla en cuanto a ritmo, precisión de movimientos y uso de los efectos especiales que, por su misma complejidad, habría sido prácticamente imposible de rodar en exteriores.

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   Lucas quería para esta aventura en la India unos villanos diabólicos y para ello, de nuevo, Gunga Din fue la solución, aportando a los malvados thughs. Los thughs, subgrupo entre los devotos de la diosa Kali, fueron rebautizados como thugees y se les transformó en depositarios de unos ritos sanguinarios procedentes de un gran número de creencias: cardiectomía azteca, sacrificios volcánicos de Hawaii o cultos al diablo procedentes de Europa. Se contrató a Willard Huyck y Gloria Katz para tomar las riendas del libreto pues, además de estrechos colaboradores de Lucas, tenían experiencia previa en el cine de terror con su única película como directores, la lovecraftiana Messiah of Evil (1973). Y Spielberg, tras la experiencia de Poltergeist (Poltergeist, Tobe Hooper, 1982) y En los límites de la realidad (Twilight Zone: The Movie; John Landis, Steven Spielberg, Joe Dante, George Miller, 1983), parecía estar especialmente predispuesto a adentrarse en ese género.

Autorreferencialidad y superheroísmo

indiana_jones   En INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO nace la autorreferencialidad: ahí están el guiño al famoso gag del disparo al espadachín –Indy se encara a una especie de hermano gemelo del citado personaje, y cuando de nuevo va a hacer uso de su revolver se encuentra con el cargador vacío- o la secuencia en la que Jones ha de enfrentarse a las trampas que oculta el templo donde se ambienta la acción. De hecho, en esta ocasión el personaje de Ford ejerce mucho menos de arqueólogo y mucho más de (super)héroe, lo que marca un cambio en su tratamiento dramático muy relacionado con la ausencia de Lawrence Kasdan en el guión: es en esta película en la que se impone la idea de Lucas de convertirlo en “un superhéroe en el mejor sentido de la palabra, en la tradición de un hombre como John Wayne, Clint Eastwood o Sean Connery, al que puedes mirar y decir: ‘Es alguien que realmente conoce su trabajo. Es muy bueno en lo que hace y alguien muy peligroso’”. Los detalles humanos, la falibilidad que desprendía durante En busca del arca perdida aquí cambian por un carácter mucho más asertivo, más resolutivo: allá donde antes se imponía por pura suerte, aquí lo hace por unas facultades físicas súbitamente multiplicadas, que le permiten además establecer una relación sentimental más testosterónica, y no tan melancólica como en la anterior película, con la partenaire femenina que interpreta Kate Capshaw. A esto no es ajeno que el personaje de Willie Scott responde más al modelo clásico, del cine de los años 30, de la compañera engorrosa y molesta, asustadiza y llorona, que se pasa toda la película gritando y quejándose.

Ficha técnica

  • indiana_jones_and_the_temple_of_doomAño.- 1984.
  • Duración.- 118 minutos.
  • País.- EE.UU.
  • Género.- Aventuras.
  • Título Original.- Indiana Jones and the Temple of Doom.
  • Director.- Steven Spielberg. 
  • Argumento.- George Lucas.
  • Guión.- Willard Huyck y Gloria Katz.  
  • Fotografía.- Douglas Slocombe (Panavisión – Rankcolor).  
  • Montaje.- Michael Kahn. 
  • Música.- John Williams. 
  • Productor.- Robert Watts y Kathleen Kennedy.  
  • Producción.- LucasFilm para Paramount.
  • Intérpretes.- Harrison Ford (Indiana Jones), Kate Capshaw (Willie Scott), Ke Huy Quan (Short Round), Amrish Puri (Mola Ram), Rushan Seth (Chattar Lal), Philip Stone (capitán Blumburtt), Dan Aykroyd (Weber), Raj Singh (pequeño Maharajá), Roy Chiao (Lao Che).
  • Premios.- 1 Oscar: Efectos Visuales (Dennis Muren, Michael McAlister, Lorne Peterson y George Gibbs). 1 Candidatura: Banda Sonora.

Ciclo Indiana Jones, 35 años de aventuras

   Si os ha gustado este post os animamos a compartirlo para que el mayor número de personas posible asistan y disfruten hoy de esta película, que forma parte del ciclo “Jornadas de Recepción: Maestros del cine contemporáneo (VII): Steven Spielberg (2ª parte). Indiana Jones, 35 años de aventuras, organizado por el Área de Cine y Audiovisual (Cine Club Universitario) de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias, a las 21:00 horas. Versión original en inglés con subtítulos en español. Entrada libre (hasta completar aforo). ¡Muchas Gracias!

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    Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario.

 

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