El Caballero Oscuro (2008)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

históricamente hablando, el monstruo ha representado una forma de alteridad frente a los sistemas normativos, una figura marginal que se sitúa más allá de las normas, tanto morales como estéticas. Cumple una doble función: la de amenaza del orden y la de conformación de la alteridad frente al modelo dominante […]. El monstruo, en la representación clásica, si por una parte inquietaba, por otra tranquilizaba porque alejaba el horror, lo remitía a formas contra natura que, por deformes, inhumanas, no nos afectaban directamente. Lo monstruoso hacía de exorcismo del mal. Hoy, la figura es mucho más ambivalente, la frontera entre lo monstruoso y lo humano se hace borrosa.”

“Batman es un monstruo (del bien), lo mismo que Joker lo es del mal, y su origen es idéntico, es producto de las Sombras”.

Gérard Imbert

Yo no quiero matarte, ¡qué haría yo sin ti! ¿Volver a robar a los mafiosos? No, no, tú me completas”.

 “Soy un agente del Caos ¿Y sabes lo que tiene el Caos? Que es justo”.

“La locura es como la gravedad; basta un pequeño empujón…”.

Joker

Introducción

La película El Caballero Oscuro (2008) continúa el ciclo “Cineastas del siglo XXI (IV): Christopher Nolan” y “Cineclub Universitario meets Granada Noir (II): negras viñetas en negro celuloide“, el 23 de noviembre de 2018, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario (Antigua Facultad de Medicina en Av. de Madrid). Ciclo organizado por el Cine Club Universitario / Aula de Cine de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada. La película se proyectará en versión original en inglés con subtítulos en español y la entrada a la misma es libre hasta completar aforo.

Una versión contemporánea de los vigilantes del cine policíaco norteamericano de los setenta

Nolan consiguió que El Caballero Oscuro fuera el formidable espectáculo diseñado por Warner; y, al mismo tiempo, devolverle a Batman su condición primigenia de vengador solitario, de justiciero al margen de la ley, de manera que el personaje acaba convirtiéndose en una versión contemporánea de los vigilantes que imperaron en el cine policíaco norteamericano de los años setenta. Todo ello ofrecido en el marco de un film adulto y sugerente, y hasta cierto punto provocativo, por lo que tiene de audaz interferencia, combinación o mezcla de géneros, subgéneros y variantes genéricas, en este caso el cine policíaco y el cine de superhéroes.

Dos monstruos, conscientes de su monstruosidad

El conflicto de El Caballero Oscuro se dirime en torno al enfrentamiento de dos personajes aparentemente antitéticos pero no tan distintos entre sí: Bruce Wayne, alias Batman (Christian Bale), y el Joker (Heath Ledger). La evolución de ambos no sigue en ningún momento cauces convencionales. Wayne continúa torturado por los rigores de su doble personalidad, la del frívolo multimillonario y la del superhéroe nocturno; ha perdido al amor de su vida, Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal), conocedora de esa doble vida e incapaz de compartirla con la suya; y empieza a estar cansado de su cruzada contra el crimen, que nada le aporta a nivel personal salvo dolor, soledad… y lágrimas: Batman aquí es incluso capaz de llorar. Consciente de su condición de outsider, Wayne ve una salida a su tormento en la figura del nuevo fiscal del distrito de Gotham City Harvey Dent (Aaron Eckhart), cuyo coraje y gallardía a la hora de plantar cara a los jefes del hampa de la ciudad le plantea la posibilidad de retirarse como Batman y cederle el testigo a alguien que, además, cuenta con las simpatías de la opinión pública. Dent es un hombre sin máscara: con un rostro humano; mientras que Batman es, aquí, más frío y duro que nunca: Le arranca información al mafioso Salvatore Maroni (Eric Roberts) arrojándolo desde gran altura y dejando que se rompa una pierna, y más adelante interroga brutalmente al Joker en una dependencia de la policía con la aquiescencia de los agentes de la ley.

Pero, así como Wayne/Batman intenta instaurar el Orden, por el contrario el Joker tan sólo vive para crear el Caos. Aquí no nos hallamos ante el criminal demente, burlón y excéntrico de los cómics de Kane o del primer film de Burton, sino ante un psicópata de rostro pintarrajeado, sonrisa dibujada en sus mejillas a golpe de cuchillo y de aspecto desaliñado, cuyas actividades están descritas con una extraordinaria fuerza antisocial y subversiva. Manipula a la mafia en su propio beneficio, robándoles sus fondos y obligándoles a negociar con él. Asesina, cuando le apetece, a sus compinches, entre ellos una pléyade de policías corruptos.

Batman y el Joker son dos monstruos. Ambos, además, son conscientes de su monstruosidad: De su diferencia; pero mientras que al primero le atormenta, el segundo se recrea en ella. Asimismo, las acciones de los dos repercuten negativamente en quienes tienen alrededor. Harvey Dent acabará convirtiéndose en otro monstruo, Dos Caras, por culpa del Joker (que le deforma) y de Batman (que no llega a tiempo de salvar a la mujer de la que está enamorado). Rachel quedará fatídicamente atrapada en un triángulo amoroso de trágica resolución. El teniente de policía Gordon (Gary Oldman) verá a su familia y su propia integridad física amenazadas. Hasta los amigos fieles de Wayne, el mayordomo Alfred (Michael Caine) y el ingeniero Lucius Fox (Morgan Freeman), sufrirán las consecuencias de esa amistad.

Tal como se plantea, ambos son síntomas de los desajustes del sistema. Batman lo es de las insuficiencias de nuestra sociedad para combatir sus lacras; el Joker lo es de la rabia que la consume. Esta embriaguez suya, el desenfreno y la furia son una forma de descreimiento y disidencia, y su apelación al Horror una forma retorcida de justicia.

Cierre: El Orden vencerá al Caos manipulando la verdad

El Caballero Oscuro funciona como turbulento melodrama en formato de violento thriller de acción; como tragedia abstracta pintada con inesperados trazos realistas; como brillante cruce de géneros de singular personalidad; y atesora uno de los finales más escépticos que se hayan visto en ninguna superproducción reciente de Hollywood, con Batman asumiendo una culpa que no es suya y convirtiéndose en un paria de la sociedad: “No es un héroe -sentencia Gordon, mientras el Hombre Murciélago corre a refugiarse en las tinieblas de la noche-: es un caballero oscuro”.

El Orden vencerá al Caos manipulando la verdad. La ciudadanía necesita héroes con un rostro, héroes sin máscara, no importa si enmascarados por la mentira. Para que impere la Ley, Batman debe ser colocado en busca y captura.

Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario / Aula de Cine.

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