Barry Lyndon (1975)

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

“Usamos la imaginación y los valores sociales para calibrar cómo era la gente que realizó las acciones sobre las que leemos. Inevitablemente, los juzgamos en base a nuestros estándares. También nos dirigimos a artefactos culturales de antaño para tener una visión más precisa de cómo era la vida para esas personas. (…) Finalmente, al imaginar la gente del pasado y su modo de vida, tendemos a usar las formas en que nuestros recuerdos nos traen nuestro propio pasado: no como una recolección cronológicamente exacta de eventos, sino como imágenes de instantes particularmente vividos”.

“The Perception of History on Kubrick’s Barry Lyndon” de William Stephenson

Introducción

Con Barry Lyndon (1975) el CineClub Universitario / Aula de Cine prosigue el ciclo “Maestros del cine moderno (VI): Stanley Kubrick (y 2ª parte)“. Cada una de las películas que integran el mismo se proyectarán, en versión original en inglés con subtítulos en español, todos los Martes y Viernes, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario (Antigua Facultad de Medicina en Av. de Madrid). Entrada libre hasta completar aforo.

Kubrick sigue analizando el comportamiento humano

Cuando abandonó su preparación de “Napoleón”, Kubrick se interesó por una novela semiolvidada de un escritor inglés, William Thackeray, pintor frustrado y humorista mordaz que moriría a los 52 años después de haber dilapidado una fortuna y alcanzado cierta fama literaria.

Kubrick trata de analizar el comportamiento del hombre de hoy, sitúe sus films en el año 2001, en el 1986 o en el siglo XVIII. Resulta curiosa la predilección de Kubrick por esta época, que ya había quedado patente en 2001 cuando Bowman aparece en una habitación amueblada estilo Luis XVI austríaco de 1780, al final de su viaje a través de mundos desconocidos. No parece muy aventurado opinar que Kubrick considera el siglo XVIII como aquél en que se delimitaron las características del mundo moderno, y punto de partida obligado si queremos remontarnos a los orígenes de un determinado comportamiento.

El itinerario hacia el abismo desde la distancia

Desde la primera y preciosista secuencia del film, en la que vemos en plano general a los dos combatientes de un duelo recortados con un cielo que parece pintado por John Constable o Caspar David Friedrich antes que filmado por Kubrick y John Alcott, el fatalismo impregna el relato de la vida del plebeyo irlandés Redmond Barry, años después convertido en cortesano con el nombre de Barry Lyndon. Uno de los dos rivales del duelo, el que cae abatido, es el padre de Barry. A partir de este mismo momento, en la más tierna niñez, el protagonista de la novela de Thackeray y de la película de Kubrick no se propondrá otra cosa que la escalada social. Barry Lyndon es el itinerario de un hombre desde que es inocente y virtuoso hasta su caída al abismo, derrotado, pobre y con una pierna amputada por debajo de la rodilla, pasando por muy diferentes estadios: Soldado del ejército inglés, desertor, soldado del ejército prusiano, espía, jugador profesional, espadachín, oportunista, libertino y caballero. La fatalidad empieza por un exceso de honor, cuando Barry se enfrenta en duelo con el oficial inglés con el que va a casarse su prima Nora, su gran primer amor. Y aunque el duelo es una mascarada, el protagonista huye, es asaltado por unos ladrones cuando se dirigía maravillado hacia Dublín como D’Artagnan se dirigía ilusionado a París, comprueba que la guerra no tiene nada de honorable ni aventurero y concluye el primer itinerario del relato, aún siendo Redmond Barry, trabajando con un jugador profesional en partidas de naipes. Tras madurar la ciencia ficción y ofrecer un estudio sobre la violencia urbana y la represión de estado, lo que le había convertido en cineasta de éxito y polémico, Kubrick abordaba ahora un simple relato clásico ambientado en la Inglaterra del siglo XVIII “pero” fotografiado de manera distinta y naturalista. Todos los exteriores del film fueron rodados con luz natural y los interiores filmados solo con luz de velas gracias a las posibilidades de un objetivo que acababa de aparecer en el mercado, el Zeiss de 50 mm. y apertura F0’7 (el objetivo más luminoso de la historia).  Si la primera mitad de la película es ágil y hasta cierto punto alegre, la segunda es sombría y triste, con la relación entre Barry y Lady Honoria que se desvanece bien pronto, los agrios enfrentamientos con el hijastro, la muerte de su hijo natural, las deudas, la bebida y el fin de todos los sueños de grandeza que un día albergó.  Otro logro del film es el empleo de una voz narrativa que nunca reitera información, sino que complementa la visual, y el uso de la anticipación: Antes de que muera el hijo pequeño, el narrador ya nos anuncia que Barry terminará solo, pobre y sin hijos, y lejos de desalentar nuestras expectativas, nos refuerza en nuestra intuiciones sobre el desenlace del drama.

Dentro de su estudiada concepción escénica, destaca en el film la construcción de muchas escenas de idéntica forma, partiendo de un primer plano de uno o dos personajes hasta obtener, mediante un lento travelling de alejamiento, un plano general de los mismos. Kubrick, con esta elección sistemática, parece querer tomar distancia sobre las figuras y los hechos sin enjuiciarlos. De ahí la extraña empatía que puede emanar de un arribista como Barry, el desafecto que sentimos hacia una de sus víctimas, el hijastro, y la escasa atención que procuramos a Lady Honoria, aunque Kubrick le dedica algunas de las imágenes más melancólicas que recuerdo en una pantalla.

Cierre

El radical planteamiento estético de Barry Lyndon significa, en cierto modo, un punto climático para el cine histórico; influyente pero nunca superado, y anuncia la progresiva pérdida de relevancia de las películas de época. Un declive en el que se unió la desaparición de autores capitales que habían convertido la filmación del pasado en parte central de su trabajo (sin ir más lejos, Luchino Visconti murió pocos meses después de que Kubrick estrenase su cinta), y el aparente desinterés (o falta de medios) de las siguientes generaciones de cineastas por remontarse en la Historia.

Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario / Aula de Cine.