2001: Una Odisea del Espacio (1968)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

“Con 2001 traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Como diría McLuhan, en 2001, ‘el mensaje es el medio’. El público tiene entera libertad de especular en torno al significado filosófico y alegórico de la película, pero no quiero trazar un mapa verbal de 2001 que todo espectador se crea obligado a seguir o pensar que no ha entendido la película. Siempre me ha parecido que la mejor táctica es dejar que la película hable por sí sola. (…) Ésta es mi teoría: el universo está habitado por la inteligencia. En un gran número de otros mundos, la vida y la inteligencia se crearon hace millones de años, y deben de existir civilizaciones capaces de hacer cosas (maestría completa, conocimiento total, energía pura) que nosotros sólo creemos posibles en Dios. El concepto de Dios, por tanto, está en el corazón de 2001: los atributos de esas civilizaciones extraterrestres que pueden haber influido en nuestra evolución son los mismos que damos a Dios. Hemos tratado de dar una definición científica de Dios en 2001. Si estos seres intervinieron alguna vez en los asuntos del hombre, sólo lo entenderíamos como algo mágico o divino. Ellos estarían tan alejados de nosotros como nosotros lo estamos de las hormigas”.

Stanley Kubrick

Introducción

Con 2001: Una Odisea del Espacio (1968) el CineClub Universitario / Aula de Cine comienza el ciclo “Maestros del cine moderno (VI): Stanley Kubrick (y 2ª parte)“. Cada una de las películas que integran el mismo se proyectarán, en versión original en inglés con subtítulos en español, todos los Martes y Viernes, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario (Antigua Facultad de Medicina en Av. de Madrid). Entrada libre hasta completar aforo.

La inmortalidad como logro definitivo del pensamiento humano

2001: Una odisea del espacio, supone la obra cumbre en la filmografía de su director al condensar, de la forma más abstracta posible, todas las ideas y preocupaciones vitales e ideológicas de Kubrick, a la vez que plasma de manera definitiva su concepción, más elaborada de lo que supone el hecho y la experiencia cinematográfica. La inmortalidad (el deseo de acceder a ella) está en la base del film, pero planteada no como una explicación mágico-religiosa del destino último de la humanidad, sino como la consecuencia definitiva de la evolución del hombre, utilizando como motor de la misma el único elemento válido, la inteligencia. Frente a la idea de Dios y al deseo de perdurar a través de un sistema mítico-ideológico basado en elementos irracionales, Kubrick opone la inmortalidad como logro definitivo del pensamiento humano, dándose a sí mismo una salida ante su miedo a la muerte, pero basada en parámetros racionales.

Pero lo que sitúa definitivamente a 2001 entre las grandes obras maestras de la Historia del Cine es la forma con la que Kubrick decide expresar estas ideas a través de un sistema visual específicamente cinematográfico, en busca de una experiencia no verbal, en paralelismo con otras formas de expresión artística cuya especificidad está claramente definida, como es el caso de la música.

Una fenomenología de la música en relación a la imagen

2001 está abierta a la interpretación personal e individual. Para cada signo visual existe un significado en la memoria de cada individuo, pero que no significa nada por sí mismo. La música no está exenta de esta subjetividad, pero en este caso ya tiene un significado que le es inherente. Los temas seleccionados por Kubrick poseen ya una historia, pues fueron concebidos con un fin concreto, en un determinado contexto. Así, quien conozca esa historia y ese contexto no puede más que establecer una conexión entre lo que está viendo en la película y lo que la música representa en sí misma. No obstante, esto no invalida la intención del director, ya que esa música presupone algo en cuanto se conoce, pero carece de significado para quienes nunca han oído hablar de ella. Un ejemplo de lo expuesto puede ser “Así habló Zaratustra”, un poema sinfónico de Richard Strauss basado en un programa filosófico, concretamente es un comentario musical a Nieztsche y que podría suponer la piedra roseta para descifrar el film. En este caso, las ideas de este filósofo del siglo XIX sirvieron de estímulo para la imaginación de Strauss. Tiene, pues, un sentido intrínseco, que además ha ido sumando diversas connotaciones a lo largo del tiempo. “Así hablo Zaratustra” aparece en 2001, por primera vez, al principio de la película, con los títulos de crédito, en forma de obertura. Pero no es una obertura cualquiera, pues ya formaba parte de una obra anterior. El libro que inspiró a Strauss cuenta cómo el profeta Zaratustra desciende entre los hombres para salvarles e iluminarles. En la película de Kubrick aparece en tres ocasiones el misterioso monolito que también se muestra al hombre en los diferentes estadios de su naturaleza. Debemos interrogarnos acerca de si existe una correspondencia entre el Zaratustra de Nietzsche y el monolito de Kubrick. Nada ha comentado Kubrick al respecto, pero parece querer anunciar a través de la música de Strauss lo que vamos a ver en el film. El Zaratustra de Nietsche presenta tres metáforas: El camello, que recibe la herencia; el león, que siembra la destrucción, y el niño, que crea nuevas realidades. No parece fruto de la casualidad que estas tres etapas se correspondan con las que se suceden en la película, sobre todo la última, más manifiesta, encarnada en el feto que, efectivamente, parece augurar nuevas realidades, un nuevo comienzo. En este caso la música serviría de referencia, al igual que el himno francés, acompañando los títulos de crédito, ya nos situaba en un lugar concreto en Senderos de gloria. La música de Richard Strauss es de sublime grandilocuencia, parece el preludio, la anunciación de una aventura, de una odisea.

De György Ligeti, un compositor experimental de notable influencia en la música del siglo XX, toma tres piezas. Los propios nombres de las piezas ya son sugerentes per se: “Lux Aeterna”, “Atmospheres” y “Requiem for soprano, mezzo soprano, two mixed choirs & orchestra”. La música de Ligeti acompaña cada una de las apariciones del monolito, y alude a la forma en que es percibido por el sujeto. Por tanto es una música subjetiva, pero no desde el punto de vista del espectador, sino de los personajes. Casi podemos hablar de una fenomenología de la música en relación a la imagen. Esta música produce un efecto sobrecogedor sobre quien la escucha, y aún más si no estamos habituados a ella. Se mezclan las sensaciones: Miedo, belleza, desconcierto. Justo lo que la aparición del monolito sugiere, o más exactamente, debe sugerir. Miedo, belleza, desconcierto, cualidades todas ellas que caracterizan la idea del “más allá”, tanto el “más allá” religioso, en sintonía con lo dicho anteriormente sobre Zaratustra, como la presencia extraterrestre, otra de las posibilidades.

Cierre

2001: Una odisea del espacio se organiza como un relato alrededor de la idea narrativa y sensible del Viaje como búsqueda y descubrimiento de la verdad, de la inmortalidad, de un centro espiritual…

Un relato cuya fuerza reposa en su voluntad de quebrar el figurativismo cinematográfico como base de su lenguaje, violentando su normativa no-escrita, insertando objetos abstractos en espacios identificables, casi cotidianos. De este modo, se anula la palabra y se potencia la unión imagen-música como un acto de inferencia continua por parte de los espectadores, que deben rellenar el film haciendo sus propias conexiones imaginativas.

Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario / Aula de Cine.

Te animo a compartir este post para que llegue al mayor número de personas posibles. ¡Muchas Gracias!