Imagen: Sala de exposiciones de la Escuela Superior de Arquitectura de Granada © García-Asenjo Llana
Víctor López Cotelo, un arquitecto que ha dejado una importante huella en el Realejo granadino, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura 2024, el más importante de la disciplina en España. Su trayectoria refleja los cambios que se produjeron en la disciplina en el último tercio del siglo XX y simboliza la madurez de la arquitectura española tras el arranque tardío de la modernidad. Pese a la relevancia de su figura el reconocimiento apenas ha llegado al gran público, y por eso queremos dedicarle estas palabras. La arquitectura de López Cotelo permanece en un segundo plano, solo visible para el ojo conocedor. Esperamos que esta semblanza ayude a despertar el interés para detectarla y animarse a visitarla (y así comprenderla).
Primera etapa en Munich: la arquitectura de la democracia
Víctor López Cotelo (Madrid, 1947) comenzó su carrera en Munich, recién titulado, cuando decidió trasladarse para colaborar en los proyectos para el diseño de las instalaciones para los Juegos Olímpicos de 1972. Trabajó junto a Günter Behnisch, defensor de una arquitectura que reflejase el espíritu democrático de la posguerra, sin demostraciones simbólicas de poder o estatus en la imagen de los edificios públicos. Esta concepción de la arquitectura, la búsqueda a través un trabajo silencioso y discreto de un espacio en el que la ciudadanía se sienta representada. Allí López Cotelo pudo conocer avances técnicos que difícilmente serían aplicables a la arquitectura española, como las cubiertas textiles translúcidas que fueron la seña de identidad del Olympiapark de Munich. Aunque señala que su mayor aprendizaje fue estar en un puesto secundario, por el que pasaba toda la documentación que llegaba de los distintos proyectos, pero despegado del trabajo del día a día en cada uno de ellos. encargado de controlar la documentación que llegaba de los distintos edificios.

Cubiertas textiles del estadio olímpico de Munich © García-Asenjo Llana
El aprendizaje junto al maestro
A su vuelta a España comenzó a colaborar con uno de los maestros de la arquitectura española moderna, Alejandro de la Sota. En ese momento, Sota se encontraba en una etapa delicada de su carrera. Había perdido la oposición para ser catedrático de proyectos en la escuela de Madrid y se refugió en su trabajo como funcionario de Correos y en una elección cuidada de los proyectos que realizaba y los concursos a los que se presentaba. Se concentró en depurar al límite su arquitectura, limpiándola de añadidos. También se interesó en la utilización de sistemas industrializados a una arquitectura alejada de la imagen tecnológica. López Cotelo pudo tener un contacto directo con la ética de trabajo de Sota y con el compromiso con la disciplina para producir una arquitectura de una ejecución precisa, pensada para favorecer la experiencia de habitarla. En el estudio de Alejandro de la Sota coincidió con Carlos Puente, con el que tendría una colaboración breve pero intensa. Proyectaron en la década de los 80 una serie de obras de gran interés, que figuran entre lo más destacable de la arquitectura española de esos años. Extrajeron de su periodo con el maestro gallego la búsqueda de una arquitectura racional, comprometida con la construcción de espacios para la vida y con el rigor de la disciplina. Cada proyecto respondía a las necesidades del encargo y se evitaba una arquitectura basada en la imagen y en las modas. Que Alejandro de la Sota estuviera al frente del estudio, en contacto con los clientes, permitía a López Cotelo y a Puente centrarse en la tarea de proyectar, o en la dirección directa de las obras. Esa experiencia les sirvió para poder independizarse del maestro e iniciar su propia carrera. Queda poco rastro de su colaboración con Sota, por una extraña costumbre entre los pioneros de la arquitectura de no indicar en sus proyectos quienes formaban parte de su estructura laboral, en muchos casos precaria. Tiene que ser a través del propio testimonio de los protagonistas o mediante conversaciones con investigadores el modo en el que se registra la aportación de cada cual a muchas de las obras que se adjudican en exclusiva al arquitecto veterano.

Nuevo ayuntamiento de Valdelaguna © Estudio López Cotelo
El trabajo silencioso de López Cotelo y Puente
La obra conjunta de Víctor López Cotelo y de Carlos Puente fue escasa, pero de una calidad excepcional en distintos ámbitos. Abarcaron todas las escalas, desde la vivienda unifamiliar hasta los edificios institucionales. Desarrollaron obra nueva que remitía a la de su maestro Alejandro de la Sota, pero con una personalidad propia. La Biblioteca Pública del Estado en Zaragoza es un edificio ejemplar en la creación de un espacio adecuado para las tareas que se van a desarrollar en su interior, con un cuidado exquisito en el manejo de la luz y en la generación de ambientes, así como su inserción urbana en un barrio residencial del ensanche zaragozano. La imagen institucional que se espera en un edificio de esta categoría se muestra con sobriedad y elegancia, sin excesos formales. Igualmente ejemplar es el ayuntamiento que proyectaron en Valdelaguna. En los años 80 la democracia empezaba a consolidarse en este país y en muchos municipios era necesario que el poder municipal tuviera una representación acorde con los nuevos tiempos. La antigua casa consistorial se encontraba en ruinas y el nuevo edificio logró resolver crear un nuevo espacio cívico. Gracias a la división del programa en dos cuerpos se adaptaba la intervención a la escala del lugar, mostrando el carácter abierto de la nueva administración. Se mantenían los elementos simbólicos tradicionales, el balcón y el reloj, marcando la zona institucional y representativa del ayuntamiento frente a una nueva plaza en la que el pueblo puede reunirse. La utilización de materiales de la zona permite integrar el ayuntamiento en la trama urbana, produciendo una arquitectura moderna en su concepción pero atemporal en su imagen. La enseñanza de Günter Behnisch sobre la arquitectura de la democracia realizada con piedra y cal, en lugar de acero y vidrio. Se puede apreciar la evolución de la disciplina. Ya no se trata solo de construir nuevos edificios, sino que también hay que tener en cuenta el patrimonio construido y la integración de las actuaciones de distintas épocas. López Cotelo y Puente rehabilitaron la Casa de las Conchas en Salamanca, adaptada también a biblioteca. En ella, tras estudiar la historia del edificio, proyectaron la actuación mínima que podría realizarse de forma integrada con la casa gótica original y que consiguiera que se leyeran cada una de las capas de su vida. Todo esto tras recuperar los elementos constructivos históricos.

Interior de la Casa de las Conchas en Salamanca © Estudio López Cotelo
La vivienda es actualmente el principal problema al que se enfrenta nuestro país, pero es una cuestión que ha atravesado las necesidades de la sociedad desde el gran desplazamiento del campo a la ciudad. En este campo López Cotelo y Puente también proyectaron edificios de gran interés, en el que, en lugar de experimentar con la tipología, buscan un orden que permita encajar la mejor forma de habitar con los condicionantes del lugar. Sus bloques de vivienda son discretos pero muy eficaces, asignando los recursos, públicos en muchas ocasiones, a conseguir una vivienda social de calidad.
Una madurez temprana
La obra en solitario de Víctor López Cotelo ha mantenido este nivel de compromiso con el habitante tanto de la arquitectura como de la ciudad en la que se ubica. Y de nuevo desde múltiples aproximaciones al proyecto, desde la obra nueva a la recuperación de edificios históricos. Sus edificios de nueva planta el rigor constructivo y formal se une a una adecuada interpretación del lugar. Las oficinas para el Ministerio del Interior en el complejo de Canillas de Madrid responden a una lógica funcional precisa que enlaza con obras de madurez de Alejandro de la Sota. Una envolvente de aluminio y vidrio perfectamente ajustada, que revela el orden interior de sus espacios, y que es capaz de ajustarse en su basamento a los condicionantes del lugar. Es compañera de otra pieza de Iñaki Ábalos y Juan Herreros, posibles discípulos de Sota sin haber pisado su estudio. La sede de la Filmoteca Nacional, un laboratorio tecnificado que cuida el patrimonio cinematográfico español, muestra una inteligente estrategia para proteger el archivo de rollos de celuloide, enterrando los espacios donde se almacena y evitando su exposición a los cambios de temperatura exteriores gracias a la plantación de especies vegetales en su cubierta y a la adecuada orientación de los edificios.
En las intervenciones en el patrimonio se puede apreciar que el proceso de proyecto incluye toda la vida del edificio y se utilizan en su definición, por tanto, materiales de todas las épocas, entendiendo que la construcción tradicional puede complementarse con las nuevas técnicas, que adaptan su forma a la memoria del lugar, o generan una nueva que permite leer por contraste su razón de ser. Destacan sus proyectos en el entorno de Santiago de Compostela, donde interviene en patrimonio industrial en ruinas, recuperando su traza y construyendo nuevas arquitecturas que encajan a la perfección en el lugar y reinterpretan la tipología popular. En Pontepedriña de Arriba se recupera una antigua fábrica de curtidos para un centro de enseñanza, en Ponte Sarela construye sobre las huellas de una ruina un complejo hotelero, que incluye una magistral vivienda unifamiliar que vivió un extraño proceso judicial en contra, y transformando la cercana Vaquería de Carme de Abaixo, en bloques de viviendas. Por último, en el límite del casco histórico de Santiago, junto al parque de Bonaval, un conjunto de viviendas en la rúa de Caramoniña. En esta operación se logra coser un tejido residencial disperso con la topografía del lugar, apoyado en la cerca del antiguo convento y consiguiendo de nuevo una arquitectura atemporal, con las ventajas de una construcción contemporánea en cuanto a sostenibilidad y eficiencia. En todos estos proyectos fue fundamental la figura de su promotor, Otero Pombo, que confió en el criterio del arquitecto y apostó por una arquitectura de gran calidad.

Centro de enseñanza en la antigua fábrica de curtidos de Pontepedriña © Estudio López Cotelo

Interior de uno de los edificios del centro de enseñanza de Pontepedriña © Estudio López Cotelo
Segunda etapa en Munich: la universidad
Para entender la figura de Víctor López conviene señalar que, además de proyectar y construir, se ha dedicado durante varias décadas a la docencia universitaria. Primero en la Escuela de Arquitectura de Madrid, como profesor de proyectos arquitectónicos, y desde 1993 hasta 2012 en la Technische Universität de Munich, de la que llegó a ser catedrático de Proyectos y Conservación de Edificios Históricos durante 15 años. Muchos arquitectos españoles han logrado ocupar importantes cargos académicos en todo el mundo, gracias a una sólida formación y a una capacidad de adaptarse a muy distintas situaciones. La cátedra de López Cotelo habla de su carrera como proyectista en un amplio abanico de circunstancias, pero con un gran compromiso con la arquitectura histórica. Ser responsable de esa materia en una universidad como la TUM, desde la que se teorizó con profundidad sobre la reconstrucción tras la devastación de la segunda guerra mundial, es muestra del enorme valor que López Cotelo aportaba a la disciplina desde su propia práctica arquitectónica.
La Escuela en el Campo del Príncipe
La Escuela de Arquitectura de Granada, por la que López Cotelo obtuvo el Premio de Arquitectura Española 2015 del Consejo Superior de Arquitectos de España, es un compendio de su carrera, pese a que la proyectó cuando tenía poco más de 50 años. Se trata de un edificio excepcional que integra la reflexión sobre cómo deben de ser los espacios destinados a la enseñanza de la arquitectura y muestra al alumnado, de primera mano, cómo construir espacios integrando las distintas etapas de la historia del edificio sin renunciar al lenguaje contemporáneo. La iluminación natural adopta distintas estrategias destinadas a permitir el mejor aprovechamiento para cada uso, aportando una componente humana a la experiencia de habitar los distintos espacios. La vegetación se integra con naturalidad para proteger del clima de Granada, y los movimientos dentro del edificio son fluidos, sin perder el orden que un edificio público tiene que mantener para su correcto funcionamiento. Se crean espacios flexibles que permiten adaptar las aulas a las distintas situaciones que se producen en una escuela de arquitectura: docencia, investigación, trabajo, puesta en común, celebraciones. El contenedor histórico es interpretado para que se entiendan su valores, aprovechando espacios magníficos como el claustro renacentista, y creando un patio escalonado en torno al cual se desarrolla gran parte de la vida del edificio. Las soluciones constructivas son contemporáneas, destacando el trabajo en las carpinterías de los huecos de paso y en las ventanas.

Zona de trabajo y escaleras principales de la Escuela Superior de Arquitectura de Granada © García-Asenjo Llana

Nuevo patio de la Escuela Suprior de Arquitectura de Granada © García-Asenjo Llana
El sentido de un Premio Nacional
Todo lo que hemos contado hasta ahora encaja con los criterios para la elección del Premio Nacional de Arquitectura, que en sus bases señala que busca una figura que haya contribuido “de forma extraordinaria al enriquecimiento de los aspectos sociales, tecnológicos y sostenibles de la arquitectura o el urbanismo español, dentro y fuera de nuestras fronteras.” Es de las ocasiones en las que se señala que es el premio el que es beneficiado de la elección del ganador, y no al revés. Se reconoce el trabajo de un arquitecto que ha permitido que los ciudadanos vivan mejor, y que otros arquitectos se formen con ese mismo objetivo. Pero hay que preguntarse por la pertinencia de este tipo de premios, cuando la arquitectura es una labor común, que no depende solo del proyectista sino también de todo el equipo que le acompaña y de los clientes que le confían su dinero para construir la obra. La arquitectura es una profesión que se ejerce en compañía, es una tarea colectiva que permite llegar a proyectar algo tan complejo como un edificio. Es evidente que hay que reconocer el trabajo de aquellos que durante años han mantenido una línea de trabajo comprometida con lo común. Así que convendría que desde las instituciones que conceden estos premios, en este caso el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, se tomaran en serio la importancia de transmitir este reconocimiento a la sociedad. Pocos ciudadanos sabrán (y no muchos arquitectos) que existe desde 2022 una Ley de Calidad de la Arquitectura, que tiene, entre otros muchos objetivos, transmitir la importancia de una buena arquitectura para mejorar el hábitat colectivo. Todo esto que en lo que ha trabajado Víctor López Cotelo. Transmitir esta importancia no se consigue sin la necesaria labor de mostrarse ante los medios de comunicación, incluso en una época en la que la información está fragmentada y el esfuerzo para atraer la atención del público tiene que ser mucho mayor. Pero existen las herramientas y debería existir la capacidad. La arquitectura no suele estar presente en el debate público, y apenas en las noticias. Hay otras manifestaciones culturales que tienen una visibilidad constante en los medios. La literatura, el cine, la música cuentan con un hueco fijo en los periódicos y programas de radio. Sus premios se anuncian y pueden llegar a ser portada o abrir telediarios. La cultura es una buena tarjeta de presentación de un país completo ante el exterior y también hacia sus propios ciudadanos. La arquitectura forma parte de este entramado cultural, siendo además una de las disciplinas que más influye en la vida de las personas, ya que no podemos escapar a ella. Durante décadas los arquitectos hemos hecho poco por destacar la relevancia y el sentido de nuestro trabajo, y lo que llegaba al público no especializado eran las relacionadas con los arquitectos estrella y con la construcción de obras faraónicas. Esto ha alejado a la ciudadanía, y aunque en la última década hay un interés mayor por la arquitectura y hay grandes comunicadores haciendo una labor divulgativa de gran calidad, llegando a la sociedad, es aquí donde las instituciones han dejado de hacer su trabajo. Se siguen convocando premios, celebrando galas de entrega, con un impacto mediático insignificante. Los tres últimos anuncios del ganador del Premio Nacional de Arquitectura, el principal galardón que se concede en este país, han coincidido con el anuncio de la concesión otros más populares. Víctor López Cotelo no tuvo hueco entre las noticias dedicadas a los Premios Princesa de Asturias, uno de los eventos culturales más importantes de cada año. En 2023 no se concedió el premio porque el gobierno estaba en funciones, y los años 2022 y 2024 una revista especializada filtró el ganador días antes del anuncio oficial. Cuando la Fundación Hyatt concede el premio Pritzker de arquitectura pone de manera inmediata a disposición de la prensa material suficiente para que el galardón esté presente en todos los medios, y una selección de ellos ya conoce la noticia de forma previa, de modo que las principales cabeceras del mundo publican extensos textos sobre el ganador de forma paralela al anuncio del fallo del jurado. La página del Ministerio de la Vivienda y Agenda Urbana relativa al premio dejó de actualizarse en 2022. La nota de prensa en la que se anunciaba el galardón de López Cotelo no tiene ni siquiera una fotografía suya ni de su obra, solo imágenes de la reunión del jurado. No se acompañó de un kit de prensa con información sobre el arquitecto y su producción. En la prensa apenas apareció un breve de agencia. Desde el 23 de octubre de 2025 no se ha entrevistado a López Cotelo en ningún medio nacional. Estos premios se conceden para honrar al galardonado, pero su principal función debería ser trasladar a la sociedad lo importante que es la buena arquitectura en estos tiempos, por la urgencia climática y por la grave crisis de la vivienda (que no se va a solucionar solo con arquitectura, pero ayuda). El premio no se celebra para honrar a quien lo entrega sino para que la ciudadanía conozca una disciplina necesaria, y en la que hay profesionales que están entre los mejores del mundo, con una contribución a la sociedad equivalente a la que realizan otros campos de la cultura. Es imprescindible tomarse en serio esta tarea que las propias instituciones se han impuesto. Se puede discutir la pertinencia de los premios, cuestionar la elección de los jurados y el encaje de las propuestas ganadoras con las necesidades reales de la sociedad. Pero mientras tanto, tenemos que honrar a quien lo merece y conseguir que la sociedad se sienta orgullosa de un proyecto común. Las escuelas en las que estudian los arquitectos forman a aquellos que deberán construir, desde el apoyo principal de lo público, un entorno en el que todos vivamos mejor. Víctor López Cotelo es un digno representante de esto y tenemos que celebrarlo.
López Cotelo recibirá el premio en la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Granada el día 18 de junio de 2026.