Campo de vuelos. Tremolar espectros

Imagen © Colectivo Verbena

Escrito por
Jesús Alcaide

Jesús Alcaide

Exposición Campo de vuelos. Tremolar espectros de Fernando G. Méndez. Palacio de la Madraza. 18 septiembre 2025 – 11 enero 2026

Desplegar. Ensamblar. Volver a plegar. Escribía Deleuze en “El pliegue. Leibniz y el Barroco” que el pliegue siempre está entre dos pliegues y ese entre-dos-pliegues parece pasar por todas partes.

Quizás sea ese ejercicio de plegamientos/desplegamientos que se establece entre las tres series de trabajos escultóricos que Fernando G. Méndez presenta en “Campo de vuelos. Tremolar espectros”, lo que recorra toda la sala desde la planitud de las piezas de “Planisferio” hasta la instalación central de la exposición, “Momentos”, pasando por ese intersticio que conforma la serie “Compass” en una serie de ejercicios escultóricos en los que el artista pone en cuestión la categoría intocable del sím bolo para abordarlo y acercarse desde su naturaleza material.

En la primera de las series titulada “Planisferio”,  el cubo oteizano es desplegado para ofrecernos una nueva geometría plana cuya superficie va cambiando en esa relación entre-dos que se produce entre el espectador y la superficie opalescente y camaleónica de estos trabajos. Repetición y diferencia, ritmo y mutabilidad, trabajos que desde el propio ya nos acercan a esa “idea” que la geometría construye del mundo, una apertura o umbral hacia las otras dos series que continúan la exposición.

De lo plano al círculo, del “mapa” a la bandera. Presentando este objeto como un trozo de polyester que podemos fragmentar, ensamblar, endurecer y volver a unir según una lógica que excede el propio interés del artista para realizarse mediante patrones de una “creación condicionada” por el azar, Fernando G. Méndez nos plantea en estas dos series un recorrido entre lo que el objeto es y lo que representa, “el símbolo y el mundo”, o la propia materia vibrante que nos configura y lo que el lenguaje dice que es, entre campo y vuelo, un pliegue siempre entre-dos.

El potencial político presente en trabajos anteriores del artista como Revolution (2013) vuelve a la memoria para en palabras del propio artista, “descomponer esas cristalizaciones, hacerlas ondear y transformarlas en el plano simbólico”.

Es así como “Compass”, título que tomado del inglés designa a la brújula como elemento de orientación y al mismo tiempo como herramienta para dibujar círculos, nos propone una serie de ensamblajes sobre diferentes fragmentos endurecidos de una bandera de la Comunidad europea.  Unidos por una serie de tuercas, estos fragmentos de color azul por los que asoman las doce estrellas doradas de cinco puntas, nos invitan a pensar en cómo ese símbolo de unión diseñado por Arsène Heitz en 1955, en un “momento” político como el actual no es sino una construcción artificial más, un trozo de plástico que no puede identificarnos como pueblo, sino casi como diría Jean-Luc Nancy como una “comunidad inoperante” más.

Y es esta comunidad la que se despliega en la instalación principal de la exposición, “Momentos”, una serie de ejercicios de fragmentación, endurecimiento, repliegue y despliegue, en el que retazos de las 27 banderas que “representan” a los países miembros de la Unión Europea, se han vuelto a unir adoptando diferentes movimientos, en un tremolar congelado en el tiempo, ese tiempo-ahora del que nos hablaba Brea en 1992, “esa experiencia de la temporalidad en lo fugaz que la ficción de los últimos días nombra, una experiencia que de alguna manera nos corresponde epocalmente”. Como en el poema de John Agard, “trozos de tela que sobreviven a la sangre que derramamos”.

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