UNA RUBIA PARA UN GÁNGSTER

(Surprise package, EE.UU., 1960) [95’] v.o.s.e.

26 mayo 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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26 mayo 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

“(…) Me gusta la actitud de la película hacia los gángsters. La primera secuencia es muy reveladora de esta actitud. Cuando se ve a Yul Brynner solo en su casa, es una locura. A mí me gusta la película, a pesar de las críticas. Pero no sé cómo defenderla (…)”

Stanley Donen

(…) UNA RUBIA PARA UN GÁNGSTER es una trepidante farsa, de nuevo con ribetes de screwball comedy, donde no hay un minuto de aburrimiento. (…) Basada en una novela del humorista judío neoyorquino Art Buchwald, su simpática mezcla de parodia del género gangsteril -al estilo de los relatos de Damon Runyon-, opereta, humor británico, robo (im)perfecto, romance y sátira de la Guerra Fría, funciona perfectamente gracias tanto a la ágil coreografía de Donen como a sus chispeantes e ingeniosos diálogos y, sobre todo, a la química entre los tres protagonistas principales (…)

(…) Esta frívola intriga sobre un gángster neoyorquino de origen griego, desterrado a una pequeña isla helénica llena de cabras, donde también se encuentra en la misma circunstancia un tiránico monarca destituido, pero poseedor de una valiosa corona (usurpada, claro) con diamantes por valor de un millón de dólares que no puede vender, encuentra en esta última un descarado “macguffin” alrededor del que giran personajes típicamente vodevilescos: policías corruptos, ladrones profesionales, espías húngaros en paro, agentes secretos y matones de la ahora República Popular de Anatolia, obvia sátira de un país comunista, enzarzados en situaciones ridículas, tensas y divertidas, que juegan con el suspense y el humor, siempre con predominio del segundo. Por encima de todo y de todos reina, como no podía ser de otra manera, Noël Coward como el simpático, “fascista e imperialista” Rey Pavel, que aporta a la intriga un aroma “ruritano” inevitablemente camp, cuyos diálogos no pueden ser más sofisticados, divertidos e irónicos, y cuyo papel como monarca es equiparado al del mafioso “Don” que encarna Brynner, en varios deliciosos duelos verbales sin desperdicio. Todos parecen pasarlo en grande, especialmente Coward, reconocidamente gay, rodeado de bellas cortesanas, presumiendo de mujeriego inveterado e interpretando la canción del título junto a Mitzi Gaynor. Es bien sabida la querencia del genial humorista por las comedias de robos, como muestran sus cameos en Atrapa a un ladrón (Alfred Hitchcock, 1955) o Un trabajo en Italia (Peter Collinson, 1969). A la sensación lúdica y festiva general se suman los estupendos títulos de crédito de Maurice Binder, la música de Benjamin Frankel y la luminosa fotografía en blanco y negro, casi pura línea clara, de Christopher Challis. En definitiva, oídos sordos a esas críticas de antaño y de hogaño, ciegas a cualquier atisbo de frivolidad y encanto genuinamente camp, que siguen considerando UNA RUBIA PARA UN GÁNGSTER una comedia fallida (…).

Texto (extractos):

Quim Casas, Entrevista con Stanley Donen, rev. Dirigido, noviembre 1989.

Jesús Palacios, “Una rubia para un gángster”, en dossier “Stanley Donen”, rev. Dirigido, octubre 2025.

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