(…) ¿Qué es CHARADA? ¿Un film de intriga con elementos cómicos? ¿Una comedia policíaca? ¿Una comedia romántica de ambiente parisino con suspense? ¿Un relato sobre las apariencias? Todas las posibles facturas encajan bien en el equilibrado conjunto. Un buen ejemplo es la escena en la que Regina regresa a su espacioso apartamento de París y lo encuentra completamente vacío. Lo que fue, lo que espera ella y lo que es. Son una serie de imágenes-efecto: a partir de este momento nada será creíble y todo resultará relativo en la vida de Regina, incluyendo su historia de amor. Tras la densa cortina de humo que constituye la ingeniosa trama urdida por Peter Stone y Marc Behm, con el característico “macguffin” [que no vamos a desvelar en beneficio de quien no haya visto aun la película], emerge repetidamente uno de los asuntos más queridos por Donen, el de la insoportable levedad del sentimiento amoroso, la fragilidad de la pareja en tanto que receptora supuestamente “natural” del mismo y la dificultad del conocimiento mutuo entre los partícipes. El profundo, aunque discreto, pesimismo de Donen en relación con el matrimonio queda verbalizado en precisos diálogos y visualizado en la gélida expresión permanente de Cary Grant, que tanto contrasta con la calidez de su “partenaire”. (…) Su elegante encadenado de situaciones cambiantes, repletas de ágiles e inteligentes diálogos, es el entramado muscular de la cinta. En tanto que la estructura ósea de la historia lo constituye la calculada dosificación de datos sobre la trama con que Donen sostiene y alimenta su interés, un sentido del suspense que no solo despliega un fascinante juego de identidades, falsedades y apariencias, sino que se vertebra a través de varias secuencias, canónicas en su desarrollo y puesta en escena: la secuencia del velatorio, los sucesivos despistes de Reggie provocados por Bartholomew (Walter Matthau), la pelea en la azotea y el enfrentamiento final… En CHARADA se produce la feliz confluencia de inspiración en los talentos principales que intervienen en toda obra cinematográfica: la partitura musical de Henry Mancini, convertida en clásica, el guion redondo, sin costuras sueltas ni tiempos muertos, un reparto de actores que no admite reproches, el binomio protagonista perfectamente equilibrado y una realización de las que equívocamente suele denominarse “silenciosa”, esto es, funcional y académica, poco lucida por subordinarse más a la interpretación y a los diálogos que a la puesta en imagen. Sin embargo, un visionado atento nos permite descubrir que esto último no es del todo exacto. Véase como botones de muestra dos detalles de entre otros muchos que podrían citarse: la escena del apartamento vacío que Reggie recorre desolada, abriendo puertas y armarios, metafórica búsqueda de respuestas sobre su desconocido marido, y la aparición posterior de Peter Joshua (Cary Grant), a contraluz en el quicio de la puerta, precedido por sus amenazantes pasos, que resume en una imagen su misteriosa y esquiva personalidad (…). Con una pareja perfecta para sus intenciones, la formada por Audrey Hepburn y Cary Grant, Donen emprendió con CHARADA su tentativa de modernizar la mezcla de comedia y relato de suspense, con música hedonista, ambientación parisina y un porcentaje equilibrado de situaciones de comedia romántica, thriller y juego de identidades. (…).
Texto (extractos):
Juan Carlos Frugone, Stanley Donen…Y no fueron tan felices,
Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1989.
Juan Tejero & José I. Cuenca, Audrey Hepburn, cara de ángel,
T & B, 1998.
Juan Carlos Rivas, “Charada”, en dossier “La comedia americana”, 2ª parte,
rev. Dirigido, mayo 2003.
Quim Casas, “Charada”, en dossier “Stanley Donen”, rev. Dirigido, octubre 2025.