UNA HISTORIA VERDADERA (The Straight story, EE.UU., 1999) [112 min.]

20 febrero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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20 febrero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

(…) No escribí UNA HISTORIA VERDADERA. Para mí significó un cambio con respecto a lo habitual porque es completamente lineal. Pero, por otra parte, me enamoré de la emoción que transmitía el guion. Me gusta mucho, y lo he hecho de vez en cuando, especialmente en El hombre elefante, crear emociones puras con las imágenes y el sonido. Este guion me permitía hacer algo similar (…). Creo que es mi película más experimental. La ternura puede ser tan abstracta como la locura (…).

(…) The Straight Story se traduciría literalmente como La historia de Straight, el nombre de su protagonista, pero también juega con los muchos sentidos de la palabra “straight”, del que los distribuidores españoles han escogido la acepción más aparente: “fidedigno” o “verdadero”. “Straight” puede traducirse también como “honrado” (lo es el personaje), “recto” (así es su conducta) o en “línea recta” (más o menos como el sentido de su desplazamiento y de la puesta en escena). (…) UNA HISTORIA VERDADERA, destaca en la filmografía de Lynch por varias razones. Es la única película que él no escribió ni coescribió, y la única también clasificada para todos los públicos. También presenta el sorprendente crédito de “Walt Disney Pictures presenta una película de David Lynch”. Basada en hechos reales y escrita por Mary Sweeney y su amigo de infancia John Roach, la película cuenta el viaje que Alvin Straight, de setenta y tres años, hace desde Laurens, Iowa, hasta Mount Zion, Wisconsin, para visitar a su hermano, con el que no se habla y que ha sufrido un infarto. Como tiene problemas de vista que le impiden conducir un coche y es tan terco que se niega a que lo lleven, hace el viaje en un tractor cortacésped “John Deere”, al que engancha un remolque. En recorrer los 400 kilómetros del viaje, con altos para hacer reparaciones, tardó un mes y medio. (…) 

(…) UNA HISTORIA VERDADERA tiene todos los números para convertirse en una nueva obra de culto, pese a que se ha dicho en repetidas ocasiones que Lynch solo pretendió realizar una película de encargo en la que su participación acreditada se limita a la dirección y el diseño de sonido, sin intervenir en el argumento, guion, producción, montaje o la escritura de algunas canciones para la banda sonora, tareas en él acostumbradas. Muy discutible resulta la apreciación de obra de encargo. Pudo serlo cuando aparecieron las primeras noticias sobre la película. Se trataba, con todo, de un encargo más sentimental que industrial: Mary Sweeny, actual compañera de Lynch y montadora de Twin Peaks: Fuego camina conmigo y Carretera perdida, le propuso dirigir una película en la que ella asumiría la producción, escritura del guion y montaje. Como la política de los autores, o lo que queda de ella, sigue siendo mal entendida, se dio por sentado que al no participar Lynch en la elaboración del guion ni en la elección del tema, UNA HISTORIA VERDADERA se convertiría en la simple ilustración de una idea ajena. No hace falta recordar que Lang, Ford y Hitchcock, por citar solamente a tres autores reconocidos como tales, fueron acreditados en muy pocas ocasiones como guionistas de las películas que dirigieron.  Debe aceptarse la notable cuota de responsabilidad de Mary Sweeny, para quien la peripecia de Alvin Straight es a la vez singular, obstinada y muy independiente. ¿Y acaso no son esas mismas características, la singularidad, obstinación y marcada independencia, las que definen perfectamente el trazado cinematográfico de Lynch? Sweeny agradece al director que no haya realizado un film nostálgico, “un himno a la América blanca”, pero en el tratamiento de la película hay algo más que la renuncia a ese posicionamiento político. Hay también en esta secuencia de apertura una manguera de agua que no cesa de manar, como en la escena de Terciopelo azul, símbolo del tiempo que no se detiene pese a la tragedia cotidiana (…). 

(…) Esta “historia verdadera” le sirve a Lynch para fundir su retrato de la América contemporánea con el que en tiempos pretéritos realizaran algunos clásicos de Hollywood. La película posee una sensación indeterminada, como lo es casi todo en el relato, que acerca las posturas visuales de Lynch a las de Ford y Vidor. UNA HISTORIA VERDADERA procura un retrato norteamericano no tan alejado del que evocaron los directores de Las uvas de la ira y El pan nuestro de cada día: el maíz, la ira, la guerra -rememorada aquí en una de las escenas más bellas del film, la de la conversación con el párroco-, el fuego, la carretera, el viaje, las raíces. Cada parada en el camino perfila un poco mejor la personalidad de Straight, del que antes del viaje apenas sabemos nada, salvo que está enfermo, que tiene un hermano en peor estado de salud y que vive con su hija Rose (Sissy Spacek), una mujer de frágil estado mental de la que intuimos un pasado reciente ciertamente doloroso. La primera noche es de quietud, compartida en el improvisado campamento con una muchacha embarazada. Precisamente aquí se desvelan los fantasmas de la tristeza perenne de Rose. Precisamente aquí, al rememorar esos hechos del pasado, consigue Lynch uno de los mejores momentos no tan solo de UNA HISTORIA VERDADERA, sino de todo su cine. (…) En UNA HISTORIA VERDADERA, que podría ser la mejor película rodada hasta ahora por David Lynch, las cosas más corrientes pueden llegar a constituir una invocación a la fantasmagoría: una cerveza fría mueve a la confidencia y hace evocar el pasado ante la barra de un bar; una fogata a un lado del camino o junto a un viejo cementerio de tramperos católicos franceses sumido en la oscuridad ayuda a despejar dudas. (…) Bajo la oscuridad del cielo y el débil reflejo de la lumbre, como si se tratara de la acampada nocturna de un western, Straight evoca recuerdos de la guerra, ya presentes, aunque de manera anecdótica –“Estuve en las trincheras durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo voy a tener miedo de los campos de maíz?”, contesta a alguien preocupado por su forma de viajar de noche- a lo largo del relato. (…) En su segundo papel protagonista a lo largo de su carrera –el primero fue la estupenda El zorro gris (1985)- Richard Farnsworth define UNA HISTORIA VERDADERA como un western moderno por su captación de los grandes espacios, los cambios climáticos, la relación con el paisaje y, sobre todo, porque la manera extremadamente lenta que tiene el protagonista de viajar es parecida a la forma en que lo hacían los pioneros, en unos carromatos no mucho más veloces que la segadora de Straight. (…)  El paisaje se presenta muy distinto a ocho kilómetros por hora, la velocidad máxima del tractor de Alvin. Si la mayoría de las películas de carretera propenden al espasmo violento y a las visiones apocalípticas, en UNA HISTORIA VERDADERA no hay más que bondad y luz. Puede que Alvin tenga un pasado oscuro, pero el viaje da sobrada ocasión para que se pronuncien sermones campechanos y los extraños se muestren amables. Como el pulido arranque de Terciopelo azul, esta película es una utopía, una fantasía, que retrata una América profunda no necesariamente como es sino como Lynch querría que fuera.  

¿De dónde sale esta película que hunde sus raíces en la mejor tradición narrativa del cine clásico americano, que se alimenta mucho más de King Vidor y de John Ford que de Lautrémont, Bacon, Munch, Fellini, Hopper o Poe, habituales influencias que subyacen a las restantes obras de Lynch? ¿Cómo es posible que, en medio de la exuberante posmodernidad, entre las aguas turbulentas de un cine hecho de mestizajes y reciclajes de todo tipo, haya podido surgir una obra de semejante pureza y de tan cristalina depuración? ¿Qué razones de fondo impulsan a un creador de mundos oníricos y torturados, tentado siempre por la indagación en los abismos más infernales y oscuros, a colocarse silenciosamente y con tanta humildad al servicio de una historia lineal, realista y sencilla que solo pretende narrar un minúsculo episodio en la anónima y anodina vida privada de un viejecito de Iowa? (…) Viaje de reconciliación fraternal, pero también de recapitulación crepuscular, el itinerario de Alvin Straight se formaliza sobre la pantalla en imágenes trazadas con exquisita limpieza y despojadas de toda retórica. Imágenes que se adentran, con una sabia lupa puesta sobre una sencilla verdad individual, en algunos de los pliegues históricos, de las heridas emocionales y de los sentimientos colectivos más enraizados de una nación entera. Por eso este hermoso relato de transparente estirpe fordiana habla en el fondo, así como el que no quiere la cosa, de la América que cimentó sus valores en la lucha contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, del país que tiene necesidad de mirar hacia el pasado para reconciliarse con el presente y que se enfrenta al avance inexorable de la nueva civilización. Pero lo hace, y de ahí su grandeza, desde el silencio y sin subrayados discursivos, desde una mirada reflexiva y cercana a la vez, con un depurado, sincero y sobrecogedor aliento lírico que se abre paso, subrepticiamente, bajo un relato de limpia prosa narrativa. (…) 

Aquí late una de las cuestiones más angustiosas de la existencia: la llegada de la vejez y, con ella, la de la muerte. Hay una actitud serena cuyo objetivo es mirar limpiamente desde la vejez, con sentimiento de despedida, un mundo que se descubre más extraño, y a la vez más simple, cuanto más se mira de frente. (…) Estamos ante el reverso de Terciopelo azul, donde el descubrimiento tenía un matiz juvenil, casi adolescente, que daba lugar a una extraña historia de deformación de la realidad; pero en la mirada del campesino de UNA HISTORIA VERDADERA no caben la extrañeza ni la deformación porque, a diferencia de los personajes de Terciopelo azul, no le esperan ni un futuro ni un enigma que resolver: solo trata de reconciliarse con su hermano enfermo, que es un modo de buscar la reconciliación con su pasado y con su presente (…). Sin atisbo de los excesos propios del melodrama y con una contención propia de quien ha trabajado desde el instinto y la simbología, los dos hermanos se emocionan sin saber expresarlo claramente y, aun en silencio, parecen ser capaces de decirse todo lo que se perdieron en los últimos diez años. Súbitamente, aparece una luz que es difícil encontrar en alguna otra película de Lynch y con la que, finalmente, ofrece una lección de maestría puesto que sabe manejarla en su justa medida. Ni histriónica ni demasiado débil. Inesperada pero ciertamente gratificante (…). Un relato que se descubre, para sorpresa de todos y a estas alturas, cuando el siglo llega a su fin, digno heredero de la gran tradición clásica (…).

Texto (extractos):

David Lynch, Catching the big fish, Bodkind, 2006 

(Atrapa el pez dorado, Reservoir Books, 2022)

Dennis Lim, David Lynch, el hombre de otro lugar, Alpha Decay, 2017

Quim Casas, “Una historia verdadera: La América de Lynch”, rev. Dirigido, enero 2000

Carlos F. Heredero, “Una historia verdadera”, rev. Dirigido, enero 2001

José Mª Latorre, “Una historia verdadera: a la manera de Alvin”, rev. Dirigido, julio-agosto 2001

Anna Petrus, “Una historia verdadera: inesperada luz”, rev. Dirigido, marzo 2016

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