TWIN PEAKS: FUEGO, CAMINA CONMIGO v.o.s.e 136′

Twin Peaks: Fire walk with me, EE.UU., 1992

30 enero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

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30 enero 2026 | 21:00 h
  • Sala Máxima | Espacio V Centenario

(…) TWIN PEAKS: FUEGO, CAMINA CONMIGO no es tanto una extensión argumental del producto original (que también) como un ajuste de cuentas con aquél, al reivindicar el universo expresivo en bruto de su autor, sin condicionantes, sin pactismos, sin renuncias cara al espectador. (…) Es tanto una precuela como una secuela del original. Y si resulta así es sencillamente porque, como ocurre con otras obras de su autor, no podemos interpretar su metraje de forma literal, sino como una especie de territorio onírico en el cual los límites temporales se desdibujan, y si el destino de sus protagonistas está predeterminado es porque, en realidad, ya lo han sufrido (…). Sorprende hasta qué punto la película sintoniza, aunque sea de forma inconsciente, con los tropos de determinado cine de terror (…) para retratar lo terrible del proceso de degradación mental de Laura Palmer (…).

(…) Demasiado a menudo se obvia la realidad de que Twin Peaks (1990-1991) no fue una obra absoluta procedente, en su globalidad, de la mente de David Lynch. Tras esbozar su universo, su atmósfera, su imagen idiosincrásica, el director fue desentendiéndose de un sistema de producción, por aquel entonces, demasiado rígido para un autor que necesita libertad expresiva para encontrar su propia voz. De ahí que fuera aumentando cada vez más la tensión creativa existente con Mark Frost, pues Lynch veía la serie como un grupo de películas individuales exhibidas de forma secuencial, mientras Frost destacaba la importancia de la continuidad argumental y los arcos cuidadosamente planificados (…). De ahí que afrontara el episodio 22 de la segunda temporada, que acabó siendo además el último de la serie -a la espera de la nueva tanda de episodios que está produciendo Showtime-, como una especie de puñetazo en la mesa, una oportunidad de recuperar un pedazo de su imaginación de un barrizal de tramas convencionales de culebrón y de filosofía cerebral, prosaica y racionalista. Su clímax, desconcertante, marcadamente lynchiano, supone, de hecho, un primer esbozo de la exploración libérrima, personalísima, de su propia creación televisiva (…).

(…) Lo que ahora Lynch nos está narrando no son los últimos días de Laura Palmer (Sheryl Lee) -o al menos, no exclusivamente-, sino que, en realidad, nos está mostrando el purgatorio personal en el que está atrapada, sea porque está reviviendo su existencia al borde de la muerte, sea porque se ha convertido en una de las almas perdidas de la “Logia Negra”. La propia idea, así como la personalidad y los rasgos definitorios de Laura Palmer, surgieron de una colaboración previa de Lynch y Frost, un guion llamado “Venus Descending” en el que, adaptando una biografía de Anthony Summers, detallaban los últimos días de la vida de Marilyn Monroe, y seguían la vinculación romántica que se conjeturaba con John y Robert Kennedy, y sugerían una conspiración homicida que había extinguido su vida. Y si, a lo largo de la serie, ambos habían incidido en los paralelismos entre actriz (real) y personaje (ficcional), el director lleva esas sugerencias a un nuevo nivel en FUEGO, CAMINA CONMIGO, que, más allá de su insobornable libertad expresiva, de su reticencia a la claridad expositiva, narra el descenso a los infiernos de una joven herida, rota por dentro, incapaz de escapar del bucle autodestructivo en el que se ha sumido. 

La hipersexualidad, el abuso de estupefacientes e incluso el historial de abusos sexuales de Laura parecen convertir el proyecto, en manos de Lynch, en algo así como una inmersión en la psique de una mujer tan hipersensible y tan desequilibrada como Monroe, y en un intento de comprenderla, que no disculparla ni justificarla. De ahí las dudas, las contradicciones y los giros tonales que se dan en el retrato que el largometraje hace del personaje de Sheryl Lee: el director no pretende dejar nada claro al respecto, sino que deja que sea el espectador quien saque conclusiones a partir de esa visión caleidoscópica, en continua mutación de un ser complejo, inaprensible (…).

Texto (extractos):

Tonio L. Alarcón, “Twin Peaks: Fuego, camina conmigo: la pasión de Laura Palmer”, 

en dossier “David Lynch, mundos extraños”, Dirigido, febrero 2016.

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