UN EXTRAÑO EN MI VIDA (1960)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

Presentación

recuerdai   Hoy, a las 21:00 horas, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, prosigue el ciclo Recuerda (I): Grandes películas olvidadas de la Historia del Cine con la proyección de Un extraño en mi vida (1960), celebrando el 100º cumpleaños de Kirk Douglas.

   El ciclo está organizado por el Área de Cine y Audiovisual (Cine Club Universitario / Aula de Cine) de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada y cada una de las películas que lo componen se proyectan en versión original en inglés con subtítulos en español.

   El Precio normal de la entrada son 2 €; precio con carnet del Cineclub, 1,50 € y abono 10 sesiones, 9 €.

Rasgos a destacar de Un extraño en mi vida

   Aquí vamos a recordar al mejor Richard Quine (1920-1989) : el elegante director de films noir  como La senda equivocada (Drive a crooked road, 1954) y La casa nº 322 (Pushover,1954), del simpático musical Mi hermana Elena (My sister Eileen,1955), de excelentes comedias como Me enamoré de una bruja (Bell, book and candle,1958), La misteriosa dama de negro (The notorious landlady, 1962), Encuentro en París (Paris-When it sizzles, 1964), La pícara soltera (Sex and the single girl, 1964) y Cómo matar a la propia esposa (How to murder your wife, 1965), y de melodramas como El mundo de Suzie Wong (The world of Suzie Wong, 1960) o, sobre todo, el título que aquí traemos a colación: UN EXTRAÑO EN MI VIDA. Este último, producción para Columbia Pictures del propio Quine y de Bryna Productions, la productora de Kirk Douglas, protagonista masculino del film, parte a su vez de una novela, adaptada al cine por su mismo autor, original de Evan Hunter, al cual los aficionados a la novela policíaca recordarán sobre todo por su seudónimo habitual, Ed McBain.

strangers_-when_-we_meet   UN EXTRAÑO EN MI VIDA es un espléndido melodrama y uno de los mejores trabajos de Quine, si no el mejor, del cual llama la atención el excepcional tratamiento visual y narrativo del realizador, gracias al cual la aparentemente vulgar premisa dramática que al principio lo sostiene se transforma en una sublime historia de amor imposible y una amarga digresión sobre la hipocresía social y la falsedad de las apariencias. De hecho, cuando hablamos de “vulgaridad” nos referimos a la percepción que, a simple vista, tiene para el entorno que les rodea el romance adúltero del arquitecto Larry Coe (un soberbio Kirk Douglas) y el ama de casa Maggie Gault (una brillante Kim Novak). “Vulgaridad”, asimismo, puesta en boca de un tercer personaje, el sibilino vecino de Larry, Félix Anders (un extraordinario Walter Matthau), también a simple vista un hombre-casado-y-padre-de-familia que, bajo esa hipócrita apariencia de respetabilidad, es amigo de practicar “sotto vocce” el adulterio. Dicho de otro modo, Félix vendría a ser la personificación de cierto orden social, moral y ético establecido, incapaz de entender que lo que mueve a Larry y Maggie a lanzarse el uno a los brazos del otro no es el aburrimiento (como en el caso de Félix o el del resto de hombres y mujeres de su misma ralea), sino por el contrario un desesperado impulso de huir de ese entorno. Si bien es verdad que, en un primer momento, lo que llama la atención de Larry es la impresionante belleza de Maggie, más adelante ambos se darán cuenta de que su mutua atracción se deriva no tanto de lo físico como, sobre todo, de un sincero reconocimiento de su diferencia: Larry y Maggie se aman porque se sienten diferentes a los demás: porque hay en ellos una sensibilidad que les hace distintos al resto de habitantes del lujoso barrio residencial de Los Ángeles donde ambos viven y que suelen practicar a escondidas el adulterio como forma de combatir el tedio de sus vacías existencias.

strangers_when_we_meet   Quine maneja este material dramático con un desusado talento para sugerir, en ocasiones con un simple cambio de posición de la cámara dentro de una misma secuencia, la contraposición de mundos, de maneras de entender la vida, que subyace en el fondo del relato. Véase, por ejemplo, cómo en determinadas escenas encuadra a Larry y Maggie en plano general y ligero semipicado para mostrarlos integrados en la comunidad en la cual se hallan inmersos, y cómo, a continuación, desciende suavemente la cámara con la grúa en los momentos en los cuales ambos se encuentran, se relacionan entre sí, situándolos al mismo nivel: haciéndoles compartir un mundo que tan sólo les pertenece a ellos. Llama la atención, asimismo, el sutil paralelismo que se establece entre la evolución del romance prohibido de la pareja protagonista y el proceso de erección de la nueva casa que ha diseñado Larry imponiendo sus propias ideas en lo que a arquitectura se refiere; se crea, de este modo, una equivalencia entre el amor de Larry hacia Maggie, en cuanto liberación de ese contexto social que le oprime, y el de Larry hacia la arquitectura, en cuanto liberación de su creatividad. Dicho paralelismo culmina precisamente en la secuencia final, cuya belleza formal, estética e incluso lírica la inscribe entre las mejores páginas legadas por Richard Quine: la última conversación de Larry y Maggie en la casa ya terminada, a modo de idílica representación de un inexistente paraíso terrenal, donde Larry expresa su sueño imposible de construir un muro gigantesco que rodease la vivienda, en la cual vivirían, solos y aislados del resto de la humanidad, él y Maggie. Mas el suyo es un amor excesivamente constreñido por aquel entorno y las propias circunstancias personales de los protagonistas, tal y como Quine se ha encargado de dejar bien claro por mediación, sobre todo, de dos extraordinarias secuencias: la de la fiesta en casa de Larry y su esposa Eve (Barbara Rush), donde en medio de un carnaval de hipocresía, falsa amabilidad, cínicas sonrisas y un exceso de alcohol se pone de relieve la fragilidad de los sentimientos de los personajes (la ambición de Larry, a quien le ofrecen el proyecto de diseñar una ciudad entera; la incomodidad de Maggie, a la cual nadie parece reconocer ninguna otra cualidad humana salvo su llamativa belleza física; el cinismo de Félix, quien le da a entender a Larry que conoce su relación adúltera con Maggie e intenta convencerle de que, en el fondo, él es tan falso e hipócrita como el resto de los hombres casados del barrio); y el intento de seducción, casi de violación, de Félix a Eve, en el cual se dibuja perfectamente el repugnante clima moral que preside el contexto del relato: Félix está convencido de que Eve aceptará sus insinuaciones sexuales porque cree a pies juntillas que la esposa de un adúltero como Larry tiene que ser, asimismo, una adúltera en potencia.

Ficha Técnica

 

  • strangers_when_we_meetAño.- 1960.
  • Duración.- 117 minutos.
  • País.- EE.UU.
  • Género.- Drama.
  • Título Original.- Strangers when we meet.
  • Director.- Richard Quine. 
  • Argumento.- La novela homónima (1958) de Evan Hunter.
  • Guión.- Evan Hunter.  
  • Fotografía.- Charles Lang, Jr. (Cinemascope 2.35:1 – Eastmancolor).  
  • Montaje.- Charles Nelson. 
  • Música.- George Duning. 
  • Productor.- Richard Quine.  
  • Producción.- Bryna Productions – Richard Quine Productions.
  • Intérpretes.- Kirk Douglas (Larry Coe), Kim Novak (Maggie Gault), Walter Matthau (Félix Anders), Ernie Kovacs (Roger Altar), Barbara Rush (Eve Coe), Virginia Bruce (sra. Wagner), Kent Smith (Stanley Baxter), Helen Gallagher (Betty Anders), John Bryant (Ken Gault), Roberta Shore (Linda Harder), Nancy Kovack (Marcia), Ernest Sarracino (Frank Di Labbia).

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    Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario.