SENSO

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

senso   “No sé por qué la crítica no quiere reconocer todavía mi libertad. A veces se me frena desde la izquierda y se me encuentran mil intenciones sociales, y otras veces se me reclama la estética pura, la del arte por el arte. Querría disipar este equívoco, que me humilla (…) La verdad es que sólo obedezco a dos directrices: establecer una verdad filológica, histórica y dramática, e intentar alcanzar ese ideal de espectáculo completo que es precisamente el melodrama, imagen-compendio de lo que es la vida”.

Luchino Visconti

   “En SENSO, Visconti hace nacer el dinamismo del relato cinematográfico en el interior de los planos; su narración progresa casi siempre en el espesor novelesco de un flujo de planos-secuencia wellesianos a los que Visconti confiere una dimensión suplementaria; la arquitectura narrativa del autor de SENSO deja de ser cinegráfica para convertirse en escénica”.

Freddy Buache

   Camillo Boito (1836-1914) fue el autor de un breve relato de una treintena de páginas que Visconti tomó como punto de partida para su film SENSO. Boito planteó en “Senso” el retrato psicológico de unos personajes sometidos a una intensa pasión amorosa (más sincera por parte de ella) y donde la crónica social o histórica no aparecía más que de una forma muy marginal, a través de la ubicación de los acontecimientos en una fecha concreta, 1866, en plena guerra de independencia italiana frente a Austria, potencia ocupante del norte de la península.

   En el film de Visconti, la sustancia de esos hechos no se altera, sino que mediante un escrupuloso conjunto de indicios y algunas adiciones se otorga un sentido histórico-político al film muy alejado del característico del relato. La principal consecuencia de esas alteraciones estribaba en que los personajes aparecían mucho más vinculados con su contexto histórico, hasta el punto de devenir representativos de actitudes y situaciones generalizables más allá de sus casos particulares. Esa situación remitía a los momentos finales de la lucha por la independencia y formación del estado italiano, en torno a la unificación de los diversos estados y territorios de la península, a la expulsión del ocupante austriaco de las tierras de la Lombardía y el Veneto. De ahí que la construcción de esa historia de amor gire en torno a la segunda batalla de Custoza, que pese a ser una cruenta derrota de las fuerzas italianas iba a significar también el canto del cisne de la presencia de Austria en Italia.

imagensenso   Si el personaje de Livia, en su individualismo romántico e insolidario define una actitud representativa de la situación italiana, el personaje del teniente Franz Mahler adquiere en Visconti asimismo mayor relieve que en Boito e introduce temas luego muy queridos por Visconti, como la reflexión sobre la cultura germana y sobre la decadencia de una clase enfrentada al fin de su tiempo histórico. Franz no es sólo un ser cínico capaz de llegar a la lucidez (“la razón no tiene nada que ver con la guerra. ¿Qué es en definitiva la guerra sino un método cómodo cara obligar a los hombres a pensar y actuar de la forma más conveniente para los que tienen el poder?”), sino que es capaz de establecer un diagnóstico correcto sobre el significado de su propia decadencia: “Qué me importa que mis compatriotas hayan ganado hoy una batalla en un lugar llamado Custoza, cuando sé que perderemos la guerra. Y no solamente la guerra… Austria en pocos años estará acabada y un mundo entero desaparecerá, aquel al que pertenecemos nosotros, tú y yo. El mundo nuevo del que habla tu primo no tiene el placer donde se encuentre. Por otra parte, tú piensas como yo, si no no me habrías dado el dinero para pagarte una hora de amor”. La decadencia de clase y del imperio, el desprecio de los ineluctables nuevos tiempos, el hedonismo y la identidad de clase entre él y Livia aparecen descaradamente en esas palabras de Franz, que se configuran como guías para el futuro cine de Visconti.

imagen_senso   SENSO es, sin duda, un melodrama; y con ello Visconti tampoco traiciona a un neorrealismo que, tras la apariencia de su objetividad, no hace más que construir situaciones melodramáticas, como corresponde a un movimiento que encuentra su aglomerante mucho más en un punto de vista moral que no estético. El melodrama está presente no sólo como estructura narrativa estrechamente vinculada al carácter sentimental de las vivencias de los personajes, sino que trasciende a una puesta en escena deudora de la tradición escénica y operística. Pero no se trata tan sólo de que la música otorgue unas significaciones muy concretas a las imágenes propuestas (el tercer acto de “Il trovatore”, de Verdi, que abre el film, los compases del primer y segundo tiempo de la séptima sinfonía de Bruckner, el homenaje implícito en el nombre de Franz Mahler, que sustituye al original de Remigio Ruiz), sino de que lo melodramático implica una concepción del mundo y por tanto desemboca en una estética, donde el carácter espectacular entendido como síntesis de las diversas formas de expresión artística se hace predominante.

imagen_de_senso   Y el énfasis de lo melodramático alcanza también al énfasis de la puesta en escena. En SENSO se configura ya lo que en el futuro se conocerá como “viscontiano”: refinamiento esteticista, sobrecarga decorativa, complejidad del movimiento de cámara, juegos constantes de referencias a otros sistemas artísticos, etc. Con SENSO, Visconti realiza una decisiva aportación al uso expresivo del color cinematográfico; sus dos fotógrafos, G.R. Aldo (muerto en accidente durante el rodaje) y Robert Krasker tendrán como referente inmediato la pintura italiana del período 1860-1870, sobre todo la tendencia de los ‘macchiaioli’ florentinos, con sus claros contrastes de color y brillantez, con su carga literaria, con su adhesión al Risorgimento, con el carácter evanescente de una pintura que pudo convertirse en impresionista y que, sin embargo, sólo fue epigónica de un romanticismo desfasado.

   Es de esa manera cómo lo melodramático en Visconti deja de ser un adjetivo más o menos peyorativo, un simple encasillamiento, y se convierte en la fuerza motriz de una estética puesta al servicio del realismo crítico.

Senso-759793376-large   Ficha Técnica:

  • Año.- 1954.
  • Duración.- 118 minutos.
  • País.- Italia.  
  • Género.- Drama.
  • Título Original.- Senso.
  • Director.- Luchino Visconti.
  • Argumento.- La novela homónima (1883) de Camillo Boito.
  • Guión.- Luchino Visconti, Suso Cecchi D’Amico, Carlo Alianelli, Giorgio Bassani y Giorgio Prosperi.
  • Diálogos adicionales.- Tennessee Williams y Paul Bowles.
  • Fotografía.- G.R. Aldo y Robert Krasker (Technicolor).
  • Montaje.- Mario Serandrei.
  • Música.- “Sinfonía nº 7” de Anton Bruckner, adaptada por Nino Rota.
  • Ayudantes de dirección.- Francesco Rossi y Franco Zeffirelli.
  • Productor.- Domenico Forges Davanzati y Renato Gualino.
  • Producción.- Lux Film.
  • Intérpretes.- Alida Valli (condesa Livia Serpieri), Farley Granger -doblado por Enrico Maria Salerno- (teniente Franz Mahler), Massimo Girotti (marqués Roberto Ussoni), Rina Morelli (Laura), Marcella Mariani (Clara), Heinz Moog (conde Serpieri), Sergio Fantoni (Luca), Christian Marquand (oficial bohemio), Tino Bianchi (capitán Meucci), Tonio Selwart (coronel Kleist).

   Apuntes y Curiosidades:

   Fue a través de este recorrido por la historia de un pueblo unido casi casualmente para devenir nación como el aristocrático Visconti escogió como brújula el concepto de ‘nacional-popular’ enunciado por el comunista Antonio Gramsci en sus “Cuadernos de la cárcel” con el cual el político y pensador sardo sostenía con lúcida determinación el derecho-deber de los artistas e intelectuales de hablar en modo concreto de los problemas, los intereses y los sentimientos del pueblo-nación. Un concepto de naturaleza sociológica más que artística, con el cual -en clara polémica con el idealismo, entonces dominante, de Benedetto CroceGramsci apuntó a la necesidad cultural de abandonar el cosmopolitismo humanista y afirmó la perspectiva de un nexo directo entre cultura y nación, entre intelectuales y realidad popular: por lo tanto, la necesidad de un carácter nacional-popular de la literatura que, con la puesta en escena de SENSO, Visconti extendió ya al cine, también con el explicito propósito de ir más allá de la vocación por la crónica que tenía el neorrealismo.

Senso   Con plena coherencia narrativa y cultural, sucede así que la clave interpretativa de SENSO aparece explícita en la fluida panorámica que, bajo los títulos de crédito, pasa de la perspectiva de una mirada al escenario del Teatro La Fenice donde se representa “Il trovatore”, de Giuseppe Verdi, al mundo cerrado -pero estratificado por clases- de quienes llenan el dorado oval de la platea, circundada de palcos y dominada por el “paraíso”. Es el mismo sentido del relato, que se transfiere del reino de la convención teatral al de la realidad histórica, dando origen a un cortocircuito, no sólo rítmico, del cual queda inexorablemente prisionera la condesa Serpieri (Alida Valli). Construido dramáticamente por completo en torno a la pasión autodestructiva que experimenta una mujer de la nobleza, sensible también a la fascinación patriótica, por un oficial austriaco putero, bellaco y desertor (el teniente Mahler: Farley Granger), el cuarto largometraje dirigido por Luchino Visconti pone en escena una doble derrota: por una parte, privada y sentimental; por otra, ideológica e histórica. Con el resultado de que la melodramática pasión amorosa de los dos personajes, mirada por la cámara sin ninguna simpatía, asume un significado autónomo en relación con los sucesos históricos entre los cuales se desarrolla; pero no por esto acepta renunciar jamás a la declarada ambición de devenir también una metáfora interpretativa de los sucesos mismos, Es de esta dicotomía de donde emerge en primer término el destilado de esa contradicción dialéctica siempre querida por el intelectual Visconti: esteta marxista y decadente racional. Estas son, al menos, las intenciones declaradas de SENSO, porque después, en la pantalla sucede que el proyecto dialéctico sólo funciona bien en un sentido único, obteniendo altos resultados en la representación de un emblemático asunto privado ‘en negativo’, pero no tan satisfactorios cuando se propone hacer emerger en primer plano a los otros, la antítesis narrativa: es decir, los representantes del mundo exterior al de la pasión, o la Historia misma, como sucede en la larga secuencia de la batalla de Custoza, donde la acción se disuelve enteramente con el predominio de las soluciones figurativas. A este éxito desequilibrado concurren muchos factores: la endémica dificultad de Visconti para representar personajes positivos y escenas de masas; quizá la intervención de la censura que, en el nombre de un patriotismo malentendido, impuso a Visconti el corte de un par de secuencias en las que tomaba cuerpo el personaje positivo del marqués Ussoni (Massimo Girotti); el exceso figurativo de las citas pictóricas (Hayez, Fattori y los ‘macchiaioli’ florentinos, sobre todo) y el musical de la omnipresente Séptima Sinfonía de Anton Bruckner; seguramente lo programático de un guión que a menudo tiende a resolver las dificultades dialécticas de la novela histórica recurriendo a cualquier escamoteo de oficio: así, el empeño del marqués Ussoni por contar la batalla, o las “proféticas” palabras del teniente Mahler cuando, en la secuencia de Verona, anticipa en medio siglo la caída del imperio austrohúngaro y habla de sí mismo con la lucidez de un informe psicoanalítico. Sin embargo, a través de este esquematismo estructural, la dimensión histórica emerge con potencia en SENSO: en virtud del uso fuertemente perspectivo del color y por la fuerza de la síntesis conceptual con que las imágenes consiguen reconstruir una época de grandes transformaciones políticas, éticas y sociales, anticipando la inevitable decadencia. En este sentido, el film anticipa en casi diez años las que serán también coordenadas estéticas y narrativas de El Gatopardo.

 CCU-Abril-2016-LUCHINO-VISCONTI-727x1024   Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario.

   Si os ha gustado este post os animamos a compartirlo para que el mayor número de personas posible asistan y disfruten hoy de esta película, perteneciente al Ciclo Maestros del Cine Clásico (IX): Luchino Visconti (en el 110 aniversario de su nacimiento), organizado por el Área de Cine y Audiovisual (Cine Club Universitario) de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias, a las 21:00 horas. Versión original en italiano con subtítulos en español.

   Precio normal de la entrada: 2 €; Precio con carnet del Cineclub: 1,50 €.; Abono 10 sesiones: 9 €.

   ¡Muchas Gracias por leer!

 

 

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