Nacid@s tal día como hoy… 1 de abril: Toshiro Mifune, Lon Chaney, Robert Pirosh, Philip Yordan y Sergei Rachmaninoff

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

Información complementaria a los ciclos del Área de Cine y Audiovisual (Cineclub universitario / Aula de cine) de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea. Universidad de Granada.

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Toshiro Mifune (1920-1997)

Comencemos con un centenario. Tal día como hoy hace justo 100 años nacía en Qingdao (Shandong, China), posiblemente el actor de cine oriental más conocido, Sanchuan Minlang, aunque en realidad es más recordado por su nombre japonés, TOSHIRO MIFUNE. De padres japoneses (hasta los 20 años no irá a ese país), la carrera profesional de «El lobo» o «El shogun», apodos con los que también se hace referencia a él, no empieza hasta acabada la 2ª Guerra Mundial y está totalmente ligada a la del maestro Akira Kurosawa con el que realizó 16 películas, tras debutar en la gran pantalla en 1947 de la mano del director Kajirô Yamamoto: 16 trabajos que abarcan desde «El ángel ebrio (1948) hasta «Barbarroja» (1965), y entre los cuales se encuentran varias obras maestras del cine. La presencia de Toshiro Mifune en Cineclub ha estado unida a estos trabajos con Kurosawa por lo que os remitimos a nuestra entrada del pasado 23 de marzo cuando recordábamos el 110 aniversario del nacimiento de «El Emperador«. No obstante, no queremos dejar pasar esta fecha tan señalada de hoy sin citar algunos títulos más, imprescindibles, de ese trabajo en común, así como de otros films de Mifune sin Kurosawa. De los primeros al menos tres: «La fortaleza escondida«, deliciosa película de aventuras cuya trama y personajes, por propia confesión, sirvieron de inspiración a George Lucas para su «La guerra de las galaxias» -detalle curioso: Lucas barajó el nombre de Mifune para que fuera «Obi-Wan Kenobi», personaje que luego fue a parar a Alec Guinness, por cierto uno de nuestros recordados mañana día 2 de abril-; «El infierno del odio«, maravilloso thriller, claustrofóbico film «noir» (y social) de sobrecogedor y sencillo final; y muy especialmente la magistral «Barbarroja«, una de las películas más hermosas jamás filmada sobre el mundo de los médicos y la medicina. Y sin Kurosawa, pero aún en el cine japonés, participó en otra  obra maestra: la arrebatadora e imprescindible «El hombre del carrito«, perla del cine filmado en technicolor de cualquier país o época. Fuera de Japón, como actor en producciones internacionales, su carrera comienza a finales de los 60, sobre todo en papeles de reparto, con la notable  «Grand Prix» de John Frankenheimer, cineasta con el que repetirá ya en los 80 en «El reto del samurái«, vibrante film de aventuras y acción, donde da vida a un veterano samurái, trasunto de tantos otros personajes similares que interpretó a lo largo de su carrera con o sin Kurosawa. Pero quizás uno de sus papeles en producciones de Hollywood más recordado sea el del soldado japonés náufrago, en plena 2ª Guerra Mundial, en una isla del Pacífico enfrentado o aliado, según las circunstancias, a otro soldado en este caso norteamericano al que daba vida Lee Marvin: «Infierno en el Pacífico» es un magnífico trabajo del director John Boorman con un soberbio duelo interpretativo entre ambos únicos protagonistas (esta película tuvo además un interesante remake, en clave de ciencia ficción en los años 80, dirigido por Wolfgang Petersen: «Enemigo mío«. Lógicamente como soldado/oficial japonés en films bélicos de la 2ª Guerra Mundial,  encontraremos a Mifune en más ocasiones, desde la correcta reconstrucción de «La batalla de Midway» hasta la muy fallida megacomedia de Steven Spielberg «1941», última presencia de este magnífico intérprete en la pantalla del CineClub (marzo 2016, MAESTROS DEL CINE CONTEMPORÁNEO VII: STEVEN SPIELBERG (1ª parte).

TOSHIRO MIFUNE en sus personajes: una antología.

Uno de los imborrables momentos de la obra maestra BARBARROJA: cómo plasmar lo que nos hace humanos sobre una pantalla.

Promo de la magistral EL HOMBRE DEL CARRITO.

INFIERNO EN EL PACÍFICO. Completa en v.o.s.e.

John Boorman comenta su película INFIERNO EN EL PACÍFICO.

EL RETO DEL SAMURAI. Completa en v.o.s.inglés.

Lon Chaney (1883-1930)

Y de una leyenda de la interpretación a un mito con mayúsculas. Hoy hace 137 años que nacía «El hombre de las mil caras» como fue bautizado en su época; uno de los actores más brillantes, genuinos e inimitables del periodo silente; uno de los actores que mejor representó el rostro del terror, de lo siniestro que anida en lo fantástico, en los primeros tiempos del Séptimo Arte: LON CHANEY. Un terror, todo hay que decirlo, bajo el que bullía en muchas ocasiones un profundo patetismo que Chaney lograba sacar al exterior, por encima de sus aparatosos maquillajes, gracias a sus portentosas dotes para la mímica -la convivencia desde niño con unos padres sordomudos lo habían dotado para ello-. De tod@s es bien sabido que Chaney diseñaba y se implantaba sus propios maquillajes: aún no existían las figuras de l@s maquillador@s o diseñador@s de maquillaje por lo que Chaney fue un pionero en este campo. Maquillajes, en muchas ocasiones, tremendamente elaborados, molestos y hasta dolorosos, basados en incrustar en su rostro elementos que lo deformaran  como el famosísimo que ideó y uso en la magistral «El fantasma de la Ópera» espectacular producción con imágenes en technicolor bicromático, y que fue el primer film de Chaney que pasó por la pantalla del CinecLub en noviembre 1997 dentro de la 1ª entrega de nuestro ciclo dedicado al cine silente NO NECESITABAN PALABRAS TENÍAN ROSTROS (JOYAS DEL CINE MUDO). Muchas de sus criaturas arrastraban deformidades físicas que, la mayor de las veces, eran reflejo de sus deformidades psicológicas, de la maldad oculta en sus maltrechos cuerpos. La excepción a esta regla está, lógicamente aunque no solo, en su patético y conmovedor «Quasimodo» de la excelente y no menos espectacular «El jorobado de Notre Dame«: «Siempre quise recordar al publico que los seres de aspecto más miserable de la Humanidad pueden tener una capacidad suprema para el sacrificio. El enano más deforme que mendiga por las calles puede poseer los más altos  ideales» afirmaba. Pero siempre, y sobre todo en sus trabajos al lado del gran Tod Browning, maestro de lo siniestro en el silente norteamericano, Chaney abría un hueco para que lo mejor de ese cruel (y atormentado) ser, aflorara: un instante de luz, un instante de bondad. Así lo pudimos ver en otros dos de sus trabajos que han pasado por el Cineclub, ambos dirigidos por Browning: en la ya citada en días anteriores, a propósito del nacimiento de Joan Crawford, la magistral «Garras humanas«, y en la excelente y emotiva «Los pantanos de Zanzíbar» (abril 2009, NO NECESITABAN PALABRAS TENÍAN ROSTROS (JOYAS DEL CINE MUDO VII), proyectada con la música en directo creada para la ocasión por Graciela Jiménez). No solo a «monstruos», en el sentido más popular del término, dio vida Chaney: su catálogo de personajes malvados abarca matones, gangsters y delincuentes de todo tipo y condición o atormentados y vengativos payasos -«no hay nada gracioso en la imagen de un payaso a la luz de la luna» decía- y así los podemos disfrutar en films como «The  penalty», «As de corazones», «Oriente», «El que recibe el bofetón» o «Ríe, payaso, ríe». Mención especial merece su brillante recreación de «Fagin», el pérfido personaje creado por Charles Dickens para su inmortal «Oliver Twist», y al que Chaney insufló vida y su personal toque en la versión de Frank Lloyd con Jackie Coogan -«El Chico» de Charles Chaplin- como «Oliver» y que vimos en la 5ª entrega del ciclo de cine mudo realizado en enero de 2005.

Vida y obra de LON CHANEY en dos magníficos documentales.

EL FANTASMA DE LA ÓPERA. Completa, restaurada (British Film Institute) y con música.

THE PENALTY. Completa, restaurada y con música.

AS DE CORAZONES. Completa y con música.

OLIVER TWIST. Completa, con música y en v.o.s.e.

Extractos de la proyección en CineClub Univeritario de LOS PANTANOS DE ZANZÍBAR con música en directo.

Robert Pirosh (1910-1989)

El guionista ROBERT PIROSH, nacido hoy hace 110 años, escribió una de las mejores películas bélicas sobre la 2ª Guerra Mundial de la Historia del Cine. Nos referimos a la magistral «Fuego en la nieve» dirigida con su brillantez habitual por el olvidado maestro William A. Wellmann, y de la que pudimos disfrutar en mayo de 2011 dentro de nuestro ciclo dedicado a la recuperación y reivindicación de los géneros cinematográficos (en este caso de uno tan desprestigiado como éste), REDESCUBRIR EL CINE DE GENERO (III): EL CINE BÉLICO. Este ciclo, como en otras ocasiones, servía de complemento al taller que dedicamos a la Historia del Cine Bélico en el Aula de Cine: con él tratamos de acabar o al menos matizar esos, en su mayoría, infundados prejuicios que existen sobre el mismo, y que se podrían resumir en la idea, muy extendida, de que el cine bélico ensalza la guerra como algo «divertido y emocionante». Y nada más lejos de la realidad o al menos del «buen cine bélico»: y es que exceptuando el realizado en épocas de conflictos armados, concebido por tanto como herramienta de propaganda y donde cumple la función de exaltar el ánimo para seguir en la lucha (de ahí a afirmar que muestra la guerra como algo «divertido y emocionante» va un abismo), el «buen cine bélico», el que se filma acabados los conflictos, no hace -nunca ha hecho- apología de la guerra, como se ha dado en mal pensar, sino que muestra, con mayor o menor crudeza, con un tono más o menos documental, una atroz actividad  del ser humano que se ha mantenido por siglos -exterminar a sus semejantes por cualquier motivo-, a través de las vicisitudes, aventuras, pequeños instantes de vida, buenos, malos o peores, de hombres y mujeres «en guerra» -a veces contra enemigos, a veces contra «amigos», a veces contra ellos mismos- sea en un campo de batalla, en un ciudad sitiada o en un hospital de campaña. Eso es lo que el citado film de Pirosh-Wellmann hacía a partir de una historia ubicada, histórica y espacialmente, en la famosa batalla de las Ardenas, momento clave en  el desarrollo de la 2ª Guerra Mundial en Europa. Pirosh, guionista al que también podemos encontrar en títulos tan variopintos como «Un día en las carreras» de los hermanos Marx, «El Mago de Oz» (aunque no acreditado) o en la excelente comedia fantástica «Me case con una bruja«, volvió sobre este tratamiento nada enfático ni apologético de la guerra en films  posteriores (la estupenda «Comando» de Don Siegel, protagonizada por Steve McQueen) o en televisión (la magnífica serie «Combat»), medio donde también aportó su trabajo a seriales tan famosos y de tanto éxito en los años 60 y 70 como «Mannix», «Bonanza» «Ironside» o «El fugitivo».

Un par de momentos de la magistral FUEGO EN LA NIEVE.

FUEGO EN LA NIEVE. Completa en v.o.s.inglés.

Philip Yordan (1914-2003)

Si Akira Kurosawa fue un director que casi siempre trabajó, especie de eco en el fondo de sus ficciones, sobre los grandes títulos clásicos de  la tragedia grecolatina o shakesperiana, el gran PHILIP YORDAN, guionista estadounidense nacido un día como hoy hace 106 años, no le fue a la zaga. Los grandes temas y/o personajes de algunas de esas obras imperecederas son rastreables sin dificultad en sus ficciones, con especial gusto por aquellos textos que hablan de temas como la venganza, la envidia, los celos y/o las turbias y conflictivas relaciones  paterno-filiales o fraternales, reales o sugeridas, a propósito de «herencias» y «deudas pendientes» en el tiempo. Esta atracción dota a  sus guiones, total o parcialmente, de una densidad fascinante que aplica a géneros cinematográficos tan populares como el western, el melodrama o el noir. Así por ejemplo el shakesperiano «El rey Lear» está presente en sus libretos para joyas como «Odio entre hermanos», «Lanza rota» o «El hombre de Laramie, de igual modo que «Cautivo del terror» es «Macbeth» llevada al universo gangsteril, o las fabulosas «Brigada 21» y «Nube de  sangre» en el «noir» y «El vengador sin piedad» en el western, exploran lo que el erosivo afán de venganza, asunto tan universalmente trágico, produce en sus protagonistas. «Dillinger», «El reinado del terror», «Agente especial», «Más dura será la caída» «Rey de reyes», «El Cid» o «55 días en Pekín» son solo una muestra más de la imprescindible aportación de este guionista de Chicago a la Historia del Cine. En Cineclub hemos podido ver tres de sus trabajos en las magistrales «Johnny Guitar» y «Pánico en las calles» (noviembre 2009, MAESTROS DEL CINE CLÁSICO (IV)- ELIA KAZAN), y la soberbia «La caída del  Imperio Romano«del maestro Anthony Mann (y con Alec Guinness), esta última dentro del ciclo PANEM ET CIRCENSES (mayo 2004) complementario al taller que sobre EL PEPLUM, es decir el conocido como «Cine de Romanos», organizó el Aula de Cine (eran los años del resurgimiento de este género imperecedero: los años  de «Gladiator», «Troya», «300»…).

El director John Landis presenta la magistral PÁNICO EN LAS CALLES.

Sergei Rachmaninoff (1873-1943)

Y unos «minutos musicales» para finalizar. El compositor, pianista y director de orquesta SERGEI RACHMANINOFF nació un día como hoy hace 147 años. En este enlace os dejamos constancia del sinfín de películas que han usado sus composiciones. Pero hay dos, además sobre la misma pieza, su famoso «Concierto para piano nº 2», especialmente recordadas. De la primera ya hablamos al conmemorar el nacimiento del maestro David Lean, «Breve encuentro«. La otra… bueno la otra, es puro Wilder y pura Marilyn: «La tentación vive arriba» (marzo 2012, MAESTROS DEL CINE CLÁSICO (V) – BILLY WILDER 2ª parte). Y es que lo no logre «el bueno de Rachmaninoff y su viejo nº 2″…

El «Concierto nº 2» usado en BREVE ENCUENTRO.

El «Concierto nº 2» usado en LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA.