Marathon Man (1976)

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

  Película enmarcada en el ciclo LAS DÉCADAS DEL CINE (I): LOS AÑOS 70 EN EL CINE ESTADOUNIDENSE (1ª parte) organizado por el  Cine Club Universitario / Aula de cine de La Madraza.Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada.

«Film exquisitamente bien estructurado, que no deja cabos sueltos en su complejo entramado narrativo».

Christian Aguilera

 

 Un film comercial, referencial, multigenérico y reflexivo.

   La crítica considera a MARATHON MAN una de las mejores películas de la década de los 70. Un film que supo ser comercial además de referencial, multigenérico y, al mismo tiempo, reflexivo. Su protagonista, Babe, interpretado por Dustin Hoffman, es un joven traumatizado por el suicidio de su padre, acusado por el mccarthysmo de comunista militante. Eso le había llevado a centrar su tesis doctoral en el impacto de esa caza de brujas en la sociedad norteamericana y, por razones imprevistas, se verá implicado en una oscura trama de intereses nazis, teniéndose que enfrentar a Szell, un terrible criminal de guerra interpretado por Laurence Olivier.

   En MARATHON MAN John Schlesinger realizó, en palabras de Ángel Sala, una alegoría de las raíces del fascismo en las redes económicas y de poder de los Estados Unidos y de la pervivencia del nazismo y sus terribles portadores en la sociedad moderna de la época, en la red de relaciones internacionales y los negocios globalizados.

   Dentro del thriller de conspiraciones políticas post-Watergate, MARATHON MAN evita elaborar toda su narrativa exclusivamente a través de los diálogos, dosificando los mismos al articularlos con imágenes que bucean en el pasado de los personajes para explicar el presente. El inicio de la película ya es un ejemplo de ello: Babe corre por el Central Park dispuesto a emular a su ídolo –Abebe Bikila-. Bastante avanzado el metraje, vuelve a proyectarse la imagen en blanco y negro del fondista keniano, en un recurso que busca hacer verosímil cara al espectador que la figura inspiradora de Babe contribuye a que éste pueda escapar a la carrera de una situación extrema. Además de esta información que se revela al espectador desde los primeros compases del film, y que está justificada en ese tramo del relato en que la vida de Babe está en peligro, toda la escenificación de esa caza del hombre contiene el valor de lo sugerente en su tratamiento visual. Así pues, constantemente observamos luces que, además de guiar a Babe por un tejido de naves industriales situadas en el perímetro de Nueva York, se alían con los perseguidores conforme a la idea de transfigurarse en elementos vigilantes e incluso amenazadores. La secuencia se vacía de diálogos por espacio de unos diez minutos para que sean las imágenes las que expliquen, hablen por sí solas de lo que acontece ante nuestros ojos, en una muestra clara de que MARATHON MAN camina por unos derroteros alejados de los parámetros estandarizados de un tiempo a esta parte.

Apuntes y Curiosidades

  • MARATHON MAN fue una clara heredera del estilo hitchcockiano -patente en el clímax de la Ópera en Paris-, con elementos de cine de terror -la pelota que surge de la oscuridad en la noche parisina dentro de un decorado decadente, que parece sacada de Toby Dammit, el famoso episodio de Federico Fellini dentro del film colectivo Historias extraordinarias (Histoires extraordinaires, Louis Malle, Roger Vadim y Federico Fellini, 1968), el interrogatorio a modo de sádica sesión odontológica o la escena del reconocimiento de Szell por antiguos prisioneros judíos en las calles del moderno Nueva York-, personajes siniestros (los dos esbirros de Szell) y un clima de paranoia que no se expresaba con tanta contundencia desde El último testigo (The Parallax View, Alan J. Pakula, 1974), a lo que contribuía la excelente banda sonora de Michael Small.
  • En MARATHON MAN no puede obviarse al director de fotografía Conrad L. Hall (1926-2003). De hecho, muchos de los aciertos de MARATHON MAN se encuentran en esa labor de preciosismo visual que admite a trámite la idea de que director y operador, a veces, se sitúan en un mismo plano de autoría para una producción concreta. Otro técnico recurrente de aquel periodo, Michael Small, se encargaría del apartado musical, proveyendo a Schlesinger de una banda sonora definida desde conceptos minimalistas que crean una especial de comunión para con las imágenes destiladas por director y operador con un enfoque muy preciso para cada tipo de secuencias. Ciento veinticinco minutos intensos dispuestos para tensionar al espectador y no darle tregua alguna.
  • MARATHON MAN ha permanecido en la memoria de no pocos aficionados gracias a diversas secuencias como la del interrogatorio-tortura a la que, armado con un arsenal propio de un dentista, Christian Szell somete a Babe; el acoso que siente Szell, a plena luz del día, por las calles de Nueva York cuando es identificado por una de sus víctimas de un campo de concentración nazi, o la secuencia nocturna donde Babe trata de esquivar a sus perseguidores. Todo ello a lo largo de un metraje cuyo inicio y final coinciden. La experiencia vivida ha procurado la evolución del héroe de la función. Babe vuelve a reencontrarse con su práctica deportiva favorita pero el “marathon man” al que da nombre el film por dentro ha cambiado.

   Fuente: Cuaderno del ciclo proyectado en MARZO 2015.

 

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