Maestro Chaplin – Etapa mutual: Programa nº 1 – (1916).

Área de Cine y Audiovisual / Aula de Cine/Cineclub

el período más feliz de mi carrera. Me sentía ligero y libre, tenía veintisiete años, unas perspectivas fabulosas y ante mí un mundo amistoso y brillante”.

Charles Chaplin

Introducción

Información acerca del ciclo No necesitaban palabras, tenían rostros (Joyas del cine mudo XIII): maestro Chaplin – Etapa mutual. Ciclo con el que el Cineclub universitario / Aula de cine de La Madraza cierra el año 2019. Este ciclo comprende el período en el que CHARLES CHAPLIN firmó en Nueva York un nuevo compromiso profesional con la MUTUAL FILM CORPORATION, en condiciones de absoluta libertad creativa y con un equipo estable de cómicos que incluían a la joven Edna Purviance, el fornido Eric Campbell o los secundarios Henry Bergman y Albert Austin, además de consolidar la colaboración con el director de fotografía Rollie Totheroh. Durante este período rodó doce comedias, que contribuyeron a desarrollar la mayoría de edad artística del cineasta, la consolidación de un estilo y la experimentación de unos recursos cómicos de probada eficacia, que reaparecerían sistemáticamente en sus posteriores largometrajes.

Se podrá disfrutar de dichos trabajos los días 10 y 13 de diciembre de 2019. Serán proyectados en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, a las 21:00 horas. 6 cortometrajes por día, dirigidos e interpretados por Charles Chaplin, con intertítulos en inglés subtitulados en español. Entrada libre hasta completar aforo. Recordarte que, en esta sala y durante las proyecciones, NO ESTÁ PERMITIDO comer ni hacer uso de dispositivos móviles. Te agradecemos tu colaboración.

Charlot, encargado de bazar (1916)

La trama de CHARLOT ENCARGADO DE BAZAR posee una cierta complejidad dramática derivada de la corrupción de los propietarios del negocio, los equívocos que rodean a Charlot y las acciones paralelas aportadas por otros personajes secundarios. No obstante, buena parte de esos conflictos conducen inevitablemente a la escalera que une la zona de ventas con las oficinas del local. Persecuciones, trompazos y carreras tienen como escenario este artilugio mecánico dotado de recursos cómicos mucho más espectaculares que otros similares utilizados por Chaplin a lo largo de su carrera.

Charlot, bombero (1916)

El segundo cortometraje de la Mutual rinde un merecido homenaje a los films sobre incendios que proliferaron en el cine norteamericano de principios del siglo xx. CHARLOT BOMBERO comienza con la alarma que despierta a los bomberos para el ejercicio matinal. Uno tras otro descienden por la barra que comunica su dormitorio con el garaje donde se halla aparcada la bomba de agua, pero ésta no puede ser enganchada al tiro de caballos. Su responsable se ha dormido y, evidentemente, no es otro que Charlot pero sus errores no han hecho más que comenzar. Cuando despierta, cree que se trata de una alarma verdadera y arranca al galope hasta que, consciente de la situación, decide retroceder. Los caballos, mediante un movimiento inverso de la cámara, vuelven sobre sus pasos hasta el cuartel.

En un artículo publicado en 1918 con el título “What people laugh at”, Chaplin explicó al periodista Robert Wagner los orígenes de este film : “Un día pasé por delante de un cuartel de bomberos en el momento en que se daba la señal de fuego. Vi deslizarse a los bomberos a lo largo del mástil, saltar por encima de la bomba y precipitarse hacia el fuego. E, inmediatamente, se me apareció toda una serie de posibilidades cómicas. Me vi seguir acostado, ignorando la alarma. Este punto sería comprendido por todo el mundo, pues a todos nos gusta dormir. Me vi deslizándome a lo largo del mástil, gastándoles bromas a los caballos de los bomberos, salvando a la heroína, cayendo de la bomba al doblar una calle e imaginé otras muchas cosas de la misma naturaleza. Las almacené en mi mente y, cuando más tarde, hice CHARLOT BOMBERO, me serví de todo ello. Sin embargo, si aquel día no hubiese observado el cuartel, todas aquellas posibilidades no se me hubiesen ocurrido luego”. Además de atento observador de la realidad, Chaplin era un buen conocedor del género cinematográfico que practicaba y, en el caso de CHARLOT BOMBERO resulta evidente que se inspiró en las comedias de la Keystone en las que él mismo había intervenido.

Charlot, músico ambulante (1916)

Maduración de un personaje muy parecido al protagonista de Charlot vagabundo pero, a la vez, un claro prototipo de las tipologías que Chaplin incluiría en sus posteriores largometrajes. En ese momento de su vida, el cineasta ya había creado un personaje pero todavía no había explorado a fondo sus recursos dramáticos. Por este motivo, la primera escena de CHARLOT, MÚSICO AMBULANTE sólo muestra los inconfundibles zapatos avanzando torpemente y la punta del bastón que asoman bajo la puerta giratoria de una taberna. Sin ver el resto, el público ya puede imaginarlo. Sin embargo, cuando ésta se abre, Chaplin incorpora una pieza imprevista a su indumentaria: un violín. Este instrumento, característico del melodrama, será el protagonista de la primera secuencia del film. El vagabundo utiliza su ingenio para pasar el sombrero hongo, otro de sus signos de identidad, entre los clientes, haciéndose pasar por uno de los componentes de la banda, que sigue tocando. Cuando éstos se dan cuenta de la estafa, empieza una persecución que Chaplin planifica con absoluta eficacia. El vagabundo toca el violín para Edna y ésta lava la ropa al ritmo de la música. La escena es eminentemente cómica pero, al mismo tiempo, contiene todo el patetismo que caracteriza a unos personajes miserables.

Charlot, a la una de la madrugada (1916)

El punto de partida, los problemas para regresar a casa después una tormentosa noche etílica, es similar al de Charlot se va de juerga pero la diferencia estriba en que aquí, el protagonista vuelve solo. Únicamente los imprevistos pueden alterar el orden establecido pero, tan pronto la cámara muestra el trayecto que el personaje debe recorrer hasta llegar a su habitación, el espectador intuye que los problemas serán múltiples.  CHARLOT A LA UNA DE LA MADRUGADA tiene la estructura propia de un número circense, mitad cómico, mitad acrobático. La dificultad aumenta cuando el personaje se dispone a subir al primer piso. Finalmente, consigue su objetivo y entra en su habitación. Queda, sin embargo, un último obstáculo por resolver. Su cama es automática y se desprende de la pared mediante un complicado sistema de control. A las dificultades derivadas de su estado, Chaplin debe añadir ahora las consecuencias de una tecnología de la que, veinte años después, seguirá siendo víctima en Tiempos modernos. CHARLOT A LA UNA DE LA MADRUGADA es un tour de force del payaso enfrentado a la hostilidad de los objetos domésticos con la pantomima como único recurso expresivo.

El conde (1916)

El protagonista de EL CONDE intenta aprender un oficio como medio de supervivencia antes que por verdadero interés en la materia. Aquí se trata de una sastrería y, ya en la primera escena, aparece tomando insólitas medidas a una clienta. Como en La fuga de Charlot, una intriga amorosa provoca una suplantación de identidades pero aquí el pacto que el sastre propone inicialmente, relegar a Charlot al papel de secretario, se deshace en el momento de las presentaciones y es éste quien se hace pasar por el verdadero noble que, a su vez, también acude a la fiesta. Por otra parte, Chaplin no desperdicia la ocasión que le proporciona la naturaleza de su personaje, un extraño en un mundo hostil, para retratar con ironía las costumbres de la burguesía. El propio Charlot tampoco queda al margen de la crítica social emprendida por el cineasta. Al levantarse de la mesa, un inesperado golpe en la espalda provoca que caigan de su chaqueta los cubiertos que ha robado. El vagabundo se aprovecha de cualquier situación en beneficio propio.

Charlot, prestamista

Charlot se desenvuelve con idéntica habilidad en los dos ambientes en los que transcurre CHARLOT PRESTAMISTA. De puertas afuera del establecimiento en el cual presta sus servicios, es un atento dependiente que atiende a los clientes con desigual fortuna. En la trastienda, es un indisciplinado empleado que se pelea continuamente con su colega y seduce a la hija del propietario de la tienda de empeños pero, finalmente, consigue impedir que éste sea atracado por un ladrón. Llega tarde al trabajo y es recriminado, deja su bastón en el interior de un trombón y encierra su sombrero hongo en una jaula vacía; toma un plumero y comienza a sacar el polvo. Pero su verdadero objetivo es la mesa donde trabaja su colega, interpretado por John Rand. Limpia sus papeles, no menos polvorientos, y provoca la primera catástrofe al introducir distraídamente el plumero junto a las aspas del ventilador. Sin embargo, el verdadero protagonismo de CHARLOT PRESTAMISTA recae sobre las constantes disputas entre ambos colegas de trabajo. La actitud de Charlot para con los clientes, objeto de la segunda parte del film, es, en cambio, muy distinta. Se deja ablandar el corazón por un actor en paro que le ofrece su alianza para, una vez ha recibido diez dólares, mostrar un voluminoso fajo de billetes. Es el precio que el protagonista paga por bajar la guardia, pero no volverá a sucederle.

Fuente: Dossier del ciclo No necesitaban palabras, tenían rostros (joyas del cine mudo XIII): Maestro Chaplin – Etapa mutual.