LA CAÍDA DE LOS DIOSES

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

escena_caida_de_los_dioses   “El zoom es la necesidad en cierto momento de acercarme un poco a algo. En lugar de cortar y de acercarse como se hacía habitualmente, como nos imponía la técnica. Es más práctico hacerlo así (…) Si quieren se trata de un procedimiento técnico de montaje: ello corresponde a un cambio de plano en la secuencia, hecho con el zoom para no perder tiempo”.

Luchino Visconti

   El zoom viscontiniano permite aparentemente conservar una continuidad, aunque la ruptura del plano por el montaje, o el inserto de un primerísimo plano, no son lo contrario de la continuidad. Algunos ven en los bruscos movimientos de zoom un manera de agujerear el plano-secuencia sin desgarrarlo; calificados por el mismo Visconti de “pseudo-raccords”, reemplazan al verdadero raccord, al cambio de plano, menos por economía que para garantizar que, por una parte y otra de esta cesura, el rostro seguría siendo idéntico a sí mismo. Los zooms en Visconti entran en la composición plástica y sonora para evocar, por este medio, mediante un trayecto visual, los tiempos recorridos imaginariamente por el espectador o mentalmente por los personajes.

   El príncipe Salina desaparece en las sombras de un callejón en el último plano de EL GATOPARDO. Abandona el escenario de la vida, que será dominado, como vaticina, no por gatopardos sino por hienas y chacales. Salina representa la integridad, cierta aristocracia del espíritu, en unos tiempos de transformación en los que toma el relevo en el poder una clase capitalista vulgar pero rica. Transige para que sus herederos, en concreto, su sobrino Tancredi, se beneficien de la adaptación a otras formas de poder. Sabe que se acerca su decadencia, no sólo por edad, porque siente que ya envejece, sino porque su tiempo, su época, se acaba, y hay que hacer concesiones. Negocia con la realidad y se sacrifica.

escena-de-caduta-degli-dei   Hay todo un trayecto, en este periodo de la obra de Visconti (1963-1973), en el que parece enfrentarse a sus propios fantasmas, los cuáles se debaten, desgarradamente, en la pantalla. Transferencias de un diálogo interior, entre ideales elevados y una realidad inhabitable, un infierno investido con los atributos del Apocalipsis, ya dominado por las hienas y los chacales, como refleja en LA CAÍDA DE LOS DIOSES, cuyo significativo primer plano es el del fuego del acero fundiéndose. El barón Von Essenbeck, el patriarca de la familia, dueño de la acería que suministra material de guerra al ejército alemán, es reverso y suplantador siniestro de Salina, al que se equipara en estrategias. Hace lo mismo que éste, maquina para posibilitar la adaptación a los nuevos tiempos (hace un mes que Hitler ha tomado el poder). Durante la cena inicial decide que su sucesor sea el de afiliación nazi, por conveniencia para un beneficioso futuro de la empresa, y no quien desprecia a sus principios ideológicos, Herbert (Umberto Orsini), noble y refinado entre una jauría de codiciosos y crápulas enzarzados en una despiadada lucha por el poder: Al remiso a integrarse en una realidad ajena a sus escrúpulos morales se le impele al exilio, cuando no es erradicado (su familia es ejecutada en un campo de concentración).

imagen-caida-de-los-dioses   LA CAÍDA DE LOS DIOSES representa una realidad pesadillesca en la que la conciencia ha desaparecido. No hay espacio intermedio entre el infierno y el limbo en el que sea factible el equilibrio entre ideales y realidad. En las estancias de la mansión de Salina destaca una pintura con la figura de Apolo. Lo apolíneo no tiene cabida en una realidad que se contempla sórdida, vulgar y carente de principios morales elevados. Lo dionisíaco, por su parte, adquiere una dimensión turbia. En LA CAÍDA DE LOS DIOSES no hay sensualidad, sino depravación. Toda expresión sexual es contemplada como degeneración y ultraje, sea una orgía, o el incesto y la pedofilia. Incluso lo apolíneo puede ocultar bajo su apariencia una condición siniestra, como ejemplifican Martin (Helmut Berger): Cual jinete del Apocalipsis, aniquila sin escrúpulo alguno, incluso, lo que representa la inocencia o lo sagrado, en un trayecto que va desde la deformidad dionisíaca de su presentación travestida cual Lili Marleen a su impoluta apariencia apolínea de agente del horror nazi.

   La manipulación escenificadora de la realidad, que la convierte en representación, puede realizarse por mero mezquino interés mundano. En LA CAÍDA DE LOS DIOSES, la quema del Reichstag tiene lugar durante la celebración familiar inicial, la cual se responsabilizará a los comunistas, una sibilina escenificación, en forma de cortina de humo, para afianzar el poder nazi, creando un chivo expiatorio para sugestionar a la masa: Aschenbach (Helmut Griem), oficial de las SS, es el avieso y artero titiritero que sabrá manipular al resto de los personajes para modelar el escenario a su conveniencia.

   La_ca_da_de_los_dioses-195548936-largeFicha Técnica:

  • Año.- 1969.
  • Duración.- 153 minutos.
  • País.- Italia-Francia.   
  • Género.- Drama.
  • Título Original.- La caduta degli dei.
  • Director.- Luchino Visconti. 
  • Guión.- Luchino Visconti, Nicola Badalucco y Enrico Medioli.
  • Fotografía.- Armando Nannuzzi y Pasqualino De Santis (Technicolor).
  • Montaje.- Ruggero Mastroianni. 
  • Música.- Maurice Jarre.
  • Productor.- Ever Haggiag y Alfred Levy.  
  • Producción.- Pegaso Film – Italnoleggio – Praesidens – Eichberg Film.
  • Intérpretes.-  Dirk Bogarde (Friedrich Brückmann), Ingrid Thulin (Sophia von Essenbeck), Helmut Berger (Martin von Essenbeck), Helmut Griem (Aschenbach), Renaud Verley (Günther von Essenbeck), Umberto Orsini (Herbert Thalmann), Charlotte Rampling (Elisabeth Thalmann), Florinda Bolkan (Olga), Reinhard Kolldehoff (Konstantin von Essenbeck), Albrecht Schönhals (Joachim von Essenbeck).
  • Premios.- Oscar: Nominada a Mejor guión original; Globos de Oro: Nominada nueva promesa masculina (Helmut Berger).

      Apuntes y Curiosidades:

  • imagen-de-la-caida-de-los-diosesEntre el infierno y el limbo, el abismo parece contemplarse como irremediable destino. Esta perspectiva nihilista se apuntala en las variaciones dramatúrgicas que Visconti establece en LA CAÍDA DE LOS DIOSES con respecto a su anverso, Los cuatro jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of Apocalypse, 1962, Vincente Minnelli), una obra que aún creía posible el gesto íntegro. Nos encontramos, en ambas, con una familia formada por un patriarca, el abuelo, y dos herederos de visiones contrapuestas con respecto a la ideología nazi. Y comienzan con una celebración familiar que acaba con la muerte del patriarca. En la de Minnelli, muere de un infarto, durante una tormenta, mientras declama sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis, trasposición de su indignación moral por la afiliación al credo nazi por parte de una rama de su familia. En LA CAÍDA DE LOS DIOSES, el patriarca muere asesinado por Frederick (Dirk Bogarde), arribista que aspira al amor de la viuda del hijo del patriarca, Sophie (Ingrid Thulin), y a ascender en la empresa, y que perderá en el juego por dejar que su codicia supere a su cautela estratégica.
  • En ambas obras destaca un personaje intermedio, frivolo, ajeno a las posiciones morales de bandos opuestos, pero su evolución no puede ser más divergente. En la de Minnelli, Julio (Glenn Ford) es un ‘bon vivant’ que disfruta de los placeres dionisíacos con el vive y deja vivir como enseña. Pero acaba concienciándose de que hay circunstancias extremas en las que es necesario comprometerse. E inclusive, aceptar la noción del sacrificio, porque asumir la muerte implica la apuesta por la vida, aunque sea una paradoja. En LA CAÍDA DE LOS DIOSES, Martin, hijo de Sophie, deriva hacia el extremo opuesto. Su actuación inicial cual Lili Marleen es interrumpida por la noticia de la quema del Reichstag, y Visconti subraya su gesto de contrariada soberbia porque ya no es el centro de atención. Su frivolidad está imbuida con los más repulsivos atributos de degradación moral, la carne sin conciencia ajena al espíritu. Es pederasta, y además de una niña judía que acaba suicidándose, y materializa el incesto con su madre. La rúbrica de su forja como pérfido monstruo será determinar el suicidio de su madre y su nuevo marido, Frederick. El plano final congela su saludo nazi ante sus cadáveres, cuya posición asemeja a la de La Piedad. Ésta, como la integridad no tiene cabida en el infierno.

CCU-Abril-2016-LUCHINO-VISCONTI-727x1024   Fuente: Cuaderno del Cine Club Universitario.

   Si os ha gustado este post os animamos a compartirlo para que el mayor número de personas posible asistan y disfruten hoy de esta película, perteneciente al Ciclo Maestros del Cine Clásico (IX): Luchino Visconti (en el 110 aniversario de su nacimiento), organizado por el Área de Cine y Audiovisual (Cine Club Universitario) de La Madraza. Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias, a las 21:00 horas. Versión original en italiano con subtítulos en español.

   Precio normal de la entrada: 2 €; Precio con carnet del Cineclub: 1,50 €.; Abono 10 sesiones: 9 €.

    ¡Muchas Gracias por leer!

Una Respuesta a “LA CAÍDA DE LOS DIOSES”