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GALLIPOLI (1981)

Área de Cine y Audiovisual /Cine Club

Por La Madraza

Introducción

Hoy, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, el Cineclub Universitario / Aula de Cine  proyecta la película “Gallipoli (1981)“, dentro del ciclo “Maestros del cine contemporáneo (VIII): Peter Weir”, en versión original en inglés con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo.

Gallipoli (1981): Una historia de amistad y un alegato antibelicista

El de Gallipoli es uno de los más (tristemente) célebres episodios de la intervención militar de los ANZAC (fuerzas armadas australianas y neozelandesas) en la Primera Guerra Mundial, aunque su huella histórica efectúa especial hincapié en el hecho “nacional” más que en razones estrictamente bélicas. En cualquier caso, Peter Weir, decidió en 1976 llevar a la gran pantalla una historia de amistad en tiempos de guerra en el marco de aquella sanguinaria batalla. Un bello y fulgurante alegato antibelicista. La película habla permanentemente de la Guerra y sus efectos sobre una generación de muchachos, pero ese leit-motiv temático sólo planea en el metraje: En la película, “la Guerra” es un concepto lejano, percibido por sus protagonistas como una oportunidad, como un deporte, como una aventura; casi como una broma, que dejará de serlo para transitar hacia la injusticia y el horror en la sanguinaria ratonera de las trincheras. El espectador asiste al sinsentido de la estrategia militar basada en el despilfarro de vidas humanas, pero sobre todo al precio que, en el campo de batalla, se pagó por causa de las inevitables confusiones y empecinamientos de los burócratas.

El gancho de la narración se basa en la caracterización de los dos protagonistas como extraordinarios atletas, cuya capacidad para correr es el hilo que enhebra su amistad, la razón por la que logran unirse en la misma compañía y, al final, la virtud humana que no les impedirá perecer bajo un fuego demasiado fácil.

Gallipoli (1981): Un viaje físico y existencial

Weir concibe el trazado argumental como un viaje, un tránsito para sus protagonistas, tanto en su sentido físico como existencial. Con las escenas bélicas concentradas en el último tercio del metraje, Gallipoli es, fundamentalmente, un film de aventuras dividido en varias etapas que marcan tanto la forja de la amistad entre Archy y Frank como su transformación moral y su obligada maduración. Ni es casual que los dos amigos sean velocistas ni que, ya en la escena de arranque, el primero de ellos aparezca corriendo por las llanuras australianas: Nunca dejará de hacerlo, ni siquiera en el clímax del largometraje. Los personajes siempre están en movimiento, ya sea compitiendo, ya sea desplazándose en busca de hazañas, lo que define bien su energía adolescente, su espíritu indomable y soñador. Una visión romántica de sus vidas que Weir visualiza filtrándola a través de esa sensibilidad hacia lo fantástico para rehuir del realismo puro, enriqueciendo su propia narración a través de esos apartes oníricos.

Fuente: Cuaderno del Cineclub Universitario / Aula de Cine.

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