La caja de las sorpresas (1966). El cuestionamiento de los tópicos británicos en clave de humor

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

La caja de las sorpresas es una comedia victoriana que rápidamente se convierte en farsa, y es tan británica que tuvo muy buena acogida en la mayoría de países excepto en Gran Bretaña, donde fue un enorme fracaso. Supongo que se debió a que nos muestra exactamente como todo el mundo nos ve -tan excéntricos, simpáticos y correctos-, pero los británicos saben mejor que nadie que no son ninguna de esas cosas y ello les desazona.

Michael Caine

Presentación

El martes, 5 de mayo de 2018, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, el Cineclub Universitario / Aula de Cine proyecta La caja de las sorpresas (1966). Película del ciclo Un rostro en la pantalla (V): Michael Caine (1ª parte: los años 60), en versión original con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo.

Nadie como los británicos para reírse de los británicos

Resulta difícil no considerar a la caja de las sorpresas una producción de genuino sabor británico. Porque no hay nadie como los británicos para reírse de los británicos. Enfundada en una apariencia de comedia victoriana, es una farsa absurda que, en lo que a la sociedad inglesa se refiere, no deja títere con cabeza. Si los Angry Young Men del Free Cinema atentaban contra las convicciones cinematográficas, sociales y culturales de un Imperio en ruinas con la verosimilitud descarnada a modo de granada de mano, la caja de las sorpresas despelleja estos mismos principios aunque empleando métodos propios de la tortura china, como la pluma y las cosquillas. Hasta que la víctima, literalmente, se troncha de risa. Todos los tópicos nacionales se encuentran ahí, confundidos entre los personajes y las situaciones que propone el argumento: El pudoroso y puritano recato decimonónimo, el engolamiento teatral de los romances victorianos de la gran pantalla, el clasismo social idiosincrático, los desvalidos huérfanos dickensianos, la cordialidad de la campiña, la pomposa pedantería del académico y hombre de mundo británico, la legendaria tradición local de los estranguladores, destripadores y demás asesinos en serie.

Hija de su tiempo

La disolución del otrora glorioso Imperio británico -dueño de las tres cuartas partes del mundo-, la destrucción material y moral producto de la Segunda Guerra Mundial, la miseria aparejada a los desequilibrios sociales del país, la falta de certeza acerca del futuro y los profundos cambio sociales en curso traían a las islas vientos de desilusión y escepticismo. A su vez, Bryan Forbes, el director de La caja de las sorpresas, demostraría a lo largo de su carrera una admirable independencia de pensamiento y una notable conciencia crítica hacia su entorno. La caja de las sorpresas es hija de su tiempo y se nota. El filme prolonga esa tradición humorística británica que conecta con algunas películas de la factoría Ealing al mismo tiempo que la bulliciosa revolución juvenil, estética, cultural y social del Londres de los sesenta se plasma en la ruptura de cualquier norma preestablecida, como sucede con una sociedad occidental que se acercaba a la revolución de los ideales y el amor libre.

En todo caso, es el acercamiento tremendamente irrespetuoso a un asunto tan serio y grave como la muerte la principal baza humorística de la caja de las sorpresas, esa caja errónea a la que alude el epígrafe es nada menos que un ataúd.

Cierre

La narración deja a su paso perlas cuya osadía y brutalidad sin cortapisas todavía son capaces de despertar sonoras carcajadas. Este gozoso puñado de risas queda finamente engarzado a través de una trama que entremezcla una delirante intriga acerca de una tontina –rifa que se resuelve con la muerte de todos los participantes en ella menos uno- y los enredos amorosos entre Michael Caine, por entonces emergente actor a quien Forbes había conocido en el restaurante ‘Pickwick’ -uno de los locales de moda en aquella época-, y Nanette Newman, esposa del director, una belleza de pestañas kilométricas y desmesurados ojos almendrados.

Fuente: Cuaderno del Cineclub Universitario / Aula de Cine.

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